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Ayuda menguante enlentece desarrollo de Sri Lanka

Bajo el barniz del desarrollo, que se refleja en este moderno tren, la zona que fue escenario de la guerra en Sri Lanka está sumida en la pobreza, la deuda y el desempleo. Crédito: Amantha Perera/IPS.

Bajo el barniz del desarrollo, que se refleja en este moderno tren, la zona que fue escenario de la guerra en Sri Lanka está sumida en la pobreza, la deuda y el desempleo. Crédito: Amantha Perera/IPS.

KILINOCHCHI, Sri Lanka, 8 nov 2013 (IPS) - Cuando, a mediados de septiembre, los primeros trenes en casi dos décadas y media empezaron a funcionar en esta localidad de Sri Lanka devastada por la guerra, Sinngamuththu Jesudasan no pudo resistir la tentación y fue a echar un vistazo… o varios.

Este hombre de 62 años no veía un ferrocarril en las vías de Kilinochchi desde fines de los años 80. “De repente pararon”, dijo Jesudasan a IPS, mientras, inmóvil, miraba el moderno tren azul que se desplazaba velozmente rumbo a la ciudad.

No estaba solo. El desplazamiento de los primeros trenes por Kilinochchi, tras declarar  el presidente Mahinda Rajapaksa la reapertura de sus vías férreas, atrajo a decenas de pobladores, deseosos de ver cómo aceleraban por la línea norte.

Los padres llevaban a sus hijos pequeños en bicicletas para que viesen de cerca los vagones y, durante los primeros días, los escolares hacían fila en la remodelada estación de Kilinochchi, destino final de los ferrocarriles de esa línea, para poder subir a los compartimentos.

“Es impactante, ¿no?”, dijo Jesudasan mientras miraba pasar el tren.

En efecto, lo era. La vía férrea del norte es parte de una multimillonaria obra de infraestructura emprendida por el gobierno. Según el Banco Central, desde que terminó la guerra, en mayo de 2009, se gastaron más de 3.000 millones de dólares en desarrollar las infraestructuras en esta región del país.

Los cambios son visibles para todos. La carretera A9, que atraviesa la provincia del Norte, es una autopista de seis carriles, muy distinta a la sucia y congestionada vía, repleta de baches, que comunicó el área durante casi tres décadas. También hay nuevos hospitales, nuevos sistemas de distribución eléctrica y nuevos bancos.

Dos estudios de la Organización de las Naciones Unidas, uno de la oficina del alto comisionado para los Refugiados (Acnur) y otro de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), concluidos en junio, también hallaron un impactante avance en antiguas zonas de guerra, especialmente en obras de infraestructura.

De modo similar se expresó la alta comisionada para los Derechos Humanos, Navy Pillay, poco después de recorrer la región en agosto.

Pero si se rasca un poco bajo el barniz del desarrollo, asoman problemas de desempleo, pobreza, inseguridad alimentaria y endeudamiento masivo. Hay nuevas carreteras, pero con ellas no ha llegado nueva riqueza.

Más allá de la impresionante inversión en desarrollo durante los últimos tres años, este país insular asiático batalla por aprovechar el financiamiento internacional de donantes para las tareas humanitarias en zonas que otrora fueron escenario bélico.

Desde 2010, tres llamados sucesivos para realizar obras en la región han incurrido en un déficit colectivo de 430 millones de dólares. La ONU realizó una nueva evaluación sobre las necesidades para el área, y  es probable que el próximo llamado se divulgue durante el primer trimestre de 2014, dijeron funcionarios de la OCHA en Colombo.

“La era de la asistencia barata se terminó. Al gobierno le resultará cada vez más difícil buscar ayuda al desarrollo a precios preferenciales”, dijo Anushka Wijesinha, economista investigador en el Instituto de Estudios Políticos de Sri Lanka.

En parte, se culpó al progreso económico del país por el enlentecimiento de la ayuda. A comienzos de 2012, el Banco Mundial calificó a Sri Lanka como un país de ingresos medios bajos, lo que en la práctica limitó su acceso a financiamiento barato.

El estatus de ingreso medio afecta directamente los aportes de los donantes con vistas a la reconstrucción de posguerra, así como la rehabilitación y otros tipos de asistencia humanitaria, señaló el informe de la OCHA que todavía no está a disposición del público.

También destaca que en esta isla hay regiones que padecen pobreza extrema. Una de las zonas más vulnerables es el norte, que quedó devastado por la guerra.

El relevamiento de Acnur, que entrevistó a 917 de las 138.651 familias que volvieron a los seis distritos norteños desde que terminó el conflicto, concluyó que apenas nueve por ciento de ellas tenían ingresos regulares.

Alrededor de 55 por ciento de los consultados dijeron que sus ingresos se basaban en trabajos irregulares, y 43 por ciento de las familias ganaban unos míseros 38 dólares al mes, menos de una sexta parte del ingreso nacional mensual promedio.

Y la deuda parece ser rampante: 52 por ciento de los consultados reportan un endeudamiento global de su hogar de 50.000 rupias (380 dólares) o menos, y 47 por ciento mencionan que esa deuda es de 100.000 rupias (760 dólares) o más, según el estudio.

Expertos sostienen que el hecho de que el financiamiento se haya enlentecido deposita la responsabilidad en el gobierno, para que asuma la tarea de la ayuda humanitaria que falta.

“La cuestión de la asistencia es, definitivamente, uno de los problemas dominantes actuales para abordar el problema de los desplazados”, dijo Mirak Raheem, autor de una investigación sobre los desplazados de la prolongada guerra de Sri Lanka.

“El apoyo financiero de los donantes ha jugado un rol crucial en el trabajo humanitario, y ahora le corresponderá al gobierno superar esa brecha”, añadió.

Chandana Kularatne, economista del Banco Mundial en Washington, dijo a IPS que primero el gobierno debería usar las enormes inversiones en infraestructura para fomentar el crecimiento en la región y crear conexiones en materia de transporte.

“Se espera que proyectos como la construcción de carreteras mejoren la conectividad y, por lo tanto, la actividad económica”, señaló.

Atraer a nuevos inversores funcionará como un gran estímulo para los dos principales generadores de ingresos en la región: la agricultura y la pesca. Alrededor de 90 por ciento de los ingresos de la población están vinculados a esos dos sectores, y 50 por ciento de la producción económica de las provincias también.

Wijesinha dijo que el gobierno debería ser mucho más astuto con el gasto en desarrollo, y también analizar maneras de expandir los ingresos fiscales, para que se pueda generar más fondos dentro de la isla.

Según el estudio de la OCHA, las cosas deberían cambiar en relación a los últimos tres años, cuando hubo una separación bien diferenciada entre las tareas de desarrollo y las humanitarias, en que el gobierno asumió la mayor parte de las primeras y las agencias de socorro lideraron en las segundas.

Se debería abordar las necesidades humanitarias conjuntamente con la ayuda al desarrollo, plantea el reporte.

Pero antes de todo eso, debería haber suficientes fondos para llevar a cabo la tarea, algo que hasta ahora ha faltado.

 

 

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