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Brasil en rumbo de revolución energética

Brasil será protagonista de grandes cambios energéticos en las siguientes dos décadas, en gran medida por la explotación de sus fabulosos yacimientos de crudo en aguas profundas, señala el último informe de la Agencia Internacional de Energía.

Las grandes centrales hidroeléctricas que planifica Brasil, como la de Santo Antônio, son solo uno de los componentes de la revolución energética que protagonizará este país en las próximas décadas. Crédito: Mario Osava/IPS.

Las grandes centrales hidroeléctricas que planifica Brasil, como la de Santo Antônio, son solo uno de los componentes de la revolución energética que protagonizará este país en las próximas décadas. Crédito: Mario Osava/IPS.

VARSOVIA, 15 nov 2013 (IPS) - El consumo y la producción de energía están viviendo transformaciones radicales, pero el clima del planeta sigue enrumbado a un aumento de temperatura de 3,6 grados, asevera un informe divulgado durante la conferencia sobre cambio climático de la ONU, en la capital de Polonia.

Brasil desempeñará un rol crucial para calmar la creciente sed de petróleo de los países en desarrollo, plantea la edición 2013 de las “Perspectivas de la energía en el mundo”, elaborada por la Agencia Internacional de Energía (AIE). La proyección llega hasta 2035 y establece que, para entonces, el grueso del crecimiento del consumo de crudo y gas se mudará a India y a los países del sudeste asiático y de Medio Oriente.

Aunque las fuentes de energía renovables y nuclear, que emiten baja cantidad de dióxido de carbono (CO2), abastecerán alrededor de 40 por ciento del crecimiento de la demanda mundial en 2035, las emisiones de CO2 del sector energético serán 20 por ciento más altas. Y esto presumiendo que los países cumplirán con todos sus compromisos de reducción para 2020. Canadá, por ejemplo, no lo logrará.

Es necesario que las emisiones lleguen a su pico en 2020 y a partir de allí se reduzcan para que sea posible mantener el aumento de la temperatura planetaria en menos de dos grados, según el Informe Gap 2013, divulgado el 5 de este mes por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

“Si permanecemos en el rumbo actual, no nos acercaremos al objetivo de limitar el aumento a dos grados”, dijo Maria van der Hoeven, directora ejecutiva de la AIE, en un comunicado publicado el martes 12 en el marco de la 19 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 19), que se extenderá hasta el 22 de este mes en Varsovia.

Los subsidios a los combustibles fósiles, cuyo costo global llegó en 2012 a 544.000 millones de dólares, son el principal estímulo para cruzar el umbral de los dos grados.

Estas subvenciones gubernamentales mantienen los precios artificialmente bajos y socavan los logros en reducción del consumo por mayor eficiencia y en adopción de fuentes renovables, señala el informe de la AIE.

“En Bolivia, el diésel (gasóleo), la gasolina y el gas natural están fuertemente subsidiados, así que es casi imposible trabajar con fuentes renovables”, dijo Dirk Hoffmann, director del Instituto Boliviano de la Montaña en La Paz, Bolivia.

“El transporte también está muy orientado hacia los automóviles individuales, y los números van rápidamente en aumento”, señaló Hoffmann a Tierramérica.

El informe de la AIE dedica una sección especial a Brasil, pues estima que se convertirá en una superpotencia energética mundial. Sus enormes yacimientos submarinos de petróleo y gas en aguas profundas aportarán un tercio del crecimiento de la oferta mundial de crudo para 2035, y el país se convertirá en el sexto mayor productor mundial.

La demanda primaria de energía crecerá 80 por ciento, y el consumo eléctrico se duplicará a instancias de una clase media mucho más grande. La clave para sostener este desarrollo será la capacidad del país para obtener grandes inversiones, de unos 90.000 millones de dólares por año.

Así y todo, la huella de carbono de Brasil seguirá siendo baja. Actualmente, 43 por ciento de su energía procede de fuentes renovables, principalmente la hidráulica, seguida de biomasa y agrocombustibles.

El gigante sudamericano también experimentará gran crecimiento en agrocombustibles y energía eólica.

El Plan Decenal de Expansión de Energía prioriza la hidroelectricidad, la energía eólica y la biomasa. Se espera que para 2020, la expansión de estos sectores reduzca las emisiones proyectadas en 234 millones de toneladas de CO2, dijo a Tierramérica una fuente del gobierno brasileño.

“Combinadas, las centrales eólicas, las térmicas a biomasa y las pequeñas hidroeléctricas duplicarán su participación de ocho a 16 por ciento”, agregó.

América Latina podría funcionar con 100 por ciento de energía renovable, según varios estudios, incluyendo la exhaustiva Global Energy Assessment 2012. Para 2050, las fuentes renovables podrán satisfacer entre 60 por ciento y 100 por ciento de las necesidades energéticas de la región, sostiene ese informe.

Sin embargo, si se excluyen las grandes centrales hidroeléctricas, menos de 10 por ciento de la energía en América del Sur se obtiene de fuentes renovables.

Aunque casi todos los países dicen querer desarrollar las fuentes limpias, los subsidios a los combustibles fósiles distorsionan el mercado, según un análisis comparativo de las condiciones institucionales y técnicas relevantes para la integración de la energía renovable en América del Sur.

El estudio fue elaborado por expertos de Alemania, Chile, Brasil y Bolivia, y señala que estos subsidios son mucho mayores que los incentivos o los beneficios impositivos diseñados para alentar el desarrollo de fuentes renovables.

Otra dificultad es la atracción de inversiones, sobre todo extranjeras, para las fuentes renovables. Se requieren mejores regulaciones e incentivos para responder a las cambiantes condiciones del mercado global, señala el informe.

Se espera que el tratado sobre cambio climático que la comunidad internacional debe adoptar a partir de 2015 acelere el proceso sudamericano hacia una matriz energética más verde, limpia y diversificada. Factores domésticos, como los costos e impactos crecientes de los combustibles fósiles, pueden elevar el interés en un modelo energético bajo en carbono, concluye el informe.

 

 
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