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Economía limpia al rescate del mayor humedal caribeño

El grupo infantil El Bosque interpreta un canto a favor de la Ciénaga de Zapata, que Cuba aspira a que sea declarado Patrimonio natural de la Humanidad.  Crédito: Jorge Luis Baños /IPS

El grupo infantil El Bosque interpreta un canto a favor de la Ciénaga de Zapata, que Cuba aspira a que sea declarado Patrimonio natural de la Humanidad. Crédito: Jorge Luis Baños /IPS

CIÉNAGA DE ZAPATA, Cuba, 25 nov 2013 (IPS) - Las 18 comunidades de la cubana Ciénaga de Zapata, el mayor humedal del Caribe insular, han vivido tiznadas de carbón y sobrevivido de la abundante caza y pesca. Pero eso ya no es posible en tiempos de cambio climático. 

Años atrás era impensable que los hombres y las mujeres de esta Reserva de la Biosfera, en el occidente de Cuba, dejaran de explotar el bosque para elaborar carbón vegetal, extraer maderas preciosas o cazar cocodrilos y venados.

“Antes éramos depredadores de flora y fauna”, aseguró a IPS uno de sus pobladores,  Mario Roque, de la localidad Batey Caletón, unos 200 kilómetros al sureste de La Habana. “Fui hasta pescador furtivo. Pero aprendí a mejorar mi economía afectando menos la naturaleza”, confesó.

De manera espontánea, emprendedores de este territorio pantanoso, como Roque, exploran iniciativas limpias de ecoturismo, cría de animales y pequeños huertos, poco usuales en este lugar de cazadores, pescadores y recolectores.

“Mayito”, como le llaman todos, dedica cuatro habitaciones de su vivienda para hospedar turistas, desde que en 2010 el gobierno comunista cubano amplió las actividades privadas permitidas.

Como él, una larga fila de pobladores de Playa Girón, Playa Larga, Caletón y otros lugares costeros del humedal colgaron carteles de “Rooms for rent” o “Se rentan habitaciones” en sus viviendas.

Apenas 9.300 personas habitan en los 4. 322 kilómetros cuadrados de Ciénaga de Zapata, el municipio más despoblado del país. Sus riquezas están en los extensos bosques, pantanos que cubren 1.670 kilómetros cuadrados, y más de 165 especies migratorias y autóctonas, como el cocodrilo cubano (Crocodylus rhombifer).

En 2000, la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) declaró al humedal, que ocupa toda la península de Zapata y sus zonas aledañas, como Reserva de la Biósfera. Un año después la Convención sobre Humedales, conocida como Ramsar, lo incluyó en su lista de aquellos con valor internacional.

“El turismo que viene aquí ama la naturaleza y se siente a gusto cuando ve que nosotros lo hacemos también”, dijo Roque, que sirve a sus huéspedes pez león (Pterois antennata), una especie exótica invasora que daña el ecosistema marino de la península. “Cada día tengo que ir más profundo para encontrar uno”, exclamó con orgullo.

El hostal se abastece de huevos de gallina, conejos, condimentos, plantas medicinales y vegetales que produce en su huerta ecológica. En la azotea tiene un calentador solar de agua, fabricado con botellas plásticas y latas recicladas. “Ahorro 500 pesos (20 dólares) mensuales desde que lo instalé”, reveló.

Sin proponérselo y casi sin saberlo, Roque incorporó a su negocio medidas de adaptación al sobrecalentamiento global. Este fenómeno podría elevar 85 centímetros el nivel del mar para 2050 en el área, afectando entre 60 y 80 por ciento del territorio cenaguero, según el geógrafo Ángel Alfonso.

Los humedales cubren 9,3 por ciento de la superficie cubana y son entornos tan vulnerables como cruciales para mitigar y enfrentar los pronósticos de la elevación de las temperaturas, intrusión marina y eventos súper extremos, explicó a IPS. 

“Resguardan la vida tierra adentro”, subrayó, porque filtran y purifican las aguas contaminadas y son barreras costeras para las marejadas, huracanes y la salinización del agua dulce. De ellos depende alrededor de 25 por ciento de la productividad neta de los ecosistemas cubanos y más de 40 por ciento de los servicios ambientales.

La Ciénaga de Zapata, en la provincia de Matanzas, tiene puntos débiles para enfrentar su futuro, aunque sea el humedal mejor conservado de las islas caribeñas, dijo Alfonso. Sus cuencas de aguas superficiales y subterráneas se han salinizado, sus paisajes se fragmentaron y persisten desbalances en el funcionamiento ecológico.

Tampoco se eliminó totalmente la tala, caza y pesca furtiva de especies protegidas, como el cocodrilo cubano, en peligro de extinción, ni los hornos de carbón vegetal en lugares vedados y con base en maderas prohibidas como el mangle.

“Cuando se bordea la costa en barco, se ven cazadores de cocodrilos y los hornos de carbón en el bosque”, contó a IPS un biólogo, bajo anonimato.

Leyaní Caballero, de la delegación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente en el humedal, explicó que “existen leyes y regulaciones que protegen estos recursos, pero no siempre se cumplen. Algunas personas las violan por desconocimiento o porque es la manera que conocen para satisfacer sus necesidades”.

“Falta crear mecanismos de manejo, para que los pobladores de la reserva se beneficien sin ánimo de lucro del bosque”, afirmó, y tampoco existe “un plan de desarrollo integral sostenible, en correspondencia con las estrategias generales del país”.

Esos y otros problemas salieron a relucir en los talleres del proyecto “Transformación para el desarrollo local en pequeños grupos comunitarios de la Ciénaga de Zapata”, dedicado a capacitar a líderes locales. El año pasado adiestró a 20 y este a 27, que en su mayoría ya tenían emprendimientos amigables con la naturaleza.

“Tratamos de guiar un poco a las personas a un mejor desarrollo”, dijo a IPS uno de esos líderes, Antonio Gutiérrez, que combina el trabajo de carpintería con la cría y venta de aves como la cacatúa.

Este obrero participa en el proyecto para sumar más gente a esa actividad económica, “que crea conciencia sobre el cuidado de las aves”.

Una vez al mes se reúnen artesanas, criadores de animales para el consumo familiar, promotores de ecoturismo, productores agroecológicos y de plantas ornamentales, unidos por aspiraciones de mejora para ellos y sus comunidades.

Juntos diagnostican los problemas y aprenden sobre temas como liderazgo y mercadeo para buscar soluciones a su alcance.

“No tenemos que esperar a que traigan toda la comida de otros territorios”, opinó Aliuska Labrada, una trabajadora en el hogar que completa la dieta de su familia con yucas (mandiocas), calabazas, guayabas, mangos y otros alimentos cultivados en el suelo pedregoso y salino de su huerto, en Cayo Ramona.

En un país donde hay 5.688 cooperativas, uno de los mayores resultados del proyecto hasta ahora fue ayudar a crear el primer proyecto colectivo agrícola del municipio, resaltó Caballero.

La iniciativa fue apoyada por la delegación ambiental local, con apoyo de la Fundación Nicolás Guillén y la organización no gubernamental suiza Zunzún.

Para mejorar la protección del humedal, el gobierno cubano lo inscribió en 2003 para que sea reconocido por la Unesco como Patrimonio Natural de la Humanidad.

 

 
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