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El Chile de las desigualdades ante la elección del no va más

Don Alejandro, un pequeño comerciante de víveres, espera como la mayoría de los chilenos que el próximo gobierno ponga límites a las desigualdades sociales. Crédito: Marianela Jarroud/IPS

Don Alejandro, un pequeño comerciante de víveres, espera como la mayoría de los chilenos que el próximo gobierno ponga límites a las desigualdades sociales. Crédito: Marianela Jarroud/IPS

SANTIAGO, 13 nov 2013 (IPS) - Chile afrontará el domingo 17 sus sextas elecciones generales desde el retorno a la democracia, con el desafío de encontrar una salida a la crisis de representatividad que emergió en 2011, producto de su desigual distribución de la riqueza y del poder.

Según el Centro de Estudios Públicos, la expresidenta socialista Michelle Bachelet (2006-2010) ganaría su retorno al poder en esta primera vuelta, con más de 30 puntos porcentuales sobre Evelyn Matthei, representante de la derecha gobernante.

Bachelet necesita la mitad más uno de los votos para evitar una segunda vuelta, algo que solo sucedió en 1993, desde el comienzo del actual ciclo democrático en 1990.

Pero el sondeo también identificó una alta tendencia a la abstención, al igual que el Informe Latinobarómetro 2013, que constató “una crítica muy fuerte al sistema” en Chile debido a que la prosperidad económica de los últimos 20 años “se ha producido para algunos, pero la mayoría se siente rezagada”.

Según el Banco Mundial, el ingreso por persona en Chile es de 21.500 dólares anuales, por lo que una familia de cuatro personas debería recibir en promedio 86.000 dólares por año.

Pero en este país sudamericano de 17 millones de habitantes, dos de cada tres hogares viven con menos de 1.200 dólares al mes y altamente endeudados, según la Fundación Sol, especializada en temas laborales y sociales.

Además, la mitad de los trabajadores ganan menos de 500 dólares mensuales.

En contraste, las 4.500 familias más ricas tienen un ingreso mensual de más de 40.000 dólares.

La pobreza se mide por la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional, que estimó un índice de 14,5 por ciento en su última evaluación, de 2011.

Para establecer a este grupo, Chile utiliza un enfoque unidimensional en el que mide solo  el aspecto monetario de la pobreza. Se es pobre si se vive en un sector urbano y se gana menos de 144 dólares al mes, o si se reside en una zona rural y se percibe menos de 100 dólares mensuales.

Este criterio se fundamenta en la canasta básica de alimentos, construida en 1987 con productos que ya no consumen los chilenos, como el aceite comestible suelto.

Los expertos coinciden en que si se actualizase la metodología, la medición de pobreza podría dispararse a 28 por ciento.

Eso explica las raíces del descontento que mantiene a Chile con un alto nivel de movilización desde 2011 y que amenaza con poner en jaque al gobierno que asuma en marzo de 2014, si no materializa cambios profundos que la ciudadanía exige. 

El economista Gonzalo Durán, de la Fundación Sol, explicó a IPS que “muchos indicadores muestran al país con una fachada muy atractiva, que más bien responden al acceso, el cual si bien es una condición necesaria para decir que Chile avanza hacia el desarrollo, no es una condición suficiente”.

La desigualdad, enfatizó, es “tan profunda que las personas que pertenecen al cinco por ciento de los hogares más pobres poseen una brecha por persona que llega a 270 veces respecto a quienes pertenecen al cinco por ciento más rico”.

“Hablamos de una brecha que se duplicó entre 1990 y 2011 y, por lo tanto, según este indicador, la desigualdad en Chile ha aumentado en 100 por ciento en los últimos 20 años”, precisó.

Durán citó un estudio de la Universidad de Chile que revela que el uno por ciento más rico acumula 30 por ciento de los ingresos totales del país, un grado de concentración inédito que supera incluso al de Estados Unidos, cercano a 22 por ciento.

El sociólogo Alberto Mayol explicó a IPS que “la pobreza, efectivamente, es un tema muy urgente, pero la desigualdad es un tema que no se parece al de la pobreza, y en Chile nunca se ha abordado desde la política pública”.

Las sociedades, precisó, suelen tener un porcentaje no menor de la población que queda fuera de los beneficios y que debe vivir la parte dura de su modelo social.

“Ese porcentaje suele bordear 30 por ciento, pero en Chile, por ejemplo, la condición de trabajo precario es de 60 por ciento”, explicó.

La ciudadanía chilena, poco conocedora de esas cifras duras, vive con ellas día a día. A muchos no les alcanza para comer y millones deben endeudarse para adquirir alimentos en los mercados.

Don Alejandro y la señora Juanita, un matrimonio con un pequeño almacén de víveres en la zona sur de Santiago, fruto de muchas luchas, esperan que el próximo gobierno atienda, finalmente, las necesidades de gente como ellos.

Con mucho sacrificio lograron dar a sus dos hijos estudios superiores. Una vive aún con ellos y al otro le ayudan cuando tiene dificultades. “Los dos fueron a la universidad con nuestra sangre sudor y lágrimas”, dijo don Alejandro emocionado.

“Me da lo mismo quien gobierne, el trabajo es mi gobierno”, afirmó después, aunque después el hombre, de 62 años, aseguró que “hay que salir a la calle a protestar” pues “ese es el valor de la democracia y hay mucho porqué hacerlo”.

A su esposa, de 56 años, sí le importa mucho que la derecha no gobierne, porque cuando lo hacen “siguen mandando los ricos y las clases media y baja seguimos hundiéndonos más”.

Mayol apunta que Chile llega a esta elección “con un ciclo de impugnación agudo que terminó por objetar las condiciones valorativas, culturales, fundamentales de este modelo de sociedad”.

Haber elegido como actual presidente al millonario empresario Sebastián Piñera “fue el triunfo cultural del lucro como forma de sociabilidad, como mecanismo político”. Pero al final de su cuatrienio “el lucro es Satanás en Chile”, aseveró.

Para el especialista, existe una “crisis de legitimidad del modelo económico, político e institucional”, y “la legitimidad en la política es como el aceite del motor, te evita el roce”.

El fenómeno de Bachelet es “excéntrico”, porque es una figura totalmente “despolitizada”, que hace de la elección “un trámite”, opinó.

Pero una vez que Bachelet gane, de cumplirse los pronósticos, deberá defender su nueva coalición, Nueva Mayoría, que representa “la confluencia con los movimientos sociales de la antigua Concertación”, que rigió el país entre 1990 y 2010, dijo Mayol.

Para eso, Bachelet deberá gobernar con protagonistas del movimiento social, como la comunista Camila Vallejo o el independiente Giorgio Jackson, exlíderes estudiantiles con altas probabilidades de ingresar al parlamento.

El domingo se elegirán también los 120 diputados y 20 de los 38 senadores del bicameral Congreso. Además, serán escogidos por primera vez en las urnas los consejeros regionales, llamados a establecer un vínculo entre los ciudadanos y los gobiernos.

Bachelet debería concretar sus grandes promesas: gratuidad universal para la educación superior en un plazo máximo de seis años, una reforma tributaria que permita financiarla y, lo más anhelado, la reforma a la Constitución del extinto dictador Augusto Pinochet (1973-1990), que aún sigue regulando el Estado y la sociedad chilena.

 

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