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Enfermos mentales mueren a manos de la policía en EEUU

Kayla Moore, en la foto con su sobrina, sufrió una crisis de salud mental y murió bajo custodia policial. Su hermana, Maria Moore, la recuerda en una conmemoración de su cumpleaños. Crédito: Doug Oakley/IPS

Kayla Moore, en la foto con su sobrina, sufrió una crisis de salud mental y murió bajo custodia policial. Su hermana, Maria Moore, la recuerda en una conmemoración de su cumpleaños. Crédito: Doug Oakley/IPS

BERKELEY, Estados Unidos, 28 nov 2013 (IPS) - Al menos la mitad de las entre 375 y 500 personas que mueren cada año a manos de la policía en Estados Unidos padecen una enfermedad mental, según una investigación de los diarios Portland Press Herald y Maine Sunday Telegram. Uno de esos casos es el de Kayla Xavier Moore, quien sufría esquizofrenia paranoide.

Poco antes de la medianoche del 12 de febrero, el compañero de piso de Kayla Moore llamó al 911, el número de emergencias que en este país remite a la policía, los bomberos o los servicios de salud. Moore, de 41 años, no había tomado sus medicamentos y estaba muy agitada.

Su compañero pensaba que la llevarían a un hospital psiquiátrico, la estabilizarían con la medicación y la devolverían a su casa en 72 horas, como era habitual.

Pero eso no fue lo que sucedió. La policía de la occidental ciudad de Berkeley descubrió que Moore tenía una orden de arresto pendiente y decidieron detenerla. Cuando los agentes intentaron esposarla, Moore, quien también era afroestadounidense y transgénero, se resistió y murió.

"De repente, personas invisibles en el apartamento comenzaban a perseguirla y ella se veía obligada a mudarse otra vez" -- Elysee Paige-Moore, madrastra de Kayla.

El forense dictaminó que su fallecimiento se debió a obesidad, consumo de drogas y enfermedad cardiovascular, pero la familia de Moore acusa a la policía.

Moore no protagonizó un disturbio ni representaba peligro alguno, dijo su hermana Maria Moore a representantes de esta comunidad del estado de California en una reunión sobre el incidente.

“Cuando usted pone sus manos sobre alguien que es esquizofrénica paranoide, que no confía en la policía, esa persona va a resistirse”, explicó. “Si (la policía) se hubiera detenido por un minuto… a escuchar y enterarse de la situación, Kayla estaría viva”.

“Siempre fue un niño feliz”

Arthur Moore recuerda el día en que trajo a su primogénito a casa desde el hospital y la alegría que Xavier trajo a la familia. (Este artículo se refiere a Xavier, en su infancia, con el género masculino y a Kayla, de adulta, con el femenino).

“Xavier siempre fue un niño feliz. Cualquier cosa a la que se dedicaba, lo hacía con mucha alegría e intensidad”, recordó Arthur Moore en una entrevista en su casa. “Tenía curiosidad por todo.”

Pedidos de ayuda que terminaron mal

El 6 de noviembre en Burlington, en el nororiental estado de Vermont, la madre de Wayne Brunette llamó a la policía y les dijo que su hijo adulto, que tenía un historial de enfermedad mental, estaba actuando de manera irracional.

El jefe de policía dijo al diario Burlington Free Press que cuando los agentes llegaron, Brunette salió “con una pala de mango largo y puntiaguda y avanzó hacia los oficiales de manera amenazante”. Dos minutos más tarde, la policía disparó y mató a Brunette, padre de dos hijos.

En mayo de este año, Else Cruz de New Rochelle, Nueva York llamó al 911 en busca de ayuda médica para su marido, que estaba agitado. Cuando llegó la policía, les dijo que él padecía de esquizofrenia y trastorno bipolar, pero que no estaba armado. Minutos más tarde, el hombre murió tras recibir balazos en el pecho.

El 25 de septiembre de 2012, Mohamed Bah, de 28 años, estudiante en finanzas del Bronx Community College, fue muerto a tiros por la policía de Nueva York en el barrio de Harlem. Como en otros casos, el incidente sucedió luego de que su madre llamara al 911 para pedir asistencia médica, esperando una ambulancia.

A medida que crecía, Xavier se escondió dos veces por períodos prolongados, algo que la familia consideró luego como una señal temprana de su enfermedad.

Ya en su edad adulta, Kayla Moore oía voces inexistentes y muchas veces prefería consumir drogas en lugar de los medicamentos que le recetaban. Conocida por sus amigos y familia como una poeta, talentosa cocinera y excelente imitadora, Moore vivió en refugios, la calle, hoteles baratos, la casa familiar y, finalmente, en un apartamento subsidiado.

Cuando se instalaba en un lugar nuevo, “de repente, personas invisibles en el apartamento comenzaban a perseguirla y ella se veía obligada a mudarse otra vez”, contó Elysee Paige-Moore, madrastra de Kayla.

Los informes policiales indican que en un principio Kayla Moore cooperó con los agentes la noche en que murió, saliendo de su apartamento para hablar con ellos. Pero cuando le dijeron que la llevarían a la cárcel, se precipitó en el interior de su vivienda y exigió una confirmación del Buró Federal de Investigaciones (FBI).

La policía pidió refuerzos para reducir a Moore, de 157 kilos de peso, hasta que la pusieron boca abajo sobre un colchón en el suelo. Varios agentes se colocaron encima de ella para esposarla y atarle los tobillos. Cuando dejó de luchar, la pusieron de lado. Según la policía, en ese momento respiraba, pero pronto dejó de hacerlo y no fue posible revivirla.

Varios policías de Berkeley realizaron un curso de 40 horas en Capacitación para Intervenciones en Casos de Crisis (CIT, por sus siglas en inglés), pero ninguno estuvo presente durante la detención de Moore, y el Equipo Móvil para Crisis, integrado por técnicos en salud mental, ya había terminado sus actividades a las 23 horas.

“Si va a tener una crisis de salud mental en Berkeley, asegúrese de hacerlo en horario de oficina”, advirtió el comisario de Salud Mental de la ciudad, Paul Kealoha, en una reunión comunitaria.

Desactivando el “modo policía”

La CIT se basa en el principio de que las personas que experimentan angustia por salud mental necesitan compasión y tratamiento, no cárcel.

“Las tácticas que nos enseñan en la academia no siempre son las mejores para tratar con alguien en crisis”, reconoce el capitán de la policía de Filadelfia, Fran Healy, en “Un enfoque integrado de apaciguamiento y minimización del uso de la fuerza”, publicado por el Foro Ejecutivo de Investigación Policial.

“Reiteramos a nuestros oficiales que deben desactivar el ‘modo policía’ en estas situaciones… (La CIT) les da a los agentes la conciencia de cuándo tienen que cambiar su enfoque y activar más el ‘modo trabajador social’”, escribe Healy.

Iniciado en Memphis, Tennessee, en 1988, el curso enseña a los agentes cómo reconocer problemas de salud mental, técnicas de apaciguamiento y la forma de “derivar a las personas con enfermedades mentales graves del sistema de justicia penal hacia el sistema de cuidados comunitario”, explicó Jeffrey Shannon, coordinador de CIT de Berkeley.

Sólo ocho por ciento de los policías de Berkeley tienen entrenamiento CIT, aunque Shannon espera que la cifra suba a 20 por ciento. La mayoría de las 2.000 comunidades con estos programas sólo entrenan a una fracción de la fuerza. La ciudad de Portland, en el noroccidental estado de Oregon, entrena a todo el departamento.

La colaboración con la comunidad de salud mental es clave para la capacitación, dijo Laura Usher, directora del programa CIT con la Alianza Nacional de Enfermedad Mental, una de las organizaciones que creó el curso en la ciudad de Memphis.

En una parte del curso, las personas “sólo cuentan sus historias, cómo es tener una enfermedad mental, estar en crisis y qué se siente al estar en recuperación” expresó Usher.

“Los agentes dicen que es la primera vez que ven a alguien con enfermedad mental que no está en crisis”, y se dan cuenta de que son personas como ellos, agregó.

Muchas comunidades tienen Equipos Móviles en Casos de Crisis integrados por profesionales de salud mental que atienden a personas con este tipo de problemas. El equipo de Oakland, en California, trabaja en conjunto con la policía y está disponible entre semana nueve horas al día.

Stephanie Lewis, quien dirige el equipo, explica que cuando la policía recibe una llamada diciendo, por ejemplo, que un ser querido está agitado o gritando, en primer lugar la policía confirma que la situación sea segura, luego los médicos tratan de conectarse con la persona, llamándola por el nombre que prefieran, modulando su tono de voz, y, sobre todo, con respeto.

La colaboración con la policía lleva más de 10 años, explicó George Karabakakis, director de Health Care & Rehabilitation Services, la organización sin fines de lucro que contrata al personal del equipo.

En Berkeley, una coalición liderada por la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP), el grupo de derechos civiles más antiguo de Estados Unidos, reaccionó ante la muerte de Kayla Moore presionando a las autoridades de la ciudad para que implementen equipos de crisis móviles las 24 horas del día y limiten la participación policial en casos de salud mental a las situaciones de peligro.

“Tenemos que darle sentido a la muerte de Kayla”, dijo María Moore. “Tenemos que lograr algún cambio de esto”.

 
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