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Crece en África intolerancia a antirretrovirales

Máquina para el conteo de linfocitos CD4. Crédito: Jennifer McKellar/IPS

Máquina para el conteo de linfocitos CD4. Crédito: Jennifer McKellar/IPS

CIUDAD DEL CABO, 10 dic 2013 (IPS) - Más y más personas con sida en África desarrollan intolerancia a los medicamentos y sufren severos efectos secundarios, por lo cual necesitan terapias antirretrovirales más modernas y costosas.

Científicos en Zimbabwe, Uganda, Nigeria y Malawi afirman que algunos pacientes muestran señales de estar volviéndose intolerantes a los fármacos nevirapina y efavirenz.

Daniel Sibanda, investigador sobre sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) de la Universidad de Zimbabwe, sostiene que, aunque todavía no hay muchos estudios, las últimas investigaciones indican riesgos de toxicidad en algunos pacientes.

“Nuestra investigación concluyó que las pacientes mujeres con alto recuento de células CD4 desarrollaron toxicidad ante la nevirapina”, dijo Sibanda en la 17ª Conferencia Internacional sobre Sida e Infecciones de Transmisión Sexual en África, que se realiza entre el 7 y el 11 de este mes en Ciudad del Cabo.

“Esto significa que deben cambiar a otras combinaciones de medicamentos, pero esas pueden ser alternativas caras”, añadió.

Estos temores surgen justo cuando Zimbabwe comienza a adoptar las nuevas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que instan a los países a iniciar tratamientos con antirretrovirales en los pacientes con cuenta de linfocitos CD4 igual o inferior a 500, esto es, mientras el sistema inmunológico todavía es fuerte.

Antes, la OMS sugería el tratamiento cuando la cuenta era de 350 o menos.

Estas nuevas pautas implican que más zimbabwenses deben recibir antirretrovirales, pasando de 800.000 a más de 1,2 millones, según el Ministerio de Salud y Bienestar Infantil de ese país.

El desafío del Estado, que debe pagar estos costosos tratamientos, es mayor si algunos pacientes necesitan incluso otro tipo de medicamentos.

La nevirapina y el efavirenz “son fármacos de primera línea, y si los pacientes cambian a otros por la toxicidad, es un problema para un país como Zimbabwe porque son caros y no se pueden conseguir gratis”, dijo Sibanda a IPS.

En Malawi, uno de los países con mayor número de personas con VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida), algunos pacientes están sufriendo efectos colaterales por el efavirenz.

Colin Speight, del Hospital Central Kamuzu, en Lilongwe, observó mareos, insomnio y sueños intensos, psicosis, confusión, sarpullidos y marcha anormal.

“El efavirenz fue promocionado en Malawi como la nueva medicina maravillosa, y aunque la mayoría de los pacientes no presentaron efectos colaterales, sí fueron comunes los efectos moderados”, dijo a IPS.

Aunque el número de pacientes que experimentan problemas sigue siendo pequeño, según Speight, no hay muchas alternativas para tratarlos.

“Lo que ahora procuramos en Malawi es encontrar la terapia que mejor funcione para la mayor cantidad de personas posible. Nunca vas a conseguir un fármaco que todos toleren”, señaló.

A comienzos de este año, personas con sida y activistas de Malawi presionaron al gobierno para que proveyera nuevas medicinas.

Una de las opciones es reducir la dosis por paciente, dijo en la conferencia Jackson Mukonzo, investigador ugandés de la Universidad de Makarere, en Kampala.

Pero Tandakha Dieye, del Departamento de Inmunología de la Universidad de Dakar, sostuvo que los trabajadores de la salud y los pacientes debían sopesar la cuestión de la toxicidad y la capacidad de los medicamentos para prolongar la vida del enfermo.

“La toxicidad no siempre aparece al inicio del tratamiento. Puede tardar mucho en desarrollarse, a veces aparece 20 años después”, dijo Dieye a IPS.

“Los beneficios son mayores que los riesgos… Debemos encontrar un equilibrio entre la toxicidad y el beneficio de los fármacos”, añadió.

En un continente en el que muchas personas con VIH no acceden a antirretrovirales con los que podrían prolongar sus vidas, el problema de la intolerancia pone en jaque los programas para controlar la epidemia.

Por tanto, los científicos llaman a realizar más investigaciones sobre las causas y el alcance de este fenómeno. Investigadores, trabajadores de la salud y autoridades podrán entonces diseñar iniciativas para afrontar este problema.

 
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