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Energía nuclear, marginal pero estratégica para Brasil

Vista del reactor nuclear Angra 2, emplazado en una "ratonera" entre las montañas y el mar. Crédito: Fabíola Ortiz/IPS

Vista del reactor nuclear Angra 2, emplazado en una "ratonera" entre las montañas y el mar. Crédito: Fabíola Ortiz/IPS

ANGRA DOS REIS, Brasil, 16 dic 2013 (IPS) - Brasil insiste en desarrollar la energía nuclear pese a sus costos y a que su aporte a la matriz eléctrica nacional siempre será marginal.

“El sistema eléctrico necesita de una contribución térmica y esta es la más limpia y segura”, dijo a IPS el presidente de Eletrobras Eletronuclear, Othon Luiz Pinheiro da Silva.

“Sería una decisión errada descartarla”, agregó este hombre que dirige la empresa pública encargada de construir y operar los reactores.

La generación termonuclear aporta tres por ciento de la oferta eléctrica. Pero el propio Pinheiro da Silva reconoce que su contribución no deberá crecer mucho más allá de cuatro por ciento, pues si bien la demanda aumenta, el desarrollo hidroeléctrico y las contribuciones de otras fuentes renovables seguirán expandiendo la matriz energética.

Angra dos Reis, en la región de Costa Verde, sobre el océano Atlántico y unos 160 kilómetros al oeste de Río de Janeiro, fue elegida para construir Angra 1, el primer reactor de Brasil, que comenzó a operar en 1985 con tecnología estadounidense y una potencia de 640 megavatios.

Angra 2 se erigió a partir de un acuerdo de transferencia de tecnología con Alemania y comenzó a funcionar en 2001 con una potencia de 1.350 megavatios.

Brasil depende de la hidroelectricidad, que es la forma de generación más barata. El aporte nuclear es “complementario”, dijo a IPS el superintendente de Angra 2, el ingeniero Antônio Carlos Mazzaro, que lleva 35 años trabajando en este complejo.

Modelo mundial de verificación nuclear

Brasil y su vecina Argentina han desarrollado una experiencia que llama la atención en todo el mundo, dijo a IPS el coordinador del Grupo de Análisis de Prevención de Conflictos Internacionales, Clóvis Brigagão.

Los dos países construyeron una diplomacia nuclear con fines pacíficos al crear en 1991 la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares, que verifica sus actividades atómicas civiles y militares.

"Es la única agencia regional del mundo. Funciona como un mecanismo de no proliferación y de desarme. Este sistema es muy sui generis y moderno", apuntó Brigagão.

Argentina y Brasil estudian desarrollar una empresa binacional de enriquecimiento de uranio para exportación.

"Imagine si India y Pakistán hicieran lo mismo, O Corea del Norte y Corea del Sur, o incluso Irán e Israel", expuso.

Angra 2 “genera 10,5 millones de megavatios/hora por año, suficiente para atender un tercio de la demanda del estado de Río de Janeiro, o una población de cinco millones de habitantes”, explicó Mazzaro.

Angra 3 se está construyendo a un costo de 6.000 millones de dólares y debería comenzar a funcionar en 2018. Trabajan allí 3.000 obreros.

La Constitución determina que el Estado tiene el monopolio de este tipo de energía y de todo el ciclo del uranio.

Brasil, que tiene casi 200 millones de habitantes, inició las investigaciones en los años 50. Posee la sexta mayor reserva natural de uranio del mundo, con unas 310.000 toneladas. Pero hay estimaciones de que podría albergar hasta 800.000 toneladas.

Brasil aspira a convertirse en exportador de combustible nuclear y a construir entre cuatro y ocho nuevas centrales hasta 2030. Hay estudios indicando la viabilidad de 40 sitios donde emplazarlas.

Pero el gobierno debió retroceder luego del desastre de la central japonesa de Fukushima.

“El plan no cambió, lo que cambió fue la velocidad. Los gobiernos debían dar una respuesta a la opinión pública, y la respuesta inmediata de Brasil fue una paralización de los proyectos para su análisis y la toma de providencias”, indicó Pinheiro da Silva.

“A pesar de que estamos en una región mucho más favorable (que la sísmica) Fukushima y usamos tecnología más moderna, pensamos en un plan de respuesta analizando todos nuestros sistemas de seguridad”, con una inversión de 128 millones de dólares, agregó.

El premiado ecologista Vilmar Berna cree que la Costa Verde fue una mala elección.

Una sucesión de montañas selváticas terminan abruptamente en el mar, dejando espacio apenas para una estrecha faja de playas. El suelo es frágil y son constantes los deslizamientos de tierra.

“Las tres centrales se encuentran en una verdadera ratonera, pues la única carretera de acceso ya se congestiona los días feriados. Imagine si hubiera necesidad de evacuar a la población”, dijo Berna a IPS.

El intento de desarrollar la región, que vive sobre todo del turismo, también fue errado, sostuvo.

Cuando se construyó Angra 1, llegaron más de 5.000 trabajadores. Una vez concluida la obra, ellos y sus familias acabaron engrosando las “favelas” (barrios pobres y hacinados), recordó Berna.

La decisión de iniciar la industria nuclear se tomó en plena dictadura militar (1964-1985).

“Denunciar la energía nuclear era como denunciar al gobierno, y eso significaba cárcel, tortura o muerte. Pero hoy, en democracia, este tema debería decidirse en un plebiscito”, dijo.

La Comisión Nacional de Energía Nuclear puso en enero en consulta pública el proyecto que establece criterios y requisitos para aprobar emplazamientos de nuevos reactores electronucleares.

Pero Berna y el analista político Clóvis Brigagão señalan la persistencia del secretismo.

A la población nunca se le ha dado el derecho a elegir si quiere o no esta energía, enfatiza Berna.

Por otra parte, la temperatura del agua salada que se usa para refrigerar los reactores y que se devuelve al mar cuatro grados más caliente, según Berna.

El Consejo Nacional de Medio Ambiente determinó en 2011 que esa agua no debe superar los tres grados respecto de la temperatura natural del mar ni sobrepasar el límite máximo de 40 grados.

Eletronuclear contestó a IPS que, desde la década de 1980, cuenta con un programa para medir cada 15 días la temperatura en dos puntos donde desaguan efluentes al mar.

En estos años “la temperatura del agua de mar lanzada en la ensenada de Saco Piraquara de Fora nunca superó los 40 grados estipulados por la resolución”, dice el comunicado enviado a IPS.

Otra cuestión que preocupa a los ecologistas es la disposición de los residuos radiactivos.

De acuerdo a la propia empresa, los de baja radiactividad se almacenan en instalaciones del complejo en Itaorna. Y los muy radiactivos, como el combustible nuclear usado, están dentro de los reactores.

El 2 de este mes, la justicia emplazó al gobierno, a la Comisión Nacional de Energía Nuclear y a la empresa a incluir en el presupuesto los recursos necesarios para proyectar, construir e instalar depósitos finales para disponer de los residuos radiactivos de Angra.

Esta resolución obedece a una acción que inició el Ministerio Público (fiscalía) en 2007, en respuesta a una demanda civil denunciando que desechos peligrosos se venían almacenando en depósitos provisorios desde los años 80, lo que constituía un riesgo de salud pública.

 
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