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Iraníes escépticos hacia el gobierno de Ruhaní

WASHINGTON, 6 dic 2013 (IPS) - Una encuesta realizada en Irán tras la elección del presidente Hasán Ruhaní indica que la mayoría se opone a que su país intervenga en Siria e Iraq y cree que el gobierno busca fabricar armas nucleares, aunque sostenga lo contrario.

El sondeo, realizado entre el 26 de agosto y el 22 de septiembre y divulgado este viernes 6, consultó a 1.205 iraníes en entrevistas personales a cargo de una firma subcontratada por Zogby Research Services.

Según la encuesta, en ese momento Ruhaní contaba con un apoyo relativamente tibio y muchos iraníes expresaban su deseo de un sistema político más democrático.

Iraníes escépticos hacia el gobierno de Ruhaní

El presidente Hasán Ruhaní en Bishkek, el 13 de septiembre de este año. Crédito: kremlin.ru/cc by 3.0

Los resultados coinciden con las elecciones presidenciales de junio, en las que Ruhaní triunfó con una escasa mayoría de votos, contra media docena de otros candidatos. La mitad de los encuestados después de los comicios o bien se manifestaron contrarios a Ruhaní o bien dijeron que su victoria no implicaría ninguna diferencia en sus vidas.

Esta periodista tuvo una impresión similar de escepticismo durante una visita a Teherán a principios de agosto.

Ante el impacto de las duras sanciones impuestas por Estados Unidos y otros países y la mala conducción económica del gobierno de Mahmoud Ahmadineyad (2005-2013), no sorprende que apenas 36 por ciento de los encuestados dijeran estar mejor ahora que hace cinco años, en comparación con 43 por ciento que aseguraron estar peor.

Sin embargo, el mismo porcentaje de personas respondieron que esperaban que sus vidas mejoraran durante el gobierno de Ruhaní.

Entre las conclusiones más interesantes de la encuesta figuran las relacionadas con la política exterior: 54 por ciento estimaron que la intervención iraní en Siria tuvo consecuencias negativas, tal vez un reflejo del drenaje financiero que implicó para Irán la guerra en Siria y de lo poco popular que es el régimen del presidente sirio Bashar al Assad.

Casi la misma proporción, 52 por ciento, se expresaron en contra a intervenir en Iraq, gobernado por musulmanes chiitas que simpatizan con Teherán.

Las actividades iraníes de apoyo a los chiitas de Líbano y Bahrein fueron apenas levemente más populares, mientras que solo en los casos de Yemen y Afganistán una mayoría de entrevistados estimaron que las acciones de su país tuvieron en impacto positivo.

James Zogby, director de Zogby Research Services, dijo a IPS que los iraníes saben que “Siria se ha vuelto un problema mundial enorme, y no quieren tener más problemas con el mundo”.

Los bajos porcentajes a favor de la intervención en Iraq pueden reflejar “un persistente sentimiento antiiraquí”, que se remonta a la guerra entre los dos países (1980-1988), dijo Zogby.

Las actitudes iraníes hacia la democracia y la cuestión nuclear también resultan interesantes. Aunque 29 por ciento dijeron que el desempleo es su principal preocupación, la cuarta parte de los encuestados consideraron más importante hacer avanzar la democracia.

Otras prioridades fueron: proteger los derechos personales y civiles (23 por ciento), conceder más derechos a las mujeres (19 por ciento), poner fin a la corrupción (18 por ciento) y concretar una reforma política o gubernamental (18 por ciento).

Según la encuesta, solo una pequeña fracción de encuestados –seis por ciento– consideraron el enriquecimiento de uranio como una prioridad. Y 55 por ciento estuvieron de acuerdo con la frase “mi país tiene ambiciones de producir armas nucleares”, en comparación con 37 por ciento que dijeron creer que el programa atómico del gobierno tiene fines totalmente pacíficos.

El gobierno iraní insiste en que no busca fabricar armas, y el 24 de noviembre firmó un acuerdo en Ginebra para limitar su programa nuclear a cambio de un modesto alivio de las sanciones.

En una fuerte muestra de nacionalismo, 96 por ciento de los encuestados dijeron que continuar con el programa nuclear bien valía el dolor de las sanciones, y apenas siete por ciento consideraron más importante resolver el enfrentamiento con el mundo occidental por el programa nuclear para que se levanten las sanciones.

Cinco por ciento de los consultados encabezaron su lista de prioridades con la necesidad de mejorar las relaciones con Estados Unidos y Occidente.

Zogby cree que no es sorprendente que los iraníes vean de esta forma el programa nuclear, ya que “cuando uno presiona ese botón (y cuestiona los derechos de Irán), el nacionalismo despega”.

Quienes se identificaron como partidarios de Ruhaní se mostraron más inclinados a afirmar el derecho de Irán a poseer armas nucleares que los opositores al presidente (76 por ciento contra 61 por ciento).

Los resultados de la encuesta, dijo Zogby, sugieren que los iraníes no consideran a Ruhaní un exponente del Movimiento Verde reformista que convulsionó al país durante y después de las elecciones presidenciales de 2009, sino más bien como una figura del sistema.

“Hay más partidarios de Ruhaní en las filas de la línea dura”, dijo Zogby.

 

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