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Palestinos inundados de aguas servidas

Una familia palestina abandona su casa de la calle Nafaq, en la ciudad de Gaza, después de la inundación. Crédito: Mohammed Omer/IPS

Una familia palestina abandona su casa de la calle Nafaq, en la ciudad de Gaza, después de la inundación. Crédito: Mohammed Omer/IPS

GAZA, Palestina, 23 dic 2013 (IPS) - Mientras esquiva los charcos de agua contaminada con sus zapatos andrajosos, Sabeh, de 14 años, se las arregla para encontrar el camino hasta el mercado del campamento de refugiados de Al Shati, una de las zonas más pobladas y pobres de la ciudad palestina de Gaza.

Le pregunta a un hombre que vende calcetines si puede comprar un par por un shekel (29 centavos de dólar), y recibe abatido la respuesta del vendedor: “Tres shekels, no menos”.

El muchacho protesta y dice que se le congelan los pies, pero el vendedor es inflexible.  “Pero me estoy congelando y es todo lo que tengo”, intenta Sabeh una vez más. Ambos saben que los calcetines no ayudarán mientras los zapatos sigan rotos y empapados de las aguas servidas que han desbordado Gaza.

Hace una semana, se abatió sobre esta ciudad palestina a peor tormenta en más de 100 años. Causó dos muertes y al menos 108 heridos, y las inundaciones expulsaron a 40.000 residentes de sus casas, 5.000 de ellos evacuados por equipos de rescate en botes, informó el Ashraf Al Qedra, portavoz del Ministerio de Salud de Gaza.

Una tormenta como Alexa ocurre una vez cada siglo. Los meteorólogos israelíes la consideran la peor desde 1879.

La tormenta no podría haber ocurrido en peor momento, mientras Gaza sufre escasez de gasolina y apagones por los controles más rigurosos al contrabando, aplicados por Egipto en el sur, y los altos impuestos al combustible que impone Israel en el norte.

Alexa cruzó Siria, Palestina, Israel y partes del Sinaí. Una gruesa capa de nieve cubrió Cisjordania y algunas zonas de Gaza.

Los 1,8 millones de habitantes de la franja de Gaza, que soportan el bloqueo israelí, no estaban preparados para la tormenta que trastocó todos los aspectos de su vida cotidiana. Las zonas bajas son las más afectadas, con miles de casas inundadas.

La endeble puerta de la farmacia Noor, en la calle Al Nafaq, no pudo parar el agua que inunda los armarios y empapa los medicamentos. El dueño parece no tener idea por dónde comenzar a reparar los daños, pero sabe que quizás nunca recibirá una indemnización suficiente por las pérdidas.

La lluvia y la inundación afectaron la calle Nafaq, pero esta no recibe tanta atención como las zonas dañadas por los ataques israelíes. Las fuertes lluvias y la nieve son una carga adicional para Gaza, que se está quedando sin electricidad.

Las familias de la calle Nafaq fueron evacuadas a una escuela convertida en refugio improvisado.

La casa de Shadi Alsweriki, de 30 años, se inundó. No pudo salvar nada mientras huía del torrente. Ahora solo tiene dos mantas y dos colchones para él, su esposa y dos hijos pequeños. Recibió alimentos de organizaciones humanitarias, pero las necesidades de su familia están lejos de ser satisfechas.

Yasser Al Shanti, subjefe del equipo de crisis, dijo que las precipitaciones superaron en 90 por ciento del promedio anual en Gaza.

La tormenta no podría haber ocurrido en peor momento, mientras Gaza sufre escasez de gasolina y apagones por los controles más rigurosos al contrabando, aplicados por Egipto en el sur, y los altos impuestos al combustible que impone Israel en el norte.

Las mezquitas pidieron a la gente que done mantas y ropa, y algunos camiones se abrieron paso hasta las zonas más afectadas. Pero los suministros son escasos.

Un miembro del equipo de rescate se encuentra de pie en un bote y sostiene a otro sobre sus hombros para alcanzar a varias personas atrapadas, sin comida ni agua, en un apartamento de un tercer piso.

Mohammed Abu Draz, de 43 años, oriundo de Abbasan en el sur de la franja, está asombrado por los acontecimientos. El hombre se preparaba para llevar productos de sus tres granjas de pollos a los mercados de Gaza cuando las lluvias destruyeron todo.

Cada una de sus granjas tenía entre 3.000 y 5.000 pollos y calcula que el perjuicio sufrido alcanza a unos 42.000 dólares.

“Antes había 5.000 pollos por allá”, dice Abu Draz señalando los restos de su granja a punto de ser retirados por las excavadoras del municipio.

El ministro de Agricultura de Gaza, Ali Al Tarshawi, acusó a Israel de abrir las compuertas de los estanques de aguas servidas en Wadi al Salqa, junto a la frontera, lo que inundó tierras de ganado y cultivo.

Al Tarshawi dice que la ganadería sufrió un daño de 1,7 millones de dólares.

Un portavoz de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA, por sus siglas en inglés), dijo que, tras la tormenta “la comunidad mundial tiene que ejercer presión efectiva para poner fin al bloqueo de Gaza”.

En respuesta a un pedido del primer ministro de facto de Gaza, Ismail Haniyeh, el emir de Qatar destinó 10 millones de dólares a la Autoridad Nacional Palestina para que compre combustible a Israel destinado a alimentar la única central eléctrica de la franja.

Gaza ha sufrido más de 45 días de apagones que duran hasta 18 horas al día. Durante la tormenta, algunas zonas quedaron sin energía por 72 horas seguidas. Los 450.000 litros de combustible donados por Qatar llegaron para reanudar el funcionamiento de la planta termoeléctrica.

El ministro de Vivienda, Yousef Ghuriz, a cargo de los equipos de crisis, calcula que la lluvia y las inundaciones provocaron daños a las casas, la infraestructura y las empresas por unos 64 millones de dólares.

Luego de sacar el agua con bombas, algunos habitantes pudieron regresar a sus hogares, pero según los equipos de rescate al menos 4.000 personas siguen viviendo en refugios improvisados en las escuelas

Uno de ellos es Alsweriki. Recibió 140 dólares para intentar encarrilar su vida, pero las autoridades le pidieron a él y su familia que dejen la escuela.

Como a otros damnificados, le preocupa su vivienda, arruinada por las inundaciones y las aguas servidas, mientras se mantenga el bloqueo israelí a materiales de construcción necesarios para las reparaciones.

La vida como la conocían desapareció con el agua.

 
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