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El género cuenta tras un desastre en el Caribe

Una clérigo reza con Collen James en Cane Grove, en San Vicente y las Granadinas. La hermana de James murió en las inundaciones que azotaron ese país en la víspera de Navidad. Su hija de dos años todavía estaba desaparecida. Crédito: Desmond Brown/IPS

Una clérigo reza con Collen James en Cane Grove, en San Vicente y las Granadinas. La hermana de James murió en las inundaciones que azotaron ese país en la víspera de Navidad. Su hija de dos años todavía estaba desaparecida. Crédito: Desmond Brown/IPS

PUERTO ESPAÑA, 3 feb 2014 (IPS) - Los cada vez más numerosos desastres naturales en el Caribe, causados por el cambio climático, afectan en forma dispar a hombres y mujeres, en gran medida debido a los roles de género construidos por la sociedad.

Si bien es cierto que las mujeres son las que más sufren en este tipo de situaciones, también son necesarias políticas que se enfoquen en ayudar a los hombres, sostuvo Elizabeth Riley, subdirectora ejecutiva de la Agencia Caribeña de Gestión de Emergencias por Desastres (CDEMA, por sus siglas en inglés).

“En la región del Caribe, las discusiones sobre (los impactos de) género se reducen a hablar sobre las mujeres”, dijo a IPS. Y sin embargo, la experiencia con los desastres naturales indica que se necesitan también programas de apoyo psicosocial a los hombres, insistió.

Un informe elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), titulado “Enhancing Gender Visibility in Disaster Risk Management and Climate Change in the Caribbean” (Reforzando la visibilidad de género en el manejo de riesgos de desastres y el cambio climático en el Caribe), subraya también esta situación.

El estudio señala que los hombres caribeños por lo general no están preparados para afrontar las consecuencias de un huracán, y luego de sufrir un desastre son propensos a caer en el alcoholismo o a sufrir estrés y ataques de ira.

En cambio, las mujeres responden a estos desastres “conectándose con todo el concepto de capital social, dependiendo unas de la otras, de las conexiones familiares y de los amigos”, señaló Riley.

Las mujeres se abocan a consolar a sus hijos, a cocinar para toda la comunidad y a “estimular a las personas a la recuperación”, añadió.

Otros informes indican que los hombres sí mostraban capacidad de resistencia ante los desastres cuando se dedicaban a reconstruir las viviendas.

Sin embargo, informes regionales revelan otras vulnerabilidades masculinas.

Riley dijo que estudios muestran que “los hombres ancianos son abandonados, incapaces de alimentarse por sí mismos”.

“Esto está estrechamente conectado con una cultura en la que los hombres tienen muchas parejas (a lo largo de su vida), y cuando llegan a ancianos no cuentan con capital social que los apoye”, explicó.

“Ese el resultado del rol socialmente construido de los hombres como ‘machos’ que deben tener hijos con varias mujeres”, dijo.

En su evaluación macroeconómica y social de 2004 sobre el daño causado por el huracán Iván en Granada, la Organización de Estados del Caribe Oriental señaló que “69 por ciento de las víctimas eran hombres, y que 70 por ciento de todos los fallecidos tenían más de 60 años”.

Los hombres tienen más probabilidades de sufrir daños físicos en una catástrofe, indicó Asha Kambon, consejera sobre desastres naturales y su impacto en los pequeños estados insulares en desarrollo.

“Nosotras las mujeres no somos tan propensas a tomar riesgos como los hombres”, añadió la experta, quien trabajó durante 20 años en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Aunque generalmente mueren más mujeres que hombres en un evento climático extremo, la diferencia puede variar “dependiendo del ambiente y otras circunstancias”, aclaró Kambon a IPS.

Por ejemplo, los seis fallecidos en las últimas inundaciones en Santa Lucia, en la última semana de 2013, eran hombres. La mayoría intentaban conducir sus automóviles a pesar de los desbordes.

Kambon también recordó que en algunas de las últimas inundaciones que azotaron Guyana, varios hombres murieron de leptospirosis por haber caminado a través de las aguas, mientras que ninguna mujer sufrió la enfermedad.

La experta explicó que las guyanesas tomaron los medicamentos recomendados y evitaron el contacto con las aguas contaminadas.

No obstante, los desastres naturales colocan una carga especial sobre las espaldas de las mujeres, en formas muy similares a las experiencias en otras partes del mundo.

En el Caribe, las escuelas y las iglesias son los primeros lugares que ofrecen refugio luego de una catástrofe natural.

Esto aumenta la carga sobre las mujeres, explicó Kambon, ya que estas “son responsables de los niños y de los ancianos, y muy frecuentemente las escuelas no abren rápidamente después de un desastre”.

“Así que tienen que cuidar a esos niños y no pueden salir en busca de trabajo”, añadió.

Según el estudio “Making Risky Environments Safer” (Haciendo más seguros los ambientes peligrosos) de la División de las Naciones Unidas para el Adelanto de la Mujer, “el trabajo doméstico se incrementa enormemente cuando los sistemas de apoyo, como la atención infantil, las escuelas, las clínicas, el transporte público y las redes familiares, se ven perturbados o quedan destruidos”.

Muchas mujeres pobres en el Caribe ocupan los niveles más bajos de la industria turística, y como los desastres dañan severamente al sector, muchas quedan desempleadas porque sus habilidades no son transferibles, esto es, no pueden ser utilizadas en otros empleos.

“Los hombres logran ingresar al mercado más rápido, porque las habilidades que poseen son transferibles. Además, los hombres tienen algunas habilidades de construcción, así que pueden conseguir empleos en esos sectores y percibir ingresos”, indicó Kambon.

Asimismo, las mujeres tienen menos probabilidades de ser beneficiadas en los programas de “dinero por trabajo”, frecuentemente implementados tras un desastre para reconstruir la infraestructura de un país y ofrecer empleo, dijo Riley.

Los hombres tienen la ventaja de poseer una mayor fortaleza física para esos trabajos.

Las caribeñas quedan relegadas a los hogares, donde cuidan a familiares ancianos, y por eso no pueden ocupar puestos en los programas de reconstrucción.

Quizás se podría implementar un programa de “dinero por cuidados”, dijo, con el objetivo de asegurarles un ingreso a las mujeres que atienden a miembros dependientes de la comunidad.

Kambon indicó que esto revela la importancia de conocer la situación de género en la comunidad a la hora de diseñar los programas de respuesta a los desastres.

“La falta de conocimiento que tienen los trabajadores de ayuda sobre las desigualdades de género puede perpetuar los prejuicios y poner a las mujeres en una mayor desventaja a la hora de acceder a las medidas de alivio y a otras oportunidades y beneficios”, señala el estudio de la Organización de las Naciones Unidas.

Kambon indicó también que, tras los últimos desastres naturales en la región, hubo problemas sobre “la seguridad e integridad de las mujeres y niñas”, ya que se produjo una ruptura del orden público.

Hasta las instalaciones higiénicas presentaron un inconveniente para las mujeres en los refugios de emergencia.

“Lo que era adecuado para los hombres, era completamente inadecuado para las mujeres en términos de limpieza, seguridad, ubicación y accesibilidad”, explicó la experta.

 
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