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Estalla la “burbuja de sangre”

Trabajadores palestinos en la planta de SodaStream. Crédito: Pierre Klochendler/IPS.

Trabajadores palestinos en la planta de SodaStream. Crédito: Pierre Klochendler/IPS.

ZONA INDUSTRIAL MISHOR ADUMIM, Cisjordania, 10 feb 2014 (IPS) - La ya tradicional práctica israelí de etiquetar productos elaborados en sus colonias como “Hecho en Israel” genera una mayor oposición a la ocupación.

Los asentamientos judíos en territorios palestinos son considerados una violación del derecho internacional. Sin embargo, en Israel no se los ve así.

Muy a menudo, los consumidores de productos israelíes en todo el mundo no saben si están comprando un producto hecho realmente en Israel o en una colonia.

La imprecisión de las etiquetas usadas por esas empresas israelíes que realizan sus negocios en tierras que los palestinos vislumbran como parte de su futuro estado hizo caer a una estrella de Hollywood en un conflicto de intereses.

Hasta hace poco, la actriz estadounidense Scarlett Johansson cumplía el doble rol de embajadora de caridad de la organización no gubernamental británica Oxfam y de embajadora de la marca SodaStream, una firma israelí de sistemas de gasificación de bebidas que cotiza en el índice Nasdaq de la Bolsa de Nueva York y cuya principal planta procesadora funciona en una vieja fábrica de municiones ubicada cerca del asentamiento Maalé Adumim.

Alemania, el aliado europeo más fuerte de Israel, busca ampliar la prohibición de las empresas privadas que operan en los territorios ocupados.
Su elogio a las botellas amigables con el ambiente en las que se genera la efervescencia, así como a los sabores almibarados que ofrece la empresa, se volvió viral en las redes sociales de Internet incluso antes de que el comercial saliera al aire por primera vez durante el Super Bowl, la final del principal campeonato estadounidense de fútbol americano.

Oxfam, que se opone al comercio con los asentamientos judíos, presionó a Johansson para que se retractara de su apoyo a SodaStream, pero en cambio la actriz renunció a la organización británica.

En un comunicado, Johansson ensalzó el compromiso de SodaStream de “construir un puente hacia la paz”, en el que 500 palestinos, 450 árabes israelíes y 350 judíos israelíes están “trabajando codo a codo, recibiendo igual paga, iguales beneficios e iguales derechos”.

Los palestinos que trabajan en la planta de SodaStream ganan dos o tres veces más que lo que cobrarían en la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

“Esta es una relación coercitiva por definición”, dijo el activista por los derechos humanos palestinos Omar Barghouti, cofundador del movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS).

“Luego de décadas de destruir sistemáticamente la industria y la agricultura palestinas y de imponer restricciones extremas a la circulación, impidiendo que muchos llegaran a sus lugares de trabajo, Israel ha obligado a miles de trabajadores y agricultores palestinos a buscar empleos en las colonias ilegales israelíes”, añadió.

Activistas del BDS consideran que la firma SodaStream es una “burbuja de sangre”.

“Nosotros somos una anomalía”, reconoció el presidente de la empresa, Daniel Birnbaum, quien se describe a sí mismo como un ferviente partidario de la solución de dos estados.

A toda prisa, Birnbaum invitó a periodistas extranjeros a recorrer la controvertida fábrica, ocasión en la que se mostró indignado ante el movimiento BDS y preguntó: “¿Por qué dar empleo es un obstáculo a la paz?”.

“Si esta área termina como parte de Palestina, no tengo problema en pagar impuestos al gobierno palestino”, dijo, al tiempo de elogiar la “heroica posición” de Johansson.

Sin embargo, Barghouti dijo a IPS: “Mediante la resistencia civil popular y los esfuerzos sostenidos del BDS, como contra el apartheid en Sudáfrica, Israel será obligado a reconocer nuestros derechos bajo el derecho internacional y a poner fin a su régimen de ocupación, colonización y segregación”.

En los últimos días, instituciones nórdicas decidieron terminar sus vínculos con las empresas israelíes involucradas en la construcción de asentamientos o que mantienen sucursales en Cisjordania y Jerusalén oriental.

Danske Bank, el banco más grande de Dinamarca, puso en la lista negra al Bank Hapoalim de Israel. El Ministerio de Finanzas de Noruega excluyó a las firmas israelíes Africa Israel Investments y Danya Cebus de su Fondo Mundial de Pensiones del Gobierno.

PGGM, la mayor compañía de administración de fondos de pensiones de Holanda, retiró todas sus inversiones de los cinco bancos más grandes de Israel.

El acuerdo científico “Horizon 2020”, firmado por Israel y la Unión Europea (UE) prohíbe a entidades del bloque financiar investigaciones académicas en los asentamientos, y ahora Alemania, el aliado europeo más fuerte de Israel, prevé ampliar la prohibición a empresas privadas que operan en los territorios ocupados.

En julio del año pasado, la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la UE, divulgó nuevas pautas prohibiendo que las instituciones del bloque otorgaran subvenciones o préstamos a organizaciones israelíes vinculadas a las colonias.

Barghouti destacó el aumento del apoyo al boicot académico contra Israel en Estados Unidos e Irlanda, y la creciente cantidad de artistas occidentales que se niegan a actuar en Israel.

Birnbaum, el presidente de SodaStream, pareció ni inmutarse por la ola de acciones de BDS. “Los países nórdicos boicotean productos manufacturados en esta fábrica. Nosotros pasamos la producción a nuestra planta en China”, dijo.

Pero el secretario de Estado (canciller) de Estados Unidos, John Kerry, advirtió al gobierno israelí que, si colapsan las conversaciones de paz, Israel corre el riesgo de enfrentar mayores amenazas de boicot y campañas de deslegitimación.

El BDS promueve el fin de la ocupación israelí en territorios palestinos, incluido el desmantelamiento de la barrera de seguridad y las colonias. El movimiento también reclama “el derecho sancionado por la Organización de las Naciones Unidas e inherente a los refugiados palestinos de regresar a sus hogares de origen”.

Para la mayoría de los israelíes, el derecho de regreso de millones de refugiados palestinos desde la guerra de 1948 y de sus descendientes a lo que actualmente es Israel equivaldría a que su país dejara de ser un estado judío. El reconocimiento de Israel como tal por parte de la ANP es una de las principales demandas del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.

Por el contrario, tal caracterización es rechazada categóricamente por los palestinos, quienes consideran que eso equivaldría a ignorar no solo su derecho al retorno, importante demanda palestina y punto crucial del conflicto, sino también la existencia de la minoría de palestinos israelíes, que constituyen aproximadamente 20 por ciento de la población israelí.

Netanyahu convocó a una reunión de su gabinete para orquestar opciones estratégicas a fin de contrarrestar las potenciales iniciativas europeas del BDS.

“La estrategia más efectiva e inmediata para atemperar al BDS y otras formas de guerra política es poner fin al financiamiento masivo que se da a organizaciones no gubernamentales radicales que promueven estas campañas anti-Israel”, declara en su sitio web NGO Monitor, una organización de derecha cercana al gobierno israelí.

 

  • Ana

    Jesus lo sabia hace 2000 anos, los reyes de Espana lo sabian hace 500 anos, el tio Hittler lo sabia hace medio siglo, ahora todos lo sabemos: los judios son un pueblo maldito: llegan con su nariz larga y sus ojitos maliciosos, y la voz quebrada: Por fa, tenemos hambre, denos una esquinita para vivir mientras emigramos, en que le podemos server…diez anos despues te echan a patadas de tu propia casa argullendo que los victimizaron, y se creen superiors.

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