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La paz en Sudán del Sur pasa por reformas económicas

Un hombre y su hija vuelven al poblado de Bor, en el estado sursudanés de Jonglei, tras los feroces enfrentamientos que tuvieron lugar allí y en todo el país, y que mayoritariamente terminaron en enero. Crédito: Charlton Doki/IPS.

Un hombre y su hija vuelven al poblado de Bor, en el estado sursudanés de Jonglei, tras los feroces enfrentamientos que tuvieron lugar allí y en todo el país, y que mayoritariamente terminaron en enero. Crédito: Charlton Doki/IPS.

YUBA, 28 feb 2014 (IPS) - Gatmai Deng perdió a tres familiares durante el estallido de violencia que vivió Sudán del Sur entre el 15 de diciembre y finales de enero, y culpa de sus muertos al gobierno, por no haber aprovechado los vastos recursos petroleros del país para mejorar las vidas de sus casi 11 millones de habitantes.


Cuando este país se independizó de Sudán en 2011, muchos esperaban que el nuevo gobierno proveyera los servicios que los gobernantes de su anterior país les habían negado a los sursudaneses, dijo Gatmai a IPS.

“Pero este gobierno no es diferente de los de Jartum, que marginaron a los ciudadanos sursudaneses. ¿Dónde están los hospitales, dónde están las escuelas, dónde está el agua potable que nos prometieron?”, preguntó Gatmai.

Sudán del Sur, con 10,8 millones de personas, obtiene 98 por ciento de sus ingresos de las exportaciones de petróleo.

Entre 2005 y 2012, cuando dejó de producir por una disputa con Sudán por un oleoducto, Sudán del Sur obtuvo más de 10.000 millones de dólares de exportaciones petroleras, según funcionarios del gobierno y del Banco Mundial.

Las cifras del empleo en Sudán del Sur


• La agricultura emplea a 76 por ciento de la fuerza laboral. El sector contribuye con entre 15 y 33 por ciento del producto interno bruto.
• Solo 12 por ciento de las mujeres y 11 por ciento de los hombres tienen empleos formales.

Fuente: Oxfam Internacional, 2013


Luego de que Sudán del Sur reanudó su producción de crudo en abril de 2013, el Ministerio de Petróleo reportó una facturación de 1.300 millones de dólares en los siguientes seis meses.

Pese a esta riqueza, la mayor parte del territorio es inaccesible por carretera. Hasta ahora, existen poco más de 110 kilómetros de calles asfaltadas en la capital, Yuba.

Hay apenas una autopista pavimentada de 120 kilómetros que conecta Yuba y la frontera con la vecina Uganda, en el este.

“El dinero del petróleo está beneficiando al (presidente) Salva Kiir y a sus ministros”, dijo Gatmai desde Jartum, la capital de Sudán, donde se refugió tras el estallido de violencia. Los enfrentamientos dejaron miles de muertos y heridos, además de 863.000 desplazados.

Un informe provisional sobre las violaciones de los derechos humanos, divulgado el 23 de este mes por la Misión de Mantenimiento de la Paz de la Organización de las Naciones Unidas en Sudán del Sur, registra matanzas masivas contra ciertas etnias, violaciones de pandillas y torturas perpetradas por efectivos del gobierno y por varias milicias de la oposición.

Las batallas más feroces tuvieron lugar en los estados de Jonglei, Nilo Superior, Unidad y Ecuatoria Central.

Pero los analistas coinciden con Gatmai en que las condiciones económicas y sociales, con alto desempleo juvenil, la casi inexistencia del sector privado y una excesiva dependencia del gobierno, el principal empleador, pudieron contribuir al conflicto.

Leben Nelson Moro, profesor de estudios sobre desarrollo en la Universidad de Yuba, dijo a IPS que el petróleo ha sido una maldición más que una bendición para Sudán del Sur. Una vez iniciada la violencia, “se volvió fácil engrosar las filas de los hostiles con quienes se sentían excluidos de la riqueza”, aseguró.

“Buena parte de las ganancias petroleras van a unos pocos, que ocupan puestos de autoridad. No tenemos carreteras, ni otros servicios básicos, como atención a la salud”, destacó Moro.

“Los ingresos no se usan para generar empleo para los jóvenes. Esto dio pie a ciertas quejas contra las pocas personas del gobierno que parecen estar beneficiándose”, dijo.

En la práctica, el gobierno no tiene ninguna política para promover la integración socioeconómica de la juventud.

Una vasta mayoría de la población depende del sector agrícola para su supervivencia y empleo.

Badru Mulumba, editor del periódico The New Times y analista político, dijo a IPS que es esta dependencia del gobierno lo que llevó al conflicto.

“Los políticos que estaban fuera del poder quisieron recuperarlo para mantener la influencia en sus comunidades”, señaló.

Mulumba explicó que muchas personas desempleadas tienen como fuente de ingresos a sus familiares con puestos en el gobierno.

“Si la gente común tuviera opción, no habría seguido a los políticos que tomaron las armas contra los que estaban en el poder”, planteó.

Según el Panorama Económico Africano 2012 del Banco Mundial, el desempleo juvenil en Sudán del Sur es muy alto.

“La insuficiente demanda laboral, la falta de mano de obra calificada, la ausencia de una política gubernamental coherente y de un marco legal y regulatorio sólido limitan el ingreso de los jóvenes al mercado laboral”, según el documento.

No hay cifras oficiales sobre los alcances del desempleo juvenil, pero datos de Oxfam Internacional muestran que apenas 12 por ciento de las mujeres y 11 por ciento de los hombres dentro de la población económicamente activa tienen empleos formales.

El hecho de que los principales grupos étnicos dependan del ganado también puede haber contribuido a la inestabilidad. Tanto los dinkas como los nuers, entre otros, usan a sus animales para pagar dotes, compensaciones y multas en el marco del derecho consuetudinario, e incluso los intercambian por alimentos.

“Un gran sector de la población depende de la ganadería, así que de algún modo la gente acepta esta cultura en la que uno puede quedarse con ganado de las comunidades rivales y así acumular cabezas y volverse poderoso”, explicó Mulumba.

Solamente entre julio de 2011 y diciembre de 2012, más de 3.000 civiles fallecieron en incidentes vinculados al robo de ganado en los estados sursudaneses de Jonglei, Lagos, Unidad y Warap.

Anne Lino Wuor, legisladora de Jonglei, cree que si los gobernantes dieran participación y empleo a los jóvenes, ellos abandonarían el abigeato.

“Creo que la única manera de traer estabilidad y paz a Sudán del Sur es mediante el desarrollo”, dijo Wuor a IPS.

Pinyjwok Akol Ajawin, director general de juventud en el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, señaló a IPS que los jóvenes son manipulados políticamente.

“Ellos siguen a sus ancianos y a los varones de sus tribus. Por eso intentamos llegar a ellos para iluminarlos, para hacerles saber que son los jóvenes de un solo país, que pertenecen a Sudán del Sur y que deben coexistir, para que se vean como hermanos de aquellos a los que intentan combatir”, agregó.

Un Comité Nacional de Manejo de Crisis Juvenil se creó con apoyo gubernamental, en una iniciativa de servicio comunitario para los jóvenes.

“Es la única manera de mantener ocupados a los jóvenes sursudaneses y de desalentar que se sumen al conflicto”, dijo Ajawin.

Edmond Yakani, director ejecutivo de la Organización Comunitaria de Empoderamiento para el Progreso, ve las cosas de otro modo.

“Solamente reformas económicas profundas traerán la estabilidad a este país”, dijo a IPS.

 

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