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Gambianas reclaman su lugar en la política

Isatou Touray, directora ejecutiva del Comité de Gambia sobre Prácticas Tradicionales que Afectan la Salud de las Mujeres y de los Niños, que lanzó esta semana una campaña por mayor participación de las gambianas en la política. Crédito: Saikou Jammeh/IPS

Isatou Touray, directora ejecutiva del Comité de Gambia sobre Prácticas Tradicionales que Afectan la Salud de las Mujeres y de los Niños, que lanzó esta semana una campaña por mayor participación de las gambianas en la política. Crédito: Saikou Jammeh/IPS

BANJUL, 31 mar 2014 (IPS) - Ya comenzó la cuenta regresiva para las elecciones generales de Gambia en 2016, y con ella una vigorosa iniciativa para asegurar una justa representación femenina en todo el espectro político.

El no gubernamental Comité de Gambia sobre Prácticas Tradicionales que Afectan la Salud de las Mujeres y de los Niños (Gamcotrap, por sus siglas en inglés) lanzó esta semana una campaña por reformas que garanticen una efectiva participación de las gambianas en todos los puestos de liderazgo.

“Lo que estamos diciendo es que queremos ir a buscar nuestra agua y beberla con los hombres del mismo pozo”, ejemplificó para IPS la directora ejecutiva de Gamcotrap, Isatou Touray.

La organización recibió apoyo del National Endowment for Democracy, grupo estadounidense sin fines de lucro que promueve la libertad en el mundo.

“Lo que estamos haciendo no tiene nada que ver con política partidaria”, aclaró Touray. “No se trata de sacarle poder a los hombres. Es sobre desarrollo y sobre políticas de género”.

“Cuando hablamos de políticas de género, estamos hablando de mujeres de diferentes partidos políticos que se reúnen para tratar sus temas y promoverlos bajo una misma bandera”, añadió.

Los resultados preliminares de un censo realizado el año pasado en este pequeño país de África occidental indican que las mujeres constituyen más de 51 por ciento de los casi 1,8 millones de habitantes. Además, hasta 2011 constituían 58 por ciento de los habilitados para votar.

Sin embargo, su fortaleza numérica no se refleja en puestos de gobierno o de liderazgo a nivel nacional o local. La notoria excepción es Isatou Njie Saidy, quien ocupa la Vicepresidencia desde 1997.

“De los 53 miembros de la Asamblea Nacional (órgano legislativo), solo tenemos cuatro mujeres elegidas y una suplente designada. Esto representa nueve por ciento”, dijo a IPS la activista política y de género Amie Sillah.

“Además, de los 1.873 jefes de aldeas, solo cinco son mujeres. No hay ninguna gobernadora ni jefa de distrito”, lamentó.

Las estructuras partidarias, en el mejor de los casos, relegan a las mujeres a la perpetua suplencia de los hombres. En su mayoría, ellas solo ocupan puestos de liderazgo en los sectores femeninos de sus partidos, e invierten su tiempo en campañas destinadas a reunir votos y donaciones para sus pares hombres.

“Aun si una mujer es designada presidenta de un comité partidario, se cumple nuestro proverbio: ‘Ellos (los hombres) te nombran cabeza, pero te sacan la lengua’, porque la mujer no puede hablar. Los hombres solo te dan un poder nominal. En resumen, haces campaña por lo que ellos quieren”, dijo Sillah.

La Constitución garantiza el derecho de las mujeres a participar en política y prohíbe toda discriminación de género.

En los últimos cuatro años se aprobaron al menos tres normas clave sobre cuestiones de género: la Ley de Mujeres, de 2010, la Ley contra la Violencia Doméstica y la Ley contra Delitos Sexuales, ambas de 2013. Sin embargo, las gambianas siguen sufriendo marginación política.

Activistas explicaron que la elite política masculina dominante suavizó el texto de esas leyes. “La mayoría de los temas (importantes para las mujeres) no se convierten en ley… Y si lo hacen, se eliminan cláusulas clave”, afirmó Touray.

“Sacaron todas las cosas buenas, todas las disposiciones cruciales de la Ley de Mujeres referidas al matrimonio, la herencia… Además, se negaron a aprobar la provisión sobre mutilación genital femenina. Sacaron esto y se trata de derechos de salud reproductiva de las mujeres”, explicó por su parte Sillah.

La activista propuso adoptar políticas de acción afirmativa, como un sistema de cuotas para la Asamblea Nacional que asegure 30 por ciento de asientos para las mujeres.

“Es tiempo de que las mujeres estén donde se hacen las leyes”, afirmó.

Haddy Nyang-Jagne es una de las cuatro gambianas que integran la Asamblea Nacional. La legisladora, de la gobernante Alianza para la Reorientación Patriótica y la Reconstrucción (APRC, por sus siglas en inglés), cree que el gobierno ha hecho mucho para promover la participación femenina en la política.

Además, sostuvo que las principales barreras que afrontan las mujeres para acceder a puestos de poder son básicamente culturales.

“El gobierno creó un ambiente favorable y sensible a las mujeres… (pero) tienen miedo de abrirse paso porque la gente habla mal de ellas”, sostuvo.

“Son barreras religiosas y culturales. Algunas personas dirán que nuestra religión, el Islam, no acepta que las mujeres tomen parte en la vida política, pero nosotros sabemos que esa afirmación es infundada”, dijo Haddy, quien cumple su segundo periodo legislativo.

Sin embargo, mujeres de la oposición afirman que el espacio democrático en Gambia se ha visto notoriamente reducido, y que las detenciones de críticos al gobierno son la norma.

Mariama B. Secka, secretaria general del ala femenina del opositor Partido Democrático Unido, explicó que era difícil enfrentarse al gobierno en este país. Gambia ha tenido un partido dominante desde 1996, cuando el líder del ejército y ahora presidente Yahya Jammeh formó la APRC, luego de haber dado un golpe de Estado en 1994.

“Fui invitada a un foro de la Federación de Mujeres. Cuando me presenté como integrante de un partido de la oposición, fui abucheada y acosada. No es nada fácil. Necesitamos igualdad de condiciones”, dijo a IPS.

Y quien tiene la capacidad de cambiar esto es el mayoritario electorado femenino.

“Hemos notado que ni siquiera las mujeres con más educación votan. Es que queremos permanecer en nuestras zonas de confort”, dijo Touray. “Mientras las mujeres educadas no salgan a la calle, no podremos lograr lo que queremos”.

Pero Touray es optimista, y no descartó que se presente una candidata para las presidenciales de 2016.

“¡Por supuesto! ¿Por qué no? Es posible”, afirmó. “La política es para todos. Las mujeres estamos diciendo que tenemos derecho a estar allí, y queremos puestos electivos en lugar de ser designadas”.

 

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