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La matanza legal se multiplica

Presos paquistaníes en el pasillo de la muerte. Crédito: Fahim Siddiqi/IPS

Presos paquistaníes en el pasillo de la muerte. Crédito: Fahim Siddiqi/IPS

NACIONES UNIDAS, 28 mar 2014 (IPS) - El número de ejecuciones registradas en el mundo aumentó 14 por ciento el año pasado. Las medidas antiterroristas en Iraq y las políticas de mano dura contra las drogas promovieron más de la mitad de los casos de aplicación de la pena capital.

En un informe divulgado el jueves 27, la organización de derechos humanos Amnistía Internacional señaló que por lo menos 778 personas fueron ejecutadas en 22 países el año pasado, aunque el conteo no incluía a países como China, donde las estadísticas sobre la pena de muerte son secreto de Estado.

Se estima que ese país de Asia ejecuta a miles de prisioneros cada año por fusilamiento.

“China es un caso particular. Nada se le asemeja en términos de ejecuciones reales”, dijo Jan Wetzel, asesor sobre pena de muerte en Amnistía Internacional.

“Sin embargo, vemos algunas señales de esperanza, en especial en relación con las discusiones internas. Dentro de la elite china aumentan las dudas sobre la pena capital”, añadió.

Sin contar a ese gigante asiático, cuatro de cada cinco ejecuciones se realizaron en países de Medio Oriente: Irán, Iraq y Arabia Saudita.

El agravamiento del conflicto sectario en Iraq y la respuesta dura del gobierno provocaron un aumento de 30 por ciento en el número de aplicaciones del máximo castigo.
La mayoría de las 169 condenas a muerte en Iraq fueron aplicadas siguiendo una estricta ley antiterrorista aprobada en 2005 a instancias de Estados Unidos.

En su informe, Amnistía expresó preocupación por el lenguaje utilizado en la ley, que vagamente condena “actos como provocar, planificar, financiar, cometer o apoyar a otros que cometan terrorismo”.

“En Iraq hemos visto que esto empeoró la situación de seguridad. Los ataques armados entre insurgentes van en aumento, y el gobierno quiere usar la pena de muerte como una solución rápida, para mostrar firmeza”, dijo Wetzel a IPS.

Pero los ataques sectarios aumentaron conforme se incrementaron las ejecuciones, explicó, contradiciendo así el argumento para la aplicación de la pena capital.

“Sabemos que la pena de muerte no tiene un efecto disuasivo”, señaló.

Amnistía no pudo determinar si se realizaron ejecuciones judiciales en Egipto o Siria, aunque la brutal guerra civil en este último país pondría en duda su legalidad.

Egipto anunció esta semana las sentencias a muerte contra 528 supuestos partidarios del derrocado presidente Mohammad Morsi.

Al menos 369 personas fueron ejecutadas en Irán en 2013, aunque Amnistía estima que habría cientos de casos más no reportados oficialmente.

Ese país, donde las ejecuciones son públicas (al igual que en Arabia Saudita, Corea del Norte y Somalia), emplea el morboso espectáculo como herramienta política, señaló Mahmood Amiry-Moghaddam, cofundador de la organización Iran Human Rights.

“El gobierno iraní utiliza la pena de muerte para sembrar el miedo en la sociedad”, dijo a IPS.

“El momento en que se realizaron las ejecuciones en los últimos 10 años fue cuidadosamente coordinado. Por ejemplo, cuando las autoridades temían protestas, o inmediatamente después de que estas se realizaban, el número de ejecuciones aumentaba, pero cuando la comunidad internacional miraba a Irán, los números eran bastante bajos”, señaló.

La mayoría de las condenas a muerte en la República Islámica fueron por delitos de drogas, y la mayoría de los sentenciados eran pobres, incluyendo a inmigrantes afganos involucrados en el contrabando de opio y heroína.

Los ahorcamientos públicos en ese país, que habrían sido 59 en 2013 según Iran Human Rights, constituyen también casos de tortura, apuntó Amiry-Moghaddam.

Los condenados “son alzados por una grúa y a veces pasan más de 10 minutos antes de que mueran. Es una muerte lenta”, dijo.

Este año se divulgaron imágenes de uno de esos ahorcamientos, en los que el prisionero clama por su madre, que a su vez grita: “¡Mi pequeño, mi pequeño!”, mientras él permanece colgado de la soga.

A comienzos de este mes, el director general de la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), Yuri Fedotov, fue objeto de duras críticas tras haber aplaudido a las autoridades iraníes por sus esfuerzos en el combate al narcotráfico.

Varios países europeos retiraron su financiamiento de los programas de la UNODC en Irán debido a la aplicación de la pena capital en ese país.

“Irán tiene un papel muy activo en la lucha contra las drogas ilícitas”, dijo Fedotov. “Es muy impresionante”.

 

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