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Anfitrión de la ONU cierra con llave cuando quiere

NACIONES UNIDAS, 17 abr 2014 (IPS) - Estados Unidos rara vez le negó una visa a un jefe de Estado con intenciones de visitar Nueva York para dirigirse a la Asamblea General de la ONU, el órgano político más alto del foro mundial. Pero lo ha hecho.

Lo hizo por ejemplo en noviembre pasado, lo que llevó a Sudán a presentar una enérgica protesta ante el Comité Legal de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), queja que sin embargo no llamó mucho la atención.

Hassan Alí, alto diplomático sudanés, dijo a los delegados: “Al presidente democráticamente elegido de Sudán, Omar Hassan al Bashir, se lo privó de la oportunidad de participar en la Asamblea General debido a que el país anfitrión, Estados Unidos, le negó la visa.

El diplomático añadió que la negación constituye una violación del Acuerdo sobre la Sede de la ONU, firmado entre esta y el gobierno de Estados Unidos.

Además, se quejó de que Washington aplica medidas de presión arbitrarias contra las misiones extranjeras “dependiendo de cuán cercana sea la política exterior del país a la de Estados Unidos”.

“Fue una gran y deliberada violación al Acuerdo de Sede”, afirmó, denunciando también el cierre de cuentas bancarias de misiones extranjeras y de diplomáticos.

“Esas misiones no han tenido cuentas bancarias por más de tres años”, añadió.

La decisión de Estados Unidos de negarle la visa a Al Bashir tiene un trasfondo político, ya que el presidente está acusado por crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional (CPI).

¿Pero tiene Estados Unidos el derecho a actuar implícitamente en un proceso de la CPI cuando no forma parte del Estatuto de Roma, que dio a luz a ese tribunal?

“Buena pregunta”, dijo John Quigley, profesor emérito de derecho internacional de la Universidad del Estado de Ohio.

“Como usted sugiere, Estados Unidos no tiene obligaciones bajo el Estatuto de Roma”, señaló a IPS.

Por tanto, no tiene un compromiso que vaya en conflicto con su obligación de conceder una visa a un representante de un Estado miembro de la ONU, añadió. Sería más complicado si Washington fuera parte del Estatuto de Roma.

“Aun en ese caso, las dos obligaciones no tendrían que entrar en conflicto. O sea, Estados Unidos tendría la obligación de dejarlo entrar y, una vez que ingrese, tendría la obligación de llevarlo a la CPI”, explicó Quigley, autor del libro “The Ruses of War: American Interventionism Since World War II” (Los ardides de la guerra: el intervencionismo estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial).

La decisión de Estados Unidos de negar la semana pasada el visado al enviado especial iraní, Hamid Abutalebi, motivó nuevas acusaciones al gobierno de Barack Obama de violar el Acuerdo de Sede.

James A. Paul, quien se desempeñó durante 19 años como director ejecutivo del Global Policy Forum, dijo a IPS que Estados Unidos claramente viola el derecho internacional.

El analista explicó que Washington pasa por alto acuerdos internacionales específicos, como la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, de 1961, y en particular el Acuerdo de Sede, firmado en 1947 y ratificado por unanimidad por el Congreso legislativo estadounidense.

La negativa a otorgar visas es una de las tantas violaciones que ha cometido, algunas de las cuales reciben atención y otras no, afirmó.

“Yo creo que hubo cientos de casos en los que Estados Unidos se negó a otorgar visas por varias razones. También hubo cientos de otros casos de violaciones del acuerdo bajo otras formas”, dijo Paul, quien ha seguido de cerca los asuntos políticos dentro de la ONU por casi dos décadas.

El experto recordó que, ante la decisión de Estados Unidos de negar la visa al líder palestino Yasser Arafat en 1988, la Asamblea General debió trasladar su reunión a Ginebra, lo que implicó un gran costo económico y una complicación logística.

“Ese caso llegó a los titulares, pero la mayoría no”, dijo Paul, y citó como ejemplo la negativa de Washington a otorgarle la visa a un diplomático argentino acreditado en la delegación de Brasil ante el Consejo de Seguridad en 2010.

“Washington habría tomado esa decisión porque quería bloquear una coordinación regional en el Consejo, razón totalmente ilegítima”, señaló Paul, añadiendo que la persona afectada no representaba ninguna amenaza de seguridad.

“Así que podemos decir que Washington está convencido de que puede negar visas a quien quiera, y la mayoría de los gobiernos, por temor a consecuencias negativas, permanecen en silencio y no hacen un escándalo”, afirmó.

Quigley dijo a IPS que no encuentra ninguna excepción en el Acuerdo de Sede bajo el argumento de seguridad, terrorismo o política exterior.

Las resoluciones del Senado y de la Cámara de Representantes de Estados Unidos de prohibir la entrada al enviado iraní son irrelevantes, sostuvo.

“Lo que importa es el texto del Acuerdo de Sede”, dijo Quigley, y sostuvo que las leyes internas que adopte Estados Unidos no lo eximen de sus responsabilidades en ese tratado.

“Según leí en la nueva legislación adoptada por el Congreso, se da pie a negar una visa, pero todavía depende del presidente decidir si existe fundamento, así que no es el Congreso el que le niega la visa a una persona en particular”, añadió.

El presidente debería tomar el Acuerdo de Sede como su guía, sostuvo.

Washington acusó a Abutalebi de estar involucrado en la toma de rehenes de 1979 en la embajada estadounidense en Teherán.

Pero el gobierno de Irán asegura que solo fue un traductor y negociador, y que ni siquiera se encontraba en Teherán cuando la sede diplomática fue ocupada por el grupo llamado Estudiantes Musulmanes.

“Puedo reconocer cierta validez en la postura de que quienes deben resolver esto son Estados Unidos e Irán”, admitió, pero Washington “se niega a hacerlo y no parece inclinado a reconsiderarlo”.

Frente a esta situación, la ONU es la parte afectada, y no debería depender de Irán tomar la iniciativa en este asunto, opinó.

Paul dijo a IPS que algunos diplomáticos tienen restringidos los lugares donde pueden vivir o que pueden visitar en Estados Unidos. Muchas delegaciones diplomáticas también se quejan de las restricciones bancarias que les impone Washington, por las cuales no pueden pagar sus impuestos.

Finalmente, también está presente el escándalo del espionaje de la inteligencia estadounidense al personal y a las delegaciones de la ONU.

“Cuando juntas todo esto, tienes una imagen cruda de la indiferencia a las normas de la diplomacia y a los textos de los acuerdos internacionales. Es algo triste”, añadió.

 
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