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Gobierno de Sudán del Sur aprieta la mordaza

Celebraciones en el primer aniversario de la independencia, el 9 de julio de 2012, en Yuba. Periodistas alertan que ahora la democracia está en peligro. Crédito: Charlton Doki/IPS.

Celebraciones en el primer aniversario de la independencia, el 9 de julio de 2012, en Yuba. Periodistas alertan que ahora la democracia está en peligro. Crédito: Charlton Doki/IPS.

YUBA, 18 abr 2014 (IPS) - Conforme avanzan las fuerzas rebeldes en Sudán del Sur, el gobierno del presidente Salva Kiir endurece los controles a los medios de prensa locales.

Fuerzas leales al ex vicepresidente Riek Machar anunciaron el 15 de este mes haber tomado control de la localidad petrolera de Bentiu.

Aunque los periodistas señalan que la censura oficial comenzó en la independencia en 2011, la situación se agravó desde diciembre pasado, cuando estallaron los primeros enfrentamientos entre soldados de Kiir y de Machar en los cuarteles de Yuba, la capital.

El conflicto se propagó a otras partes de Sudán del Sur, y provocó la muerte de miles y el desplazamiento de unas 863.000 personas.

“Hemos registrado más de cinco casos de periodistas llevados a interrogatorio y detenidos en Yuba, así como más de 10 casos en otras partes del país desde que comenzó el conflicto en diciembre”, dijo Oliver Modi Philip, presidente de la Unión de Periodistas de Sudán del Sur.

“Les dicen a nuestros periodistas que informen de determinada manera a favor del gobierno. No quieren que se escuchen voces de la oposición. Pero como sindicato les estamos diciendo a los periodistas que deben mantener su ética y garantizar que su cobertura sea equilibrada”, dijo Philip a IPS.

El 10 de este mes, funcionarios del Servicio de Seguridad Nacional confiscaron copias del periódico Juba Monitor por haber publicado un perfil de la vida de Alfred Ladu Gore, exministro de Ambiente y aliado de Machar.

Ya el 18 de marzo habían confiscado copias del mismo diario donde salió un artículo informando que los rebeldes planeaban avanzar a Bor, capital del estado de Jonglei.

El mismo día, el Servicio de Seguridad Nacional confiscó el certificado de registro de Eye Media, grupo propietario de la Eye Radio, con sede en Yuba. La estación está todavía al aire pero sus periodistas son víctimas de presión. Uno de sus reporteros, Nichola Mandil, entrevistó a Gore, quien criticó al presidente y lo exhortó a renunciar.

Las autoridades citaron para un interrogatorio al jefe ejecutivo de la estación de radio, Stephen Omiri.

Por su parte, la editora de Eye Radio y quien aprobó la entrevista para su emisión, Beatrice Murail, se vio obligada a renunciar y abandonar Sudán del Sur. Desde entonces vive en Francia, su país natal.

“El ambiente de los medios se ha vuelto realmente difícil. Es complicado informar cualquier cosa en forma imparcial y equilibrada en este tipo de ambiente”, dijo Omiri a IPS.

“Nos vemos obligados a informar solo lo que le place al gobierno. No sé cómo va a funcionar esto”, añadió.

Funcionarios sursudaneses insisten en que los periodistas se refieran al estallido de violencia en Yuba del año pasado como intento de golpe.

Hasta ahora la mayoría de los reporteros que trabajan para medios privados se refieren a lo ocurrido como “supuesto golpe”, pues Machar negó que intentara derrocar a Kiir.

Machar pasó a la clandestinidad en diciembre, y en febrero anunció que había formado un grupo de resistencia contra el gobierno.

“Ustedes deben decir claramente que se trató de un intento de golpe liderado por Riek Machar”, les dijo a periodistas el ministro de Información, Micheal Makuei Lueth, durante una conferencia de prensa en Yuba con medios locales y unos pocos internacionales.

Lueth, también portavoz del gobierno, amenazó con la cárcel a periodistas locales que entrevistaran a rebeldes.

“Si entrevistan a los rebeldes y difunden esas entrevistas aquí en Sudán del Sur, están agitando (a la población). Están haciendo propaganda hostil y por eso los llevaremos a donde llevamos a las personas que están en conflicto con la ley”, afirmó.

“Vayan y hagan lo que quieran fuera de Sudán del Sur, pero no permitiremos que ningún periodista hostil al gobierno siga diseminando este veneno en el pueblo”, agregó.

En noviembre, Lueth ordenó a todos los periodistas a que se registraran ante el gobierno. Sin embargo, la mayoría se negaron a hacerlo, y el plazo expiró en diciembre.

En Wau, capital del estado de Bahr al Ghazal Occidental, funcionarios de seguridad exigieron a los medios de prensa que solicitaran una autorización antes de cubrir determinadas noticias.

El mes pasado, funcionarios de seguridad acosaron al periodista Michael Atit, de la radio Voice of Hope (la voz de la esperanza), fundada por la diócesis católica de Wau.

“Me dijeron que cada vez que quisiera trabajar en una noticia, primero obtuviera permiso de la seguridad nacional. También dijeron que luego de reunir el audio debía llevárselo a ellos para que decidieran si podía usarlo en la radio o no”, dijo Atit a IPS.

Atit se negó a cumplir las demandas de la policía.

Este acoso contrasta con el acuerdo de febrero de 2013 por el cual Sudán del Sur se convirtió en el primer país en adoptar una iniciativa respaldada por la Organización de las Naciones Unidas para crear ambientes seguros para los periodistas y trabajadores de prensa en general.

Edmond Yakani, de la organización no gubernamental Community Empowerment for Progress Organisation, señaló que la censura del gobierno estaba ahogando la incipiente democracia.

“La gente depende de los medios para una información equilibrada, así puede tomar decisiones informadas. Pero esta acción del gobierno de ahogar la libertad de expresión y de discurso, así como la libertad de prensa, es un intento de alimentarnos con rumores y con una versión parcial”, dijo a IPS.

“En este momento crítico, sería bueno para nuestro país que el gobierno permitiera a los medios operar libremente para que la gente pueda debatir los temas que les afectan. Solo cuando hay libertad de expresión, la democracia pude crecer”, añadió.

Mientras, Atit dijo que él y otros periodistas en Wau se sienten inseguros, porque los están vigilando. “Siento que ya no vale la pena trabajar como periodista en Wau”, afirmó, y añadió que considera la posibilidad de renunciar.

 
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