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La insurgencia islámica está mutando en Rusia

MOSCÚ, 25 abr 2014 (EurasiaNet) - Mientras la atención del Kremlin se dirige a Ucrania, el Emirato del Cáucaso, un grupo armado que busca crear un estado islámico en el norte del Cáucaso, amenaza la seguridad interna de Rusia de nuevas maneras.

La muerte del veterano líder del Emirato, Doku Umarov, desató el pasado otoño boreal una lucha interna de poder que causó un importante viraje en la estructura y estrategia de la organización.

Aunque inicialmente no fue bien recibido por ciertas células influyentes de la entidad, el sucesor de Umarov consolida ahora su autoridad y parece determinado a ampliar las capacidades operativas del movimiento.

Lo más significativo es que la influencia chechena en la organización parece haber disminuido.

En este punto, la principal pregunta es cuán rápidamente puede adaptarse el aparato de seguridad de Rusia a los cambios en el Emirato del Cáucaso. Un Kremlin distraído por los acontecimientos que se desarrollan en Ucrania puede fácilmente perder terreno ante la insurgencia mutante en el norte del Cáucaso.

El 18 de marzo, el Centro Kavkaz, principal portal de noticias sobre el Emirato del Cáucaso, anunció oficialmente el “martirologio” de Umarov, el jefe del movimiento.

Reconocido como una figura militar importante en la primera y la segunda guerras de Chechenia, Umarov adquirió destaque en 2007, al asumir el comando de la insurgencia y autoproclamarse primer emir de un recién formado Emirato del Cáucaso.

Si bien nació por intereses separatistas, el grupo se volcó hacia el movimiento yihadista mundial y se afilió a la red extremista Al Qaeda, del saudita Osama bin Laden.

No faltan nuevos reclutas para el Emirato del Cáucaso, debido al atropello ruso de los derechos básicos de la población.

En los últimos años, Umarov estuvo vinculado a una serie de ataques terroristas en Rusia, que incluyeron el atentado al aeropuerto de Moscú en 2011, los atentados suicidas de 2010 contra el metro de la ciudad y el de 2009 contra un tren que iba desde la capital a San Petersburgo.

Cada una de esas acciones dejó decenas de muertos y cientos de heridos. Su último vídeo de propaganda llamaba a los insurgentes islámicos a tomar como blanco los Juegos Olímpicos de Invierno 2014 en Sochi.

En los últimos años, sin embargo, Umarov desempeñó un rol cada vez menor en la planificación operativa. Su salida de escena, entonces, no alterará demasiado la organización terrorista, sugieren algunos expertos.

“El daño que infligió (al Emirato del Cáucaso) la muerte del líder es tangible, pero no será duradero”, escribió el investigador Simon Saradzhyan, del Centro Belfer para la Ciencia y los Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard, en un análisis publicado en marzo por el Moscow Times.

Las circunstancias que rodean la muerte de Umarov están envueltas en un manto de misterio: abundan las especulaciones, que van desde una enfermedad hasta un ataque con aviones teledirigidos o incluso una sublevación.

La demora en confirmar su muerte sugiere que esta disparó una lucha interna de poder, probablemente entre las “jamaats” (unidades) de Daguestán y de Kabardia-Balkaria, en disputa por el máximo cargo, que siempre había estado en manos chechenas.

Tras meses de tensas deliberaciones, un consejo integrado por seis emires provinciales seleccionó al teólogo avar Aliasjab Kebekov, alias Ali Abu-Mohammad.

El sucesor de Umarov carece del pedigrí militar de los comandantes anteriores, pero posee una notable formación teológica para empujar al Emirato del Cáucaso hacia una dirección estratégica y operativa diferente.

Radicado fuera de la República de Daguestán, Kebekov es un ex “qadi” (autoridad religiosa suprema) y el primer no checheno en liderar la insurgencia del norte del Cáucaso. Según funcionarios rusos de seguridad, fue él quien ordenó en 2012 a una atacante suicida matar al jeque sufí Said-Afandi Chirkeisky.

En una grabación de audio del mes de enero, Kebekov condena el “nacionalismo” y el “espíritu nacionalista” de los chechenos del Emirato del Cáucaso.

Tal retórica aspira a distanciar aún más al grupo del movimiento nacionalista checheno original de los años 90 y a reforzar su orientación yihadista, así como a luchar por un estado islámico sunita autónomo en Rusia, gobernado por una estricta interpretación de la shariá (ley islámica).

Mientras se distancia más de Chechenia, probablemente fortalezca sus operaciones en Daguestán, mediante una forma menos agresiva de la yihad.

Pese a cierta oposición, las últimas muestras de lealtad señalan que algunas jamaats y ciertos chechenos influyentes que manejan canales clave de financiamiento y de comunicación para el Emirato del Cáucaso, están aceptando el liderazgo de Kebekov.

Su elección también indica que el Emirato del Cáucaso puede extender su misión más allá de la región del Cáucaso norte. Operaciones recientes brindan evidencias sólidas de este posible viraje. Desde 2011, cientos de insurgentes salieron de Rusia para sumarse al Frente Al-Nusra, afiliado a Al Qaeda, en la guerra civil siria.

La organización también buscó asumir operaciones en la región rusa del Volga y los Urales. En 2012, los Muyahidines de Tartaristán, un grupo extremista muy vinculado al Emirato del Cáucaso, perpetró una serie de ataques contra líderes religiosos musulmanes en la ciudad rusa de Kazán.

Más recientemente, atacantes suicidas daguestaníes mataron a decenas de personas en atentados contra un autobús y una estación de tren en Volgogrado.

Por ahora, las autoridades rusas parecen decididas a seguir aplicando mano dura a la insurgencia.

El 19 de marzo, el secretario del Consejo de Seguridad ruso, Nikolai Patrushev, convocó a una reunión de gobierno en Chechenia para discutir cómo anular los canales de financiamiento de los insurgentes y frenar la amenaza de ataques fuera del Cáucaso norte. Pero al parecer no se evaluaron las consecuencias del cambio de mando en el Emirato del Cáucaso.

Las fuerzas rusas de seguridad eliminaron a jefes extremistas y a cientos de insurgentes en el norte del Cáucaso en los últimos años, asestando duros golpes a la organización.

Aún así, no faltan nuevos reclutas para el Emirato del Cáucaso, debido al atropello ruso de los derechos básicos de la población, incluidas la libertad religiosa y la equidad social y económica, y a la corrupción a gran escala.

Algunos observadores indican que, en las actuales circunstancias, la amenaza que plantea el Emirato del Cáucaso va a aumentar.

“La creciente importancia organizativa de la estructura de decisión del Emirato del Cáucaso representa un riesgo mayor de ataques terroristas a sitios turísticos y redes de transporte dentro de Rusia”, escribió el académico Jean-François Ratelle, de la Universidad George Washington, en un análisis.

Peter J. Marzalik es un analista independiente de asuntos islámicos en la Federación Rusa. Este artículo se publicó originalmente en EurasiaNet.org.

 
  • Horacio Teodoro Parenti

    Si son terroristas, y lo son, no pertenecen al Islam.

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