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Milicias cristianas se dividen en el norte de Siria

Miliciano cristiano sujeta su fusil a la entrada de su cuartel general en Derik, en el noreste de Siria. Crédito: Karlos Zurutuza/IPS

Miliciano cristiano sujeta su fusil a la entrada de su cuartel general en Derik, en el noreste de Siria. Crédito: Karlos Zurutuza/IPS

QAMISHLI, Siria, 24 abr 2014 (IPS) - Malki Hana dice que sus hombres tienen miedo de las cámaras. “Entiéndalo, la mayoría son desertores del ejército y no quieren problemas”, se excusa este comandante de Sutoro, uno de los grupos armados más desconocidos de Siria.

Desde su cuartel general en Derik, 700 kilómetros al noreste de Damasco, Hana relata a IPS los antecedentes de una milicia formada casi exclusivamente por miembros de la comunidad cristiana.

“Comenzamos a organizarnos a medida que el régimen se retiraba del noreste. Sutoro (“protección” en lengua siríaca) es nuestra alternativa al caos en el que está sumido el país”, asegura este antiguo mecánico de 34 años.

El repliegue de las tropas del gobierno de Bashar al Assad que menciona Hana facilitó que, en julio de 2012, los kurdos de Siria pasaran a controlar las zonas donde son mayoría, en el norte. La suya ha sido una apuesta por la neutralidad, distanciándose tanto del gobierno como de la oposición armada.

Hana habla de una “colaboración fluida” con las fuerzas de seguridad kurdas. “En Derik solo tenemos 100 combatientes, pero estamos en constante contacto con la Asayish (policía kurda) e incluso conducimos operaciones conjuntas”, dice. Pero la figura del traductor resulta aparentemente imprescindible.

“Nosotros no hablamos kurdo, y muchos de ellos no hablan árabe porque son kurdos de Turquía”, matiza Hana, cuyo idioma materno es el siríaco, una variante del antiguo arameo ampliamente extendida por el norte de Mesopotamia en la antigüedad.

Esta lengua milenaria parece ir mermando irremisiblemente. Censos anteriores a la guerra civil siria que estalló en marzo de 2011, situaban la proporción de siríacos en 10 por ciento de una población total de 23 millones.

Pero el que fuera durante años un refugio para muchos cristianos de oriente, sobre todo aquellos que huían de Iraq, se ha convertido en una nueva trampa para las minorías no musulmanas.

La Organización de las Naciones Unidas asegura que más de dos millones de sirios han abandonado este país desde el comienzo de la guerra, aunque resulta imposible saber cuántos de ellos pertenecen a la comunidad siríaca.

Si bien se tiende a pensar que los cristianos de Siria se han alineado mayoritariamente con Damasco, también existen voces discordantes al mandato de Al Assad.

Una de ellas es el Partido de la Unión Siríaca, una organización establecida en 2005 y que permaneció en la clandestinidad hasta que la nueva coyuntura en el noreste le permitió salir a la superficie en lugares como la fronteriza Qamishli, proclamada como capital del autónomo cantón de Jazeera, 680 kilómetros al noreste de Damasco.

Desde allí, Isoue Geouryie, líder del movimiento, advierte a IPS que muchos miembros de su comunidad han preferido “seguridad” a “derechos”.

“Tanto Hafez al Assad (1971-2000, padre del actual presidente) como su hijo negaron nuestros derechos porque ni siquiera reconocían la existencia del pueblo siríaco en Siria”, explica este veterano disidente que dice no temer represalias, a pesar de tener “muchos colaboradores presos en Damasco”.

Las procesiones de la Semana Santa cristiana en Qamishli son conocidas en todo el país. Sin embargo, la situación aquí no tiene paralelo en ninguna otra región: las tropas gubernamentales siguen controlando el centro de la ciudad y el aeropuerto mientras que las afueras permanecen bajo dominio kurdo. Geouryie dice preferir a estos últimos.

“Uno de los pasos más importantes que se han dado aquí ha sido la declaración de una región autónoma en (el cantón de) Jazeera, así como la redacción de una especie de Constitución que reconoce nuestra lengua, junto con el kurdo y el árabe, como cooficiales”, subraya el líder político.

Sobre la milicia Sutoro, Geouryie presenta a sus miembros como “legítimos y necesarios defensores de la comunidad”, pero traza una línea entre “los que trabajan duro junto con los kurdos y los que lo hacen con el régimen”.

En el cuartel general de los primeros, al oeste de Qamishli, el comandante local Luey Shamaaon asegura que su cuerpo está formado por 200 hombres armados, pero también corrobora que otros están alineados con Al Assad.

Aparentemente, la división entre ambas facciones de esta milicia cristiana se produjo hace siete meses. Shamaaon insiste en que son ellos, “y no los otros”, el Sutoro “auténtico”.

“El régimen arrestó a varios de los nuestros, pero los intercambiamos por gente que capturamos de sus puestos de control”, recuerda este siríaco de 33 años.

Dada la reiterada negativa del gobierno sirio a conceder un visado a este reportero, la única fórmula para trabajar en Qamishli pasa por cruzar la cercana frontera de Iraq con consentimiento kurdo, pero sin el de Damasco.

Así las cosas, IPS no pudo cotejar de manera independiente las informaciones aportadas sobre la milicia cristiana leal a Al Assad, pero sí que esta se identifica, tanto en sus vehículos como en sus uniformes, bajo el nombre de Sootoro.

“¿Que si tenemos contacto con ellos? Por supuesto, pero solo a nivel personal. Cuando me quito este uniforme puedo discutir pacíficamente de política con cualquiera”, dice a IPS uno de los milicianos de Sutoro en Qamishli, que prefiere no identificarse.

La sensación de que los lazos entre la comunidad cristiana local no se han roto del todo, a pesar del conflicto, es palpable en el centro de la ciudad.

Desde uno de los numerosos cibercafés, Lara, una siríaca de 21 años, se muestra agradecida a Sutoro y a sus aliados kurdos.

“De no ser por las YPG (siglas en kurdo de Unidades de Protección Popular, la milicia de ese pueblo que controla la región), los islamistas nos habrían borrado del mapa hace mucho tiempo”, asegura esta universitaria.

Grupos afines a la red extremista e islamista Al Qaeda, muchos de los cuales ingresan a Siria través de la frontera turca, mantienen un asedio sobre la región desde el otoño de 2012.

Desde una computadora cercana, Edmon elude la conversación declarándose “neutral”.

Pero Maryam, del mismo grupo de amigos, no duda en dar su versión: “Sutoro se ha autoerigido en defensor de los cristianos sin preguntar a nadie. Que yo sepa, las únicas Fuerzas Armadas legítimas en Siria son las del gobierno”, sentencia esta joven abogada, justo antes de conversar por Internet con su hermano en Suecia.

“La mayor parte de mi familia está allí”, añade con una leve sonrisa.

 

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