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Somalíes en Uganda todavía no quieren (o no pueden) volver a casa

Se estima que en el tugurio de Kisenyi, en Kampala, vive gran parte de los casi 12.000 inmigrantes somalíes que residen en Uganda. Crédito: Amy Fallon/IPS.

Se estima que en el tugurio de Kisenyi, en Kampala, vive gran parte de los casi 12.000 inmigrantes somalíes que residen en Uganda. Crédito: Amy Fallon/IPS.

KAMPALA, 2 abr 2014 (IPS) - Unos hombres vestidos con “kamis”, las largas túnicas blancas tradicionales,  suben unos escalones e ingresan a Somcity Travel, una pequeña agencia de viajes en el tugurio de Kisenyi, en la capital de Uganda. La empresa familiar se jacta de “volar a todo el mundo”, pero su gran destino es Somalia.

“En un día podemos tener hasta cinco clientes y cuatro suelen ser somalíes”, dice Mohammad Abdullahi, de 25 años y gerente de Somcity Travel.

La agencia de viajes se ubica frente a la tienda de cosméticos Al Baraka y al local de Cadaysay, dedicada a la transferencia de dinero por teléfonos celulares, que además vende junto con sus accesorios.

“Algunos de ellos vuelven a Somalia para las vacaciones. Pero siempre regresan. El negocio está en auge. Estamos reservando muchos pasajes”, dice Abdullahi a IPS.

Kisenyi, apodada Pequeña Mogadiscio, es el centro de la comunidad somalí en este país de África oriental desde los años 90, explica.

El despegue de las empresas comenzó en 2002. Actualmente, las calles de Kisenyi están repletas de agencias de viajes, hoteles, restaurantes, estaciones de servicio, supermercados y otros negocios, todos con propietarios somalíes. Y también hay una mezquita.

“Somos muy duros a la hora de hacer negocios, a veces incluso podemos desafiar a los indios”, dice a IPS el diplomático Abdul Kadir Farah Guled, de la embajada de Somalia en Kampala, en Uganda desde 1974.

“Tenemos mal genio, a veces no nos caemos bien por conflictos tribales, pero nos apoyamos  unos a otros”, agrega.

Es difícil acceder a estadísticas oficiales, pero Guled calcula que hasta 12.000 somalíes vivirían dispersos por Uganda, que alrededor de 85 por ciento de la población de Kisenyi es somalí y que gran parte de ellos son refugiados o ugandeses de origen somalí. Se cree que en el tugurio viven unos 4.000 refugiados somalíes.

El área es un lugar de transición para muchos, un peldaño hacia una vida mejor.

“Los somalíes son respetados por los ugandeses, y el gobierno también los apoya”, dice Abdullahi. El presidente de Uganda, Yoweri Museveni, lo observa desde un retrato enmarcado y colgado sobre su escritorio. En la misma pared hay un afiche de Brussels Airlines que reza: “África, toda para ti”.

Abdullahi vivía en Mogadiscio, pero en 2007 huyó de Somalia junto con parientes y amigos. Tenía apenas 17 años.

“Vine aquí para acceder a educación y tener una vida diferente a la que tenía allá, donde hay una guerra civil”, explica.

Insurgentes de la red terrorista Al Shabaab fueron expulsados de Mogadiscio en 2011, pero todavía controlan muchas áreas rurales de Somalia.

Cuando Abdullahi llegó a Uganda, donde su tío Ahmed se había instalado en 2003, no hablaba inglés. En Somalia, la lengua oficial es el árabe. Pero actualmente Abdullahi habla inglés fluidamente, y trabaja seis horas diarias en Somcity Travel, donde gana unos 200 dólares mensuales.

“En Somalia está mejor, pero todavía hay algunos problemas, como bombardeos a viviendas. Es un problema salir a caminar por la noche”, dice.

Para la mayoría de los somalíes que llegan por primera vez a Uganda, la barrera del idioma es un gran problema, señala Shukri Islow, de 28 años, fundadora de la organización no gubernamental Somali Youth Action For Change.

Ella creó la organización para ayudar a los  jóvenes somalíes en Uganda y acortar la brecha entre ambas comunidades.

“Cuando una conoce el idioma tiene un sentido de pertenencia”, dice Islow, quien nació en Somalia y abandonó el país cuando tenía ocho años. Vivió en Suecia, Egipto y Arabia Saudita antes de instalarse en Uganda en 2009.

“Les damos esa inspiración, motivación y empoderamiento (para que sientan que) pueden hacerlo, que nunca es demasiado tarde, incluso si tienen 20 años”, añade.

Actualmente, Islow, quien en noviembre se licenció en relaciones internacionales y diplomacia por la ugandesa Universidad Cavendish, es el rostro de la comunidad de jóvenes somalíes en Uganda.

También asesora a los soldados ugandeses de la Misión de la Unión Africana en Somalia (Amisom) desplegados en Somalia, sobre cuán diferente es su país y qué esperar allí.

Uganda fue el primer país en desplegar tropas en Somalia en el marco de la Amisom, en 2007. Una fuerza de 22.000 efectivos de la Unión Africana opera allí bajo mandato de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Uganda lidera la fuerza, con 6.223 soldados, pero a comienzos de marzo dijo que enviaría hasta 410 militares extra para custodiar instalaciones de la ONU.

La última vez que Islow estuvo en Somalia fue en 2002, cuando la situación era “mucho, mucho mejor”.

“Hoy no sabes quién te matará mañana, y tampoco sabes el motivo. Te atacan por tu estilo de vida o por tu ideología”, dice a IPS.

Ella es consciente de que corre peligro si viaja a su país.

“Tengo mucho riesgo (de ser atacada por Al Shabaab) si voy allí porque estoy en las redes sociales y hay fotografías mías con soldados ugandeses”  en Internet, explica Islow.

Ella tiene familiares que todavía viven en Somalia y le gustaría, alguna vez, poder volver a casa de modo permanente.

Pero por ahora continuará viviendo en otra parte, y espera continuar sus estudios en Melbourne, Australia.

Abdullahi espera hacer lo mismo. Tiene un tío en Australia y se anotó en un curso de administración que empezará en julio en una facultad de Sydney.

“Quiero proseguir mi educación y al mismo tiempo trabajar y tener una vida mejor, casarme y tener hijos”, dice.

En enero, la embajada de Somalia en Uganda realizó su primer compromiso en la historia con la diáspora somalí en Kampala para debatir sobre el proceso de paz y de estabilización en curso en la nación del Cuerno de África. Los funcionarios esperan que jóvenes educados como Abdullahi e Islow vuelvan para ayudar a reconstruir el país.

La diáspora ya ha contribuido mucho con Somalia. Un informe de 2011 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estima que los somalíes que viven en el exterior suman entre un millón y 1,5 millones de personas.

Según ese reporte, se estima que los somalíes de la diáspora envían remesas de entre 1.300 y 2.000 millones de dólares anuales, lo que ayuda mucho a los que dejaron atrás.

En julio de 2013,  Air Uganda inició vuelos directos desde el Aeropuerto Internacional de Entebbe hacia Mogadiscio.

Abdullahi no ha vuelto a Somalia desde que se fue. Y si lo hiciera, como muchos de sus clientes, es posible que el pasaje sea de ida y vuelta.

“Me he adaptado a esta vida en el extranjero, y algunas cosas no son favorables en Somalia, así que vivir allí no sería para bien”, dice.

 

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