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Tormenta en un plato de arroz

Arroceros de Corea del Sur protestan en Seúl contra las nuevas importaciones en el marco de un acuerdo con la OMC. Crédito: Ahn Mi Young/IPS

Arroceros de Corea del Sur protestan en Seúl contra las nuevas importaciones en el marco de un acuerdo con la OMC. Crédito: Ahn Mi Young/IPS

SEÚL, 25 abr 2014 (IPS) - El arroz, alimento ancestral y básico de Corea del Sur, experimenta una crisis en la que se mezclan hábitos alimentarios de la modernidad y temores fundados de los agricultores.

Para cumplir compromisos ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), el gobierno deberá decidir en junio qué hace con las importaciones arroceras.

Las opciones son abrir el mercado local a proveedores extranjeros o seguir importando una cuota fija anual de países como Estados Unidos, China y Tailandia.

Abrir el mercado arrocero significa competencia para las variedades locales del grano y la segura oposición de los agricultores sudcoreanos. Pero mantener la cuota implica el ingreso de una enorme cantidad de arroz extranjero justamente cuando la demanda interna viene mermando.

Los sudcoreanos ya no siguen fielmente la ancestral “dieta campesina”: un cuenco de arroz, una sopa de frijoles fermentados y las verduras picantes del “kimchi”.

“Si se firma un acuerdo de libre comercio con Beijing, ¿cómo podrá Seúl imponer un arancel de 300 por ciento al arroz chino?” – Lee Byong-Gyu

La gente cena afuera más a menudo y opta por otros menúes. Muchas mujeres que hacen dieta para adelgazar reducen su ingesta de arroz.

El sudcoreano promedio consumía 140 kilogramos de arroz por año en 1982. Diez años después ese consumo cayó a casi 113 kilos y para 2013 ya era de apenas 67,2, según datos del Ministerio de Agricultura.

En 1993, cuando el gobierno intentó abrir el sector arrocero, decenas de miles de agricultores indignados protestaron en todo el país.

El lema de aquellas movilizaciones fue: “Abrir el mercado del arroz es como ceder la soberanía alimentaria del país”.

Entonces las autoridades prometieron que no liberalizarían el sector arrocero.

La OMC aceptó que Corea del Sur adoptara una norma de acceso mínimo al mercado. En virtud de ella, Seúl debía autorizar una importación fija de arroz según una cuota anual.

En 1994, Corea del Sur empezó a importar cuatro por ciento de su consumo anual de arroz. En 2004, este acuerdo se extendió por otros 10 años, con la condición de que la cuota aumentara en 20.000 toneladas cada año.

Por lo tanto, el arroz importado pasó de unas 225.000 toneladas en 2005 a 408.000 toneladas en 2014. La cantidad que se importa actualmente equivale a 10 por ciento de la producción arrocera nacional, que el año pasado fue de 4,23 millones de toneladas.

Los principales vendedores son China, Estados Unidos y Tailandia, y también se importa desde India, Vietnam y Camboya.

Sin embargo, pocos surcoreanos compran arroz importado, pues hay una firme preferencia por la “deliciosa” variedad local.

La mayor parte del arroz importado lo adquieren las industrias alimentaria y de licores, pero también estas dependen crecientemente del arroz sudcoreano, porque es el que prefieren los consumidores.

El acuerdo de Seúl con la OMC expira a fines de este año. En junio el gobierno deberá decidir, y notificar en septiembre a la organización. Es muy poco probable que esta permita a Corea del Sur seguir protegiendo su mercado arrocero.

“Si nos abrimos, intentaremos imponer un arancel de 300 a 500 por ciento al arroz importado. Entonces la diferencia de precios será tan grande que la apertura no afectará a nuestros agricultores”, dijo a IPS un alto funcionario del Ministerio de Agricultura.

Tal propuesta debe ser ratificada por la OMC. “La cuestión clave será cuán alto se puede llevar el arancel a la importación de arroz”, señaló el ministro de Agricultura, Lee Dong-Pil, en una conferencia de prensa en marzo.

Actualmente, el arroz nacional se vende a 162 dólares por gamani (80 kilogramos). Si Corea del Sur importa a costos de entre 56 y 65 dólares por gamani e impone un arancel de 400 por ciento, el precio del alimento importado llegaría a 280 dólares por gamani.

“Entonces habrá incluso menos empresas que compren arroz importado”, dijo una alta fuente del Ministerio de Agricultura que pidió no revelar su nombre.

“Esto explica por qué los principales exportadores de arroz, como China o Estados Unidos, pueden abrigar el secreto deseo de que Seúl mantenga el actual sistema de cuotas”, agregó.

El gobierno cree que volver a acordar una cuota de importaciones no ayudará al país.

“Otra demora no beneficiará a Corea del Sur”, dijo Lee, en referencia a las crecientes existencias de arroz importado.

Pero la sola mención de abrir el mercado ya ha desatado protestas de agricultores.

Cientos de arroceros se congregaron el 13 de marzo en Seúl para oponerse a la libre importación. “Mientras plantamos arroz en nuestros campos también sembramos las semillas de la preocupación en nuestro corazón”, rezaba una pancarta en la manifestación.

“Nunca aceptaremos una apertura del mercado arrocero”, decía otra.

En este país hay 1,15 millones de agricultores, y 494.352 se dedican al cultivo de arroz, según datos de 2012 del Servicio Coreano de Información Estadística.

El mes pasado, unos 10.000 agricultores se reunieron en las afueras de un edificio de Seúl donde funcionarios comerciales de Corea del Sur y China estaban reunidos para acordar un tratado de libre comercio que permitiría aumentar el intercambio bilateral, reduciendo o eliminando los aranceles.

El líder de los manifestantes, Lee Byong-Gyu, formuló entonces la pregunta clave: “Si se firma un acuerdo de libre comercio con Beijing, ¿cómo podrá Seúl imponer un arancel de 300 por ciento al arroz chino?”.

 
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