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Después del Talibán, la depresión

Desplazados por la violencia en el norte de Pakistán esperando ser admitidos en el campamento de Jalozai, próximo a Peshawar. Crédito: Ashfaq Yusufzai/IPS

Desplazados por la violencia en el norte de Pakistán esperando ser admitidos en el campamento de Jalozai, próximo a Peshawar. Crédito: Ashfaq Yusufzai/IPS

PESHAWAR, Pakistán, 12 may 2014 (IPS) - Todas las noches, cuando duerme, Rizwan Ahmed ve cómo asesinan a sus hijos. “Al despertar, rompe en llanto. Se da cuenta de que están muertos y que tuvo otra pesadilla”, dice Mian Iftikhar Hussain, el psiquiatra que lo trata.

Ahmed, de 51 años, era empleado en una escuela de Jyber Bara, una de las siete agencias o distritos de las Áreas Tribales bajo Administración Federal (FATA, por sus siglas en inglés) antes de que sucediera la tragedia familiar, hace casi un año.

“Perdió a sus dos hijos varones por la violencia. Su pena no dejó de crecer. Lo trajeron a nuestro hospital en diciembre del año pasado en la última etapa de su trastorno mental”, explicó a IPS el médico Hussain, director ejecutivo de la Sociedad de Promoción del Bienestar en Salud (HPWS).

“Ahora sus posibilidades de mejora son escasas. De haber llegado antes, se lo podría haber tratado”, agregó.

HPWS dirige el hospital psiquiátrico de Iftijar, de 40 camas, ubicado en las afueras de Peshawar, para ayudar a los enfermos mentales de las FATA.

Según la Organización Mundial de la Salud, 10 por ciento de los más de 182 millones de pakistaníes sufren problemas psicológicos, pero este país tiene apenas 300 psiquiatras.

Más de dos millones de personas fueron desplazadas de las FATA, contiguas a la norteña provincia de Jyber Pajtunjwa, por la insurgencia del movimiento extremista Talibán y la represión militar. La pérdida de parientes cercanos, el desplazamiento y las condiciones en que viven propician trastornos mentales generalizados.

Pero la mayoría de estos pacientes pasan desapercibidos debido a la escasez de psiquiatras y psicólogos, y a la falta de conciencia de los trastornos psicológicos y las enfermedades mentales en general.

“Con frecuencia los pacientes sueñan con los cuerpos carbonizados de sus seres queridos, muertos por las balas y los morteros. Estas personas requieren un tratamiento continuo”, señaló Hussain.

“Cuando concluye el tratamiento también ofrecemos capacitación vocacional a los pacientes”, agregó.

Las mujeres y los niños son las víctimas más frecuentes.

La esposa de Ziarat Gul, un agricultor de la agencia Bajaur, es otra paciente en el hospital de Iftijar. “Nuestro hijo fue asesinado mientras jugaba frente a casa. El trauma la superó cuando vio su cuerpo manchado de sangre”, contó Gul, de 51 años.

Ahora la mujer muestra indicios de mejora gracias a la medicación, sostiene su esposo, quien también sufre porque ya no puede atender su granja.

El conflicto sin fin y las ofensivas militares contra los insurgentes se cobraron un alto precio entre las familias de las FATA. “Nuestros hijos crecieron en medio de la violencia. Hablan del ejército, los talibanes, los bombardeos, los ataques con aviones no tripulados y los toques de queda”, relató Gul.

Después de que las fuerzas lideradas por Estados Unidos derrocaron al gobierno del Talibán en Afganistán a fines de 2001, muchos insurgentes cruzaron al vecino Pakistán y se refugiaron en las FATA. Integrada por siete agencias o distritos, la zona está repleta de talibanes y de insurgentes de la red extremista Al Qaeda en guerra con las fuerzas pakistaníes.

La gente común queda atrapada en el fuego cruzado. Los desplazados de las FATA se encuentran dispersos por toda Jyber Pajtunjwa.

Según la Organización Mundial de la Salud, 10 por ciento de los más de 182 millones de pakistaníes sufren problemas psicológicos, pero Pakistán tiene apenas 300 psiquiatras.

Las zonas propensas a la violencia no tienen psiquiatras, y pocos afectados pueden viajar a Peshawar, la capital de Jyber Pajtunjwa.

Ajmal Shah tiene 10 años y vive en la agencia Jyber, donde fueron desplazadas 73.562 familias en los últimos dos años, según la Autoridad Nacional de Gestión de Desastres. El niño relata cómo vio morir a su hermano mayor en 2011 cuando un juguete-bomba le explotó en las manos.

“Él había tomado de la arena un caballo de juguete de plástico y lo estaba mirando cuando explotó. Vi cómo su carne flotaba en el aire. No lo puedo olvidar”, dijo Shah.

Cifras del departamento de salud de Jyber Pajtunjwa indican que los hospitales públicos trataron a 82.345 pacientes en 2013, de los cuales casi 60.000 procedían de las FATA y buscaban tratamiento para sus dolencias psicológicas.

“La proporción de mujeres y hombres afectados es de 2 a 1. Las mujeres son más propensas al estrés postraumático que los hombres porque ellas se quedan en sus casas debido a los tabúes sociales, mientras los hombres pueden salir y entretenerse”, dijo el psiquiatra Murtaza Ali, de la agencia Mohmand en las FATA.

La mayoría de los desplazados presentan algún desorden, aseguró. La extrema pobreza los ha golpeado con fuerza.

El jefe de la sala de psiquiatría del hospital universitario de Jyber, Syed Muhammad Sultan, destacó que los pacientes requieren asesoramiento y psicoterapia. La terapia de rehabilitación y ocupacional después del tratamiento también es importante para prevenir la recaída, explicó.

“El uso de fármacos psicotrópicos se disparó en las FATA. Más personas apelan a tranquilizantes, sedantes y antidepresivos”, afirmó el psiquiatra.

Muchos en la zona de conflicto se quejan de insomnio. “La mayoría le teme a un futuro sombrío. Los atrapa la ansiedad”. La situación solo puede empeorar, ya que el fin del conflicto no está a la vista, se lamentó.

 
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