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Kenia debate si implementar la opción B+ contra el VIH

Con la nueva forma de lucha contra el VIH (opción B+) se suministra a las mujeres embarazadas un tratamiento de por vida que no depende del conteo de células CD4. Crédito: Miriam Gathigah/IPS

Con la nueva forma de lucha contra el VIH (opción B+) se suministra a las mujeres embarazadas un tratamiento de por vida que no depende del conteo de células CD4. Crédito: Miriam Gathigah/IPS

NAIROBI, 27 may 2014 (IPS) - En medio de una crisis en el sector de la salud en Kenia, los especialistas discuten si conviene implementar la nueva opción B+ para evitar la transmisión materno-infantil del VIH a escala nacional o solo un plan piloto en centros de salud con muchos pacientes, como los hospitales de referencia.

La opción B+ es el último tipo de tratamiento recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para mujeres embarazadas que tienen VIH (virus de inmunodeficiencia humana), causante del sida.

Con las anteriores alternativas, la opción A y la B se administraban antirretrovirales a la mujer y al bebé solo durante el embarazo y la lactancia; y solo se recomendaba un tratamiento de por vida a quienes tenían un conteo de células CD4 menor a 350.

Las células CD4 del sistema inmunológico son las que luchan contra las infecciones en el organismo.

La opción B+ implica el suministro de una terapia antirretroviral de por vida a las mujeres embarazadas, sin importar el conteo de estas células.

El debate se produce mientras la sanidad keniata atraviesa actualmente variadas dificultades, desde escasez de proveedores hasta una serie de huelgas que perturbaron los servicios.

El médico John Ong’ech, director adjunto del Hospital Nacional Kenyatta, dijo a IPS que en 2013, cuando comenzó la discusión sobre si iniciar la opción B+ en Kenia “a escala nacional, la gente no estaba de acuerdo si implementarla totalmente”.

Actualmente, el tratamiento solo está disponible en los dos grandes hospitales de referencia, el Hospital Nacional Kenyatta, en la provincia de Nairobi, y el Hospital de Referencia Moi, en el valle del Rift, y en algunos otros pocos centros de salud locales.

“Algunas personas creen que primero necesitamos arreglar los sistemas en el sector de la salud”, indicó Ong’ech.

“Para que las pacientes comiencen a recibir la opción B+, se necesitan médicos clínicos porque hay muchas cosas que considerar, como la toxicidad de los medicamentos cuando se inicia un tratamiento para que las enfermeras se puedan manejar”, explicó.

En 2013, casi 20.000 mujeres embarazadas seropositivas comenzaron una terapia antirretroviral de por vida. Se necesita incluir a otras 55.860 para lograr una cobertura de 100 por ciento, según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas contra el VIH/Sida (Onusida)

Falta de recursos humanos

El médico Okoth, que trabaja en un centro de prevención de la transmisión materno-infantil del VIH en la provincia de Nyanza, dijo a IPS que implementar la opción B+ no es solo cuestión de asegurar la disponibilidad de medicamentos.

“Las historias clínicas tienen que estar organizadas para ver si las pacientes están incumpliendo y para detectar a las omisas. Eso es casi imposible en la actualidad por la falta de personal. Tenemos una crisis de recursos humanos en el sector de la salud”, explicó.

Kenia tiene unas 36.000 enfermeras en el sector público y el privado, pero necesita por lo menos 80.000 más, según estadísticas oficiales.

Ong’ech coincidió: “Si ya hay problemas con el cumplimiento entre pacientes con VIH que están en tratamiento, no hay que implementar la opción B+ porque no hará más que empeorar la situación”.

El director de servicios médicos, Simon Mueke, reconoció los problemas en la atención de la salud debido a los conflictos laborales que afectaron los servicios dedicados a la prevención del contagio materno-infantil.

En diciembre de 2011, los médicos realizaron una huelga en reclamo de más presupuesto para la salud. En marzo del año siguiente fue el turno de las enfermeras, quienes estuvieron en conflicto durante dos semanas. Cinco meses después, otra vez los médicos decidieron interrumpir el trabajo normal durante tres semanas. En 2013, hubo más huelgas, y este año podrían seguir si el gobierno no aumenta el personal.

No sorprende que la cobertura en la prevención de la transmisión materno infantil del VIH haya caído 20 por ciento en 2011 y 2012, según Onusida.

Costo y logística

El precio y la logística de implementar la opción B+ en todo el país implican desafíos adicionales.

Ong’ech dijo que si bien hay disponibilidad de antirretrovirales en todo el país, “Kenia debe diseñar una forma rentable de suministrar los medicamentos adicionales para la opción B+”.

Los medicamentos que requiere el actual tratamiento con antirretrovirales cuesta menos de 30 por ciento de su costo total. El nuevo régimen de dosis fija con una única gragea asciende a unos 180 dólares por paciente y por año, según el Ministerio de Salud. Y se prevé que en un futuro sea incluso menor.

“El sistema de salud y la prestación de los servicios son los responsables del restante 70 a 80 por ciento”, explicó Okoth. “Se necesitan más laboratorios y realizar detecciones de la carga viral para garantizar que las mujeres cumplan con el tratamiento”, remarcó.

Otro problema es la distancia entre el lugar de residencia y el centro de salud. En Kisumu, en la provincia de Nyanza, la distancia promedio es de unos 5,8 kilómetros, mientras que en Mandera, en la provincia Nororiental, es de 20, añadió Okoth.

Pero la directora de Onusida en Kenia, Maya Haper, dijo a IPS que la opción B+ es una iniciativa rentable. “A la larga reduce la carga sobre el sistema de salud y sobre las mujeres pobres. Suministrar y quitar el tratamiento cada vez que están embarazadas es mucho más caro”, aseguró.

Además de los problemas de infraestructura, el médico Dave Muthama, de la Fundación Elizabeth Glaser para la atención Pediátrica del Sida, dijo que el estigma “sigue siendo uno de los mayores obstáculos”.

En el Hospital Nacional Kenyatta, Ong’ech ve a diario cómo el estigma afecta a las pacientes. Algunas reciben los antirretroviales, pero no los toman, mientras otras se niegan a recogerlos por temor a ser descubiertas.

La pobreza es otro problema en la lucha contra el VIH/sida. “Las mujeres no van a las consultas médicas porque se pierden de ganar dinero”, explicó Muthama.

Según este médico, la erradicación de la transmisión materno-infantil del VIH requiere estructuras sociales que sostengan a las mujeres seropositivas.

“La sociedad debe atravesar las mismas cuatro etapas que pasan la mayoría de las personas que se enteran que son portadoras del VIH: negación, rabia, aceptación y superación”, apuntó.

 

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