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Bolivia pone en órbita al área rural con satélite propio

El Palomar, una localidad rural, a unos 40 kilómetros de La Paz, en Bolivia. Crédito: Gustav Cappaert /IPS

El Palomar, una localidad rural, a unos 40 kilómetros de La Paz, en Bolivia. Crédito: Gustav Cappaert /IPS

EL PALOMAR, Bolivia, 23 jun 2014 (IPS) - María Eugenia Calle, una funcionaria de la comunidad agrícola de El Palomar, en Bolivia, accedió a Internet hace muy poco. Pero ahora todo será distinto porque su localidad contará con uno de los cerca de 1.500 centros de telecomunicaciones rurales, que operarán desde este año en el país.

El telecentro de El Palomar, a unos 40 kilómetros de La Paz, será atendido como los demás por Túpac Katari 1, un satélite que este país sudamericano lanzó desde China a fines de 2013.

El presidente Evo Morales afirma que el satélite permitirá que la totalidad de los 10,6 millones de habitantes de este vasto país tengan acceso a Internet, telefonía celular, programas de educación a distancia y más de 100 canales de televisión.

"Bolivia no tiene salida al mar, así que los cables submarinos de fibra óptica no llegan al país, por lo que sus habitantes se conforman con una de las conexiones de más baja velocidad y más caras del mundo. Las esperanzas puestas en el satélite son altas".

En el futuro centro de telecomunicaciones de El Palomar, Calle y un pequeño grupo de curiosos observaban cómo un periodista encendía una computadora para probar la señal.

“Vaya a Estados Unidos. Muéstrenos la Casa Blanca. Busque a Toyota… al Real Madrid”, sugirieron.

Bolivia es uno de los países más pobres de América Latina, y también es uno de los menos conectados. Solo 7,4 por ciento de sus habitantes tienen acceso a Internet en sus hogares, la menor cantidad del continente, de lejos.

Bolivia no tiene salida al mar, así que los cables submarinos de fibra óptica no llegan al país, por lo que sus habitantes se conforman con una de las conexiones de más baja velocidad y más caras del mundo. Así que las esperanzas puestas en el satélite son altas.

“¿Es un sueño, verdad?”, señaló Calle, de 40 años y secretaria de educación de El Palomar. “Estoy feliz de que mis hijos puedan comunicarse con Estados Unidos, otros países, o aquí en Bolivia con La Paz, Cochabamba”, destacó.

Con modestos ingresos anuales y con una densidad de poco más de nueve habitantes por kilómetro cuadrado, Bolivia es un caso raro entre los 45 países que tienen un satélite de comunicaciones propio, ya que por lo general estos son ricos, densamente poblados o ambos.

Sin embargo, un número creciente de países en desarrollo están haciendo la inversión. En los próximos dos años, Angola, Nicaragua, República Democrática del Congo, Turkmenistán y Sri Lanka lanzarán satélites propios al espacio.

Un cartel publicitario del satélite Túpac Katari en la ciudad boliviana de Cochabamba. Crédito: Gustav Cappaert/IP

Un cartel publicitario del satélite Túpac Katari en la ciudad boliviana de Cochabamba. Crédito: Gustav Cappaert/IP

El medio rural presenta obstáculos a la expansión de Internet. El costo de la instalación y mantenimiento de los equipos y la capacitación del personal encargado de la nueva tecnología es más alto cuanto mayor sea la distancia de las ciudades, explicó Francisco Proenza, un estudioso de las tecnologías de la información y profesor de Ciencia Política en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Mientras el uso de teléfonos móviles aumentó de manera espectacular, Internet está rezagada. En el Perú rural, por ejemplo, 62 por ciento de los hogares poseen un teléfono móvil, pero solo siete por ciento de los habitantes hacen uso de Internet.

En Bolivia, la Constitución de 2009 garantiza el acceso a servicios básicos como el agua, la electricidad y las telecomunicaciones. Además del satélite, el gobierno abrió más de 300 telecentros rurales y ofreció incentivos a las empresas de telecomunicaciones para la construcción de infraestructura en zonas rurales.

Según Iván Zambrana, director de la Agencia Boliviana Espacial, un satélite nacional es la forma más rentable de proporcionar acceso al diverso medio rural boliviano, que incluye montañas, selva tropical y desierto. Es también una vía de proteger la infraestructura de comunicación de los factores políticos que puedan limitar ese acceso, como lo hace el embargo de Estados Unidos contra Cuba.

El Ministerio de Comunicaciones no escatimó esfuerzos en promocionar el satélite mediante un anuncio de televisión, una campaña en las redes sociales de Facebook y Twitter y una aplicación Android para dispositivos móviles.

En los meses anteriores y posteriores al lanzamiento del satélite, en las principales zonas urbanas del país se podían ver carteles que decían “Túpac Katari, tu estrella” y “Comunicación descolonizada”.

“Cuando pensamos en Bolivia, no pensamos en tecnología, sino en la pobreza rural, pero Bolivia ha cambiado”, afirmó Robert Albro, antropólogo de la American University de Washington.

A pesar de los alardes, los críticos del satélite argumentan que las prioridades de Bolivia están trastocadas, sobre todo con las alternativas disponibles.

Numerosos países, incluso el vecino Perú, ampliaron el acceso de las comunicaciones al medio rural mediante la subvención de satélites existentes. Las empresas Google y Facebook están considerando el uso de una flota de aviones no tripulados que proporcionarían conectividad a Internet en todo el mundo.

Hasta la fecha, Bolivia invertía 10 millones de dólares por año para arrendar capacidad satelital a empresas extranjeras.

Para la financiación de Túpac Katari, Bolivia obtuvo un préstamo de 300 millones de dólares del Banco de Desarrollo de China, que según el gobierno se amortizará en 15 años con los ingresos del satélite.

“Me desconcierta que países como Bolivia pongan en órbita sus propios satélites”, expresó Heather Hudson, profesora de política pública de la Universidad de Alaska. Según Hudson, la cobertura satelital existente abarcaría la demanda rural. “Es como hace 20 o 25 años, cuando otro países se subieron a la ola de contar con su línea aérea propia”, dijo.

“Nuestra prioridad es mejorar las condiciones de nutrición, el agua y el medio ambiente”, precisó Isidro Paz Nina, secretario de coordinación nacional del Movimiento Sin Miedo, un partido que busca vencer al presidente Morales en las elecciones de noviembre. “El satélite no es malo, pero preferimos que la gente no tenga que preocuparse por la falta de alimentos”, dijo.

Los retrasos y la falta de comunicación también generaron frustración. “El gobierno decía que con el Túpac Katari los teléfonos celulares, la televisión, los canales y todo eso mejorarían. Pero por ahora no se ha visto”, aseguró Víctor Canabini Quispe, de 51 años, en El Palomar. “Espero que no nos engañe”, añadió.

Mientras, la inauguración formal del telecentro en El Palomar se aplazó por los retrasos en la formación del personal y rencillas sobre quién pagará por la ceremonia.

Pero si el satélite prospera podría tener un gran impacto en la vida rural de Bolivia. El proyecto será una “ventana al mundo” para los niños de las zonas rurales, según el jefe aeroespacial Zambrana. Muchos niños y niñas que viven en climas de alta montaña no han visto un árbol en su vida, pero podrán hacerlo mediante imágenes satelitales.

En cinco años, Bolivia “será más moderna y mejor conectada, con ciudadanos más educados. Vamos a ser un poco más ricos, o un poco menos pobres”, añadió.

 

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