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Tratado sobre “bienes verdes” despierta desconfianzas

Empleados de LM Glasfiber con una pala de turbina de viento en Grand Forks, Estados Unidos. Crédito: Tu/cc by 2.0

Empleados de LM Glasfiber con una pala de turbina de viento en Grand Forks, Estados Unidos. Crédito: Tu/cc by 2.0

WASHINGTON, 14 jul 2014 (IPS) - La desconfianza de las organizaciones ecologistas marcó el inicio de las negociaciones formales entre los países industrializados para alcanzar un tratado que regule el creciente comercio de “bienes verdes”, aquellos productos que son considerados beneficiosos para el ambiente.

La liberalización de este mercado se intenta hace años. Pero el martes 8, representantes de 13 países, que generan 90 por ciento del comercio actual en productos ecológicos, como paneles solares, turbinas de viento y filtros de tratamiento de aguas residuales, se reunieron en Ginebra para, una vez más, buscar un acuerdo.

"Aún no existe una definición de lo que realmente constituye un ‘bien ambiental’, y muchos de los productos que se están considerando en realidad son dañinos para el ambiente”: Ilana Solomon.

Sin embargo, persiste confusión en torno a la posibilidad real o el alcance de las negociaciones sobre lo que se denomina el Acuerdo de Bienes Ambientales. Las organizaciones ecologistas manifestaron su escepticismo acerca del proceso, que se realiza bajo la órbita de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

“Pensamos que el incremento del comercio de productos beneficiosos para el medio ambiente, así como su uso, es muy importante. Pero tenemos muy serias inquietudes sobre la estrategia que adopta la OMC” al respecto, declaró Ilana Solomon, directora del Programa de Comercio Responsable de Sierra Club, una de las organizaciones ecologistas más influyentes de Estados Unidos.

“Esa estrategia refiere a eliminar aranceles de una lista de productos que supuestamente benefician al ambiente. Pero aún no existe una definición de lo que realmente constituye un ‘bien ambiental’, y muchos de los productos que se están considerando en realidad son dañinos para el ambiente”, sostuvo.

Las conversaciones de la OMC tienen lugar entre Estados Unidos, la Unión Europea, China, Australia, Japón y otros, en torno a una lista inicial de 54 categorías de productos, acordadas en 2012 por el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, en inglés).

Los países de APEC pretenden reducir los aranceles de estos productos a menos de cinco por ciento en 2015.

Pero la lista incluye muchos artículos que pueden utilizarse de manera positiva o negativa para el ambiente, como las incineradoras de residuos, centrífugas, turbinas de gas, compactadoras de lodos y una gran variedad de maquinaria técnica.

La lista también excluye a los países pobres, ya que solo Costa Rica participa de las negociaciones principalmente entre economías industrializadas y de ingresos medios.

“Es probable que los países pobres no produzcan estos bienes”, señaló Kim Elliott, del Centro para el Desarrollo Global (CGD, en inglés), con sede en Washington. “Si no participan de las conversaciones seguramente perderán en torno a los aranceles elevados, pero es probable que no exporten mucho”, agregó.

Las negociaciones también tendrán consecuencias para las industrias nacionales emergentes.
“Un país en desarrollo puede querer… su propia industria de…. paneles solares o turbinas de viento. Pero los aranceles bajos o nulos podría impedir su capacidad para desarrollar industrias autóctonas de energía renovable nacionales”, señaló Solomon, de Sierra Club.

Las repercusiones

La OMC no incluye el cambio climático en su accionar. Pero desde mediados de los años 90 la organización multilateral asegura trabajar para establecer “un claro vínculo entre el desarrollo sostenible y la liberalización disciplinada del comercio, con el fin de garantizar que la apertura del mercado vaya de la mano de los objetivos ambientales y sociales”.

Estas negociaciones se deben en parte al empuje de Estados Unidos. En 2013, el presidente Barack Obama anunció que su gobierno participaría en negociaciones para “ayudar a que más países se salteen la fase de desarrollo sucio y se unan a una economía global baja en carbono”.

El interés de Washington es compartido por otros partidarios de la expansión del libre comercio. Las negociaciones comerciales multilaterales tuvieron pocos avances en los últimos 20 años, por lo que muchos esperan que el vínculo entre estos temas impulse al sistema multilateral.

“Todo el mundo, al menos en el papel, quiere hacer algo sobre el cambio climático. La idea es considerada una situación en la que todos ganan, tan útil para el sistema comercial como para el planeta”, señaló Elliott, del CGD.

Por supuesto, el interés de Washington también gira en torno a aumentar las exportaciones de Estados Unidos y, dado que sube la presión política referida al cambio climático, el comercio de bienes ecológicos se transformó rápidamente en una fuerza importante.

Cálculos oficiales señalan que el valor de este mercado se duplicó entre 2007 y 2011, y que en 2013 alcanzó el billón de dólares.

La cuota de Estados Unidos creció un ocho por ciento anual desde 2009, y ascendió a 106.000 millones de dólares en 2013.

Los intereses empresariales, de Estados Unidos y del resto de los países industrializados, exhiben un fuerte interés en las negociaciones. El martes 8, cerca de 50 asociaciones empresariales y comerciales escribieron a los negociadores de la OMC para expresarles su “fuerte adhesión” a sus esfuerzos.

El acuerdo “incrementará aun más el comercio mundial de bienes ambientales, reduciendo el costo de los retos ambientales y climáticos mediante la eliminación de los aranceles, que pueden llegar hasta 35 por ciento”, señalaron las asociaciones.

“Además de su importancia comercial intrínseca y su conveniencia, un acuerdo bien diseñado puede actuar como un trampolín para la reducción de aranceles y otras barreras comerciales en otros sectores y cadenas de valor asociadas”, añadieron.

Liberalización solapada

Es posible que el gobierno de Estados Unidos comparta este punto de vista. Una carta reciente de Michael Froman, el principal funcionario comercial de Washington, solicitó a la Comisión de Comercio Internacional de este país que investigue el impacto potencial de la liberalización del comercio en torno a los bienes ambientales, según Solomon.

“Ante la falta de una definición universalmente aceptada de ‘bien ambiental’, solicito que, a los efectos de su análisis, la Comisión se refiera a los elementos que figuran en la lista adjunta a la presente carta”, escribió Froman entonces.

Esa lista, de 34 páginas, contiene cientos de artículos que no están en la lista de APEC y que abarcan desde productos naturales (miel, aceite de palma, urea, fibras de coco, bambú), técnicos (tuberías y envolturas, de los tipos utilizados para la extracción de petróleo y gas) y hasta aparentemente aleatorios (aspiradoras, cámaras).

“Esto parece sugerir que este ejercicio no refiere a la protección ambiental, sino más bien a la expansión del modelo actual de libre comercio, un intento solapado de lograr la liberalización de una amplia gama de productos”, afirmó Solomon.

 

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