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Los más pequeños también sufren el cambio climático en el Caribe

Estudiantes de la escuela primaria de Buccament, en San Vincente, reciben regalos de alumnos de sexto grado de la primaria de Green Bay, en Antigua tras las terribles inundaciones que sufrió ese país insular, Dominica y Santa Lucía. Crédito: Desmond Brown/IPS.

Estudiantes de la escuela primaria de Buccament, en San Vincente, reciben regalos de alumnos de sexto grado de la primaria de Green Bay, en Antigua tras las terribles inundaciones que sufrió ese país insular, Dominica y Santa Lucía. Crédito: Desmond Brown/IPS.

CASTRIES, Santa Lucía, 25 ago 2014 (IPS) - Al diseñar las estrategias para lidiar con el cambio climático es común olvidarse de las niñas y los niños, a pesar de que tienen menos recursos para defenderse en situaciones problemáticas.

Según David Popo, director de la Unidad de Política Social de la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO), “es muy común que cuando hablamos de reducir la pobreza no veamos a los niños, son invisibles en términos de desarrollo”.

“No pasa solo en Santa Lucía, sino en todo el Caribe”, dijo Popo a IPS. Además, mencionó un taller facilitado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) que concluyó que el cambio climático tiene una letanía de consecuencias negativas para los menores en materia de educación, reducción de la pobreza y otras formas de desarrollo social.

“Si no logramos construir resiliencia para adaptarse a los posibles impactos, corremos el riesgo de entregar en consignación a las futuras generaciones de anguilenses, y a toda la región de la OECO, un desastre irreversible”: ministro de Ambiente de Anguila, Jerome Roberts.

El proyecto “Alentando a la región a actuar frente al cambio climático” (OECO-RRACC) apoya a Santa Lucía mediante la creación de una plataforma con el sistema de información geográfica (SIG), que permitirá mapear la infraestructura hídrica para mejorar la gestión y los servicios a la población.

“Este instrumento, la plataforma de SIG, además de mapear la infraestructura de la isla, creo que es muy importante que haga correlaciones con lo que le pasa a la gente y, en especial, a los niños”, opinó, pues a menudo no se los toma en cuenta en los planes de mitigación.

“Podemos imaginarnos bien el impacto en términos de educación, salud y otras consecuencias en el hogar, en especial en zonas y hogares pobres. Si no hay agua en la casa, los padres no podrán mandar a sus hijos a la escuela”, subrayó.

El proyecto RRACC es una iniciativa conjunta de la secretaría de la OECO y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) para ayudar a los países caribeños a lidiar con el cambio climático.

Un informe de la oficina de Unicef para Barbados y el Caribe oriental, “Children and Climate Change in the Small Islands Development States (SIDS) of the Eastern Caribbean” (Infancia y cambio climático en los pequeños estados insulares en desarrollo, PEID, del Caribe oriental), señala que la tendencia de los últimos 30 años en la región refleja un cambio significativo en el ambiente debido al cambio climático.

El documento prevé que el cambio climático golpee a los menores y sus familias por la pérdida o disminución de ingresos debido a las consecuencias de este fenómeno sobre la agricultura, la pesca y el turismo, pero también por el riesgo de desplazamiento.

David Popo, director de la Unidad de Política Social de la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO). Crédito: Desmond Brown/IPS.

David Popo, director de la Unidad de Política Social de la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO). Crédito: Desmond Brown/IPS.

La mitad de la población vive a 1,5 kilómetros de la costa, por el aumento de enfermedades transmitidas por vectores o agua contaminada, y por la separación familiar debido a las migraciones propiciadas por las dificultades que acaecen en algunos países.

El análisis también menciona la pérdida de horas de clase debido a las emergencias durante la época de temporales, el hecho de que los derechos de niños y niñas no fueran contemplados en la mayoría de las políticas y planes de emergencia, el impacto psicológico del temor continuo a los desastres naturales y la consiguiente separación familiar y migración.

Unicef remarcó que los menores, un grupo especialmente vulnerable, soportarán un desproporcionado peso de esa carga.

El ministro de Ambiente de Anguila, Jerome Roberts, dijo a IPS que la respuesta de la región al desafío que plantea el cambio climático debe incluir a los menores. La historia lo juzgará, añadió.

“Si no logramos construir resiliencia para adaptarse a los posibles impactos, corremos el riesgo de entregar en consignación a las futuras generaciones de anguilenses, y a toda la región de la OECO, un desastre irreversible”, alertó.

“Como ministro responsable de la educación y el ambiente, sería negligente de mi parte no subrayar la necesidad de asegurar que Anguila ofrezca una educación de calidad sobre el cambio climático”, puntualizó.

“Nuestro enfoque debe alentar métodos de enseñanza innovadores que integren la educación sobre el cambio climático a las escuelas. Además tenemos que asegurarnos de mejorar nuestros programas de educación no formal a través de los medios, redes y asociaciones para construir una conciencia pública sobre” este fenómeno, indicó.

Roberts añadió que al ser una isla pequeña, Anguila es muy susceptible a los posibles impactos del cambio climático como sequías e inundaciones por el aumento del nivel del mar, entre otros.

“Somos consientes de que la amenaza del cambio climático es seria, es urgente y crece”, reconoció, y elogió a las instituciones educativas que ya han creado huertas propias y sus comunidades, así como alentó a las que todavía están en proceso.

“Sé que los estudiantes aprendieron sobre la fragilidad de su ambiente participando en esas iniciativas. De hecho, los proyectos de conservación permiten que los niños adquieran conocimientos de primera mano sobre la delicada naturaleza de su ambiente”, indicó Roberts.

Popo, por supuesto, remarcó que el cambio climático no va a desaparecer y que los pronósticos indican que sus consecuencias empeorarán.

“Todos conocemos los últimos eventos climático, la sequía de 2009, el huracán Tomas de 2010 y, por supuesto, la última tormenta, la de la víspera de la Navidad de 2013, que además de realzar varios de nuestros problemas de desarrollo, remarcó la necesidad de construir capacidades, así como de planificar los efectos negativos adicionales sobre los recursos de nuestra isla”, observó Popo.

Un niño de dos años figura entre la decena de personas fallecidas cuando la endemoniada tormenta arrasó el Caribe oriental, destruyó cultivos, casas y sustentos a su paso por tres de los más pequeños países del mundo (San Vicente, Santa Lucía y Dominica). Un niño de 12 años también fue arrastrado por la corriente y sigue desaparecido.

La tormenta arrojó más de 300 milímetros de agua en San Vicente en cinco horas, por encima del promedio mensual de lluvias. Eso ocasionó deslaves y la crecida de más de 30 ríos y arroyos.

Cientos de viviendas quedaron destruidas. Además, arrastró 14 puentes, y el ala pediátrica del principal hospital quedó totalmente inundada y con el agua hasta la cintura.

Sonia Johnny, embajadora de Santa Lucía en Estados Unidos, dijo que su país fue golpeado por lluvias torrenciales durante 24 horas, salpicadas por rayos y truenos.

“Como dijo un niño, ‘pensamos que era el fin del mundo’. Nadie en Santa Lucía había visto nunca lluvias tan fuertes como esas”, añadió Johnny.

Editada por Kitty Stapp / Traducido por Verónica Firme

 

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