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¿Qué importa más, la guerra contra el sida o la guerra a secas?

El presupuesto de muchos países africanos refleja un interés mayor por las armas que por el combate a la mortífera pandemia del VIH. Crédito: Thomas Martínez/IPS

El presupuesto de muchos países africanos refleja un interés mayor por las armas que por el combate a la mortífera pandemia del VIH. Crédito: Thomas Martínez/IPS

JOHANNESBURGO/NUEVA YORK, 13 ago 2014 (IPS) - Dicen que hay una guerra en curso y que se lucha contra el mortal virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). 

Esta guerra se libra en todo el mundo, pero su principal campo de batalla es África subsahariana, donde viven siete de cada 10 personas con VIH en el planeta, unos 24,7 millones en 2013. La región sufrió hasta 1,3 millones de muertes relacionadas con el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) en el mismo año, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Un ejército improvisado libra la guerra contra el sida. A veces lo componen funcionarios bien vestidos, sentados en salas de conferencias mientras asignan fondos de asistencia. Otras se trata de soldados rasos, como lo son el personal sanitario y los activistas antisida en cada comunidad, desplegados en desoladas zonas rurales, sin agua corriente, ni mucho menos terapia antirretroviral.

Los fondos para el sida son una preocupación creciente, ya que compiten con muchos problemas de salud. Sin embargo, un vistazo al presupuesto de defensa de varios países asolados por el VIH retrata un panorama alarmante de las prioridades públicas, ya que los enormes gastos militares desmienten el argumento de que el obstáculo clave para ganarle la guerra al sida es el dinero.

Es verdad que Kenia sufre atentados del grupo islamista Al Shabaab. Aun así, cinco de cada 10 kenianas embarazadas que viven con VIH no reciben la terapia antirretroviral que protegería a sus bebés.

Los aviones caza de Mozambique

La escasez de fondos en Mozambique pone de relieve los últimos gastos militares del país.

Daniel Kertesz, el representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el país del sudeste africano, dijo a IPS que el programa de salud mozambiqueño, iniciado en 2008, tiene un déficit de 200 millones de dólares por año.

Mozambique es muy pobre y ocupa el octavo lugar mundial de personas infectadas con VIH, con 1,6 millones en una población de unos 24 millones.

“Hoy en día, Mozambique gasta entre 30 y 35 dólares por persona y por año en la salud. La OMS recomienda un mínimo de 55 a 60 dólares por persona y por año”, explicó Kertesz.

El gobierno anunció que arregló en Rumania ocho aviones caza, que había descartado hace 15 años, y que recibirá de manera gratuita tres aviones militares Tucano, de la empresa brasileña Embraer, a cambio de la compra de tres aeronaves más.

Un informe de 2014 realizado por la Unidad de Inteligencia Económica, una división independiente dentro del grupo The Economist, prevé un drástico incremento en el gasto de seguridad pública de Mozambique, debido en parte a la adquisición del Ministerio de Defensa de 24 barcos pesqueros y seis buques de patrulla e interceptores por 300 millones dólares, el equivalente a la mitad del presupuesto nacional de salud en 2014, de 635,8 millones de dólares.

El gasto militar en África

Angola gastó 8,4 por ciento de su presupuesto de 69.000 millones de dólares en la defensa y solo 5,3 por ciento en la salud en 2013.

En 2013, los gastos militares de 3.400 millones de dólares de Marruecos superaron con creces al presupuesto de salud de poco más de 1,400 millones de dólares.

Sudán del Sur gastó uno por ciento de su PIB en salud y un 9,1 por ciento en el gasto militar y la defensa en 2012.

La misma semana que los ocho cazas renovados aterrizaron en el aeropuerto de Maputo, la prensa informó que el principal hospital de la noroccidental provincia de Tete, rica en carbón, se quedó sin agua durante cinco días.

De hecho, el sistema de salud pública se encuentra en una situación tan desesperada que el Plan de Emergencia de la Presidencia de Estados Unidos para el Alivio del Sida (PEPFAR, en inglés) equivale a 90 por ciento del presupuesto anual que el Ministerio de Salud destina a la pandemia.

“El presupuesto que el Estado destina a los programas sociales no crece a la par que el gasto para el ejército, la defensa y la seguridad”, señaló Jorge Matine, investigador del Centro de Integridad Pública.

“Estamos presionando para que exista transparencia en torno a la adquisición por millones de dólares de buques comerciales y militares”, dijo a IPS.

Una red de organizaciones no gubernamentales pidió al gobierno que explique “su decisión de gastar ese dinero sin la autorización del Parlamento cuando el país está experimentando una grave escasez de personal y de suministros en el sector de la salud”, explicó Matine.

La red argumenta que si los gastos de defensa se ​​mantienen al nivel de 2011 el país se ahorraría 70 millones de dólares. Con eso podría comprar 1.400 ambulancias, u 11 por distrito, cuando muchos distritos tienen apenas una o dos, o importar un 21 por ciento más de medicamentos.

Un patrón similar se desarrolla en todo el continente donde, según el Instituto Internacional de Estudios por la Paz de Estocolmo (SIPRI), el gasto militar alcanzó 44.400 millones de dólares en 2013, un aumento de 8,3 por ciento respecto a 2012. Los elevados ingresos del petróleo alimentan las compras de Angola y Argelia.

La Campaña del Alto al Fuego con sede en Sudáfrica informó que los acuerdos de armas con empresas privadas también prosperan en África, ya que se prevé que los gobiernos firmen negocios con empresas internacionales de defensa por aproximadamente 20.000 millones de dólares en la próxima década.

El fracaso de Abuja

Al mismo tiempo, la Declaración de Abuja de 2001, donde los mandatarios de la Unión Africana se comprometieron a destinar al menos 15 por ciento del producto interno bruto (PIB) a la salud, “ni siquiera se hizo realidad”, destacó Vuyiseka Dubula, secretaria general de la sudafricana Campaña de Acción por el Tratamiento.

“Muy pocos países se aproximaron al 12 por ciento, incluidos algunos de los países africanos más ricos, como Sudáfrica y Nigeria”, subrayó a IPS.

Entre 2000 y 2005 “casi 400.000 personas murieron de sida en Sudáfrica. En ese mismo período gastamos tanto dinero en armas innecesarias que una se pregunta si ese fue un uso responsable de los recursos públicos”, añadió.

Mozambique es un triste ejemplo del fracaso de Abuja. Ya en 2001, su presupuesto de salud representaba 14 por ciento del total del país, casi cumpliendo con la meta acordada en la capital nigeriana. En 2011 cayó al mínimo de siete por ciento y desde entonces araña el ocho por ciento.

“Los fondos reflejan las prioridades del gobierno”, declaró Tedros Adhanom Ghebreyesus, actual canciller y exministro de Salud de Etiopía. “Hemos visto que los países con la voluntad política de reformular sus sectores de salud, refuerzan los fondos e invierten en serio”, señaló a IPS.

Si eso es cierto, el presupuesto de muchos países africanos refleja un interés mayor por las armas que por el combate a la mortífera pandemia del VIH.

Editado por Mercedes Sayagués / Traducido por Álvaro Queiruga

 

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