Seguridad alimentaria convive mal con cambio climático en África

Una joven cava un pozo zai para mejorar la productividad de la granja familiar en el condado de Kitui, en el este de Kenia. Credito: Xavi Fernández de Castro/IPS.

Josephine Kakiyi, de 55 años, hace 40 que cultiva maíz, frijol y verduras en su pequeña parcela de la alejada zona de Kwa Vonza, en el condado de Kitui, en el este de Kenia. Pero en los últimos tiempos, observa que hay menos lluvias y que son cada vez menos predecibles. La clave es saber por qué.

Siempre fue una zona calurosa y semiárida, pero desde hace 15 años, Kakiyi observa que hay menos lluvias y que son cada vez menos predecibles.

Ella no entiende bien qué sucede, solo que “ahora es más difícil que antes saber cuándo va a llover”.

No es la única, en toda Kenia y en la mayoría de los países africanos, los agricultores se enfrentan a problemas similares.

Especialistas de todo el mundo coinciden en que el cambio climático es un gran responsable de las dificultades que Kakiyi y cientos de miles de productores sufren en este continente.

Según el quinto informe de evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), “hay un fuerte consenso en que el cambio climático tendrá un impacto negativo sobre la seguridad alimentaria en África”.

El documento también dice que “las inundaciones, las sequías, los cambios en la ocurrencia y la cantidad de lluvias, así como las altas temperaturas asociadas al cambio climático pueden afectar directamente los cultivos y la productividad ganadera”. Todos estos eventos, cuando se combinan, pueden crear fácilmente varias crisis en un continente, cuya población podría duplicarse hasta 2.400 millones de personas en 2050.

El informe Estado de la Inseguridad alimentaria en el Mundo, publicado el 16 de septiembre por el la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA),y el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (Fida), estima que hay unos 227 millones de personas subalimentadas en África, un quinto de la población del continente.

La prevalencia de la subalimentación en África disminuyó de 27,7 por ciento, en 1990, a 20,5 por ciento, en la actualidad.

En Kenia, la seguridad alimentaria es motivo de gran preocupación para por lo menos 10,8 millones de personas, aunque también disminuyó la prevalencia de personas subalimentadas de 33 por ciento a 24,3 por ciento en los últimos 25 años.

Pero los especialistas todavía no se ponen de acuerdo sobre cuánto el cambio climático afecta a la seguridad alimentaria.

“El cambio climático es un factor que exacerba, pero no es la principal causa, de la inseguridad alimentaria y el hambre”, sostuvo Randall Purcell, asesor de la Unidad de Recuperación del PMA, en diálogo con IPS.

“El clima siempre fue caluroso y seco en vastas regiones de Kenia, lo que hace que este país sea más propenso a las sequías”, observó.

Pero los datos científicos actuales muestran que en los últimos 15 años, “las sequías son más frecuentes y menos predecibles”, apuntó Purcell. “Antes se podía predecir que habría una sequía cada cinco o siete años, ahora es cada tres”, añadió.

Lo mismo ocurre con las precipitaciones.

El IPCC pronostica un ligero aumento de las lluvias en África oriental, pero también prevé que serán más irregulares y esporádicas.

Todo esto hace que sea más difícil predecir cuándo, dónde y cuánta agua caerá, como ya se dieron cuenta agricultores como Kakiyi.

Luigi Luminari, asesor técnico de la Autoridad Nacional de Gestión de Sequías (NDMA, en inglés), una organización paraestatal creada en 2011 para coordinar una respuesta más efectiva a las sequías periódicas y los pozos secos en Kenia, está convencido de que “el cambio climático afecta los patrones climáticos, pero necesitamos más pruebas”.

El representante de la FAO en Kenia, Luca Alinovi, también se mostró cauteloso y explicó a IPS las dificultades que encuentran los científicos para vincular el cambio climático con sus consecuencias.[related_articles]

“En la mayoría de los países africanos es muy limitada la cantidad de datos climáticos sólidos, y se hace muy difícil decir con seguridad si un evento específico implica un cambio estructural o es solo un ciclo que se repite cada pocas décadas. Además, muchas mediciones no se realizan con estaciones en tierra, sino con estimaciones”, explicó Alinovi.

Independientemente de lo que prueben los datos, el hecho es que Kenia sufrió tres grandes sequías desde 2001 y que el gobierno, junto con el Banco Mundial, la Unión Europea y otros actores, trata de implementar un nuevo enfoque para responder a esta situación.

“La NDMA creó un sistema de alerta temprana a nivel de país para facilitar la recolección de datos ambientales y socioeconómicos, y así poder activar nuestros planes de contingencia, antes incluso de que aparezcan las peores consecuencias de la sequía”, explicó Luminari.

Pero la detección es solo la mitad de la solución. La otra tiene que ver con la prevención. “El cambio climático también puede ser una oportunidad y no solo una amenaza”, remarcó Alinovi.

“La agricultura innovadora ofrece muchas soluciones a los agricultores. Por ejemplo, si las lluvias son irregulares, puedes encontrar formas de cosechar el agua y usarla cuando te convenga; o como el maíz no es tolerante a la sequía, puedes comenzar a plantar cultivos más resistentes, como sorgo y mijo, que también generan buenos dividendos”, explicó.

En su terreno de menos de 0,3 hectáreas, Kakiyi comenzó a practicar la agricultura zai, una técnica de cultivo de África occidental que consiste en cavar agujeros de 0,6 por 0,9 metros. En ellos, se coloca una mezcla de tierra y abono para ayudar a mejorar la filtración de la escorrentía en la temporada de lluvias.

Con esa técnica, que requiere mucho trabajo pero es barata, Kakiyi pudo multiplicar por 10 la productividad de su parcela.

Editado por Nalisha Adams / Traducido por Verónica Firme

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