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Activismo reclama más atención a cubanas víctimas de violencia

Un grupo de mujeres participan en la inauguración del buro informativo sobre violencia de género, en el Taller de Transformación Integral del Barrio Atarés El Pilar, en la capital de Cuba, el 25 de noviembre de 2014. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Un grupo de mujeres participan en la inauguración del buro informativo sobre violencia de género, en el Taller de Transformación Integral del Barrio Atarés El Pilar, en la capital de Cuba, el 25 de noviembre de 2014. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

LA HABANA, 9 dic 2014 (IPS) - “Hace más de 25 años sufrí violencia psicológica y física, hasta con peligro para mi vida”, confesó la jubilada María Teresa Córdova, que hoy es una activista comunitaria en el barrio de Atarés, en la periferia de la capital de Cuba. 

“Antes estos problemas eran tratados como comentario o chisme de barrio. Hoy se han estudiado más, se ven de otra manera y difunden por los medios de comunicación”, contó a IPS esta mujer de 69 años, que sobrevivió a los abusos continuados de su expareja.

“Tuve que levantarme casi sola, con la ayuda de amigas y familiares”, recordó Córdova, que trabajó como secretaria por más de 40 años. “Salí de aquel atolladero en silencio, sufriendo doblemente porque no quería que mi padre y mi hija se enterarán de la situación”, detalló. 

Con base en esas investigaciones, estimó que este tipo de violencia ocurre aquí aparte de la raza, edad, nivel escolar o la profesión; sucede en todo el país, es generalmente psicológica y en menor medida física, suele pasar en las relaciones de pareja y dentro del hogar, y abundan historias de violencia familiar en la infancia de los agresores.

Antes tema tabú en Cuba, la atención a las mujeres víctimas de maltrato machista ganó protagonismo en la última edición de la Jornada por la No Violencia contra la Mujer, un programa anual de actividades realizado desde 2007 por organizaciones de la sociedad civil, estatales y gubernamentales.

Con acciones en 10 de las 15 provincias cubanas, la iniciativa es la manera local de sumarse a la campaña universal de la Organización de las Naciones Unidas, 16 Días de Activismo contra la agresión hacia las mujeres, entre el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos.

Así, el activismo visibiliza el problema mundial, ocasionado por la desigualdad económica, social y cultural de la población femenina. Se estima que una de cada tres mujeres mayores de quince años en el planeta ha sufrido violencia por parte de su pareja o expareja.

El “Informe anual 2013-2014. El enfrentamiento de la violencia contra las mujeres en América Latina y el Caribe”, del Observatorio de Igualdad de Género para la región, aporta cifras sobre el feminicidio (asesinato por razones de género), el lado más extremo de este flagelo causado por el machismo.

Según la entidad, adscrita a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 88 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas en Colombia, 83 en Perú, 71 en República Dominicana, 46 en El Salvador, 40 en Chile, 25 en Uruguay, 20 en Paraguay y 17 en Guatemala.

El documento remarcó la ausencia, heterogeneidad y dispersión de las estadísticas sobre todas las formas de violencia machista en las diversas naciones, que se agudizan al indagar sobre el impacto entre las indígenas y afrodescendientes.

Cuba se encuentra entre esos casos, porque carece de estudios que aporten estadísticas nacionales sobre el maltrato contra la población femenina.

Solo se conoce el registro de las 174 Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, entidades comunitarias de la no gubernamental Federación de Mujeres Cubanas (FMC), que entre sus objetivos está el de orientar a quienes buscan ayuda.

Los últimos datos aportados por esa red revelan que, entre 2006 y 2009, fueron mujeres  88,5 por ciento de las víctimas que acudieron y, en 50,7 por ciento de los casos, los agresores fueron sus parejas, con predominio de la violencia psicológica.

Hasta el momento “los estudios han sido mayoritariamente descriptivos”, amplió la socióloga Magela Romero.

Con base en esas investigaciones, estimó que este tipo de violencia ocurre aquí aparte de la raza, edad, nivel escolar o la profesión; sucede en todo el país, es generalmente psicológica y en menor medida física, suele pasar en las relaciones de pareja y dentro del hogar, y abundan historias de violencia familiar en la infancia de los agresores.

“Confirman que existe una proporción de casi tres mujeres por cada hombre asesinado por su pareja”, reveló Romero, en la inauguración del Buró Informativo sobre la Violencia de Género, el 25 de noviembre, en el centro comunitario Taller de Transformación Integral del Barrio (TTIB) Atarés-El Pilar.

El servicio, primero de su tipo en el país y que aspira a complementar la labor de instituciones estatales, ofrece información impresa y digital sobre el problema, asesoría especializada a mujeres víctimas, formación de grupos femeninos de autoayuda y aspira a trabajar con los hombres, en especial los agresores.

En Atarés y El Pilar, barrios desfavorecidos de La Habana, el TTIB identificó y trabaja con 60 casos de violencia sexual, asociados sobre todo a la prostitución femenina, que resiste a las duras condenas de la legislación local contra el proxenetismo y otros delitos vinculados al negocio del sexo. 

La iniciativa fue acompañada por el no gubernamental Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero (OAR), una organización de inspiración cristiana, que coordina el programa de actividades de sensibilización, intercambio y prevención del maltrato machista junto a la FMC.

“Todo nuestro trabajo comunitario nos ubicó frente a la víctima y a preguntarnos cuál podía ser nuestro aporte”, dijo a IPS la coordinadora del programa de Género y Violencia del OAR, Zulema Hidalgo. El proyecto capacita al personal de instituciones  como casas comunitarias, policlínicas, escuelas, gobiernos locales, entre otras.

OAR apoya la preparación de grupos de mujeres en las comunidades para dar la ayuda y estima “imprescindibles en el proceso de atención a la víctima”. “Necesitan espacios para contenciones emocionales y redes de apoyo, además de proyectos para integrarlas al trabajo eliminando la dependencia económica del agresor”, agregó.

Pero la principal apuesta de OAR es a generar “talleres de articulación de actores a nivel comunitario, provincial y, este año, territorial”. “Esto no puede ser un problema exclusivo de la comunidad. Tiene que trascender lo local y a otras instituciones hasta el ámbito nacional”, alertó.

El renacer del tema en el debate público está liderado por organizaciones civiles como FMC, OAR, los ecuménicos Centro de Reflexión y Diálogo-Cuba, Centro Memorial Dr. Martin Luther King Jr. y Centro Cristiano de Servicio y Capacitación B.G. Labastida; Unión Nacional de Juristas de Cuba y el estatal Centro Nacional de Educación Sexual.

Además, participan las universidades, con estudios de casos y el funcionamiento de cátedras sobre mujer, género y familia, reivindican la violencia de género entre los tópicos de investigación científica.

Actualmente,  activistas y especialistas piden una mayor participación estatal y gubernamental para transformar el sistema de atención y administración de justicia a las víctimas, que califican de “deficitario”, “desarticulado”, “incompleto” y “desactualizado”.

Las últimas recomendaciones a Cuba del Comité sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw, en inglés), realizadas en julio de 2013, llaman a ampliar la ayuda a las víctimas, entre otros aspectos.

El Cedaw conminó a esta nación caribeña a “elaborar y aprobar una ley integral sobre la violencia contra la mujer”, “asegurar un acceso efectivo a la justicia”, “desarrollar un plan de acción estratégico nacional para la prevención” y “establecer centros de acogida, especialmente en las zonas rurales”.

Asimismo la convención internacional, firmada por Cuba en 1979 y ratificada en 1980, reconoce los avances en equidad de género porque las cubanas acceden en condiciones seguras al aborto, ganan iguales salarios que los hombres, son mayoría entre los graduados universitarios y en la fuerza técnica y profesional.

Editado por Estrella Gutiérrez

 


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