La guerra llama a la puerta de los bereberes en Libia
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La guerra llama a la puerta de los bereberes en Libia

Bondok Hassem (a la izquierda) monta un mortero con ayuda de un miliciano local en la casa ocupada en la ciudad libia de Zwara, un enclave de los amazighs, también conocidos como bereberes. Crédito: Karlos Zurutuza/IPS

Bondok Hassem (a la izquierda) monta un mortero con ayuda de un miliciano local en la casa ocupada en la ciudad libia de Zwara, un enclave de los amazighs, también conocidos como bereberes. Crédito: Karlos Zurutuza/IPS

ZWARA, Libia, 5 dic 2014 (IPS) - Podría ser una casa ocupada más: hay música a casi toda hora, una emisora de radio y una pequeña exposición de arte. Pero en el edificio de esta occidental ciudad libia, las armas se entremezclan con los instrumentos de música y la mayoría viste de camuflaje. 

“El edificio pertenecía a un antiguo miembro de los servicios secretos de Muammar Gaddafi así que decidimos ocuparla y acondicionarla para los jóvenes de Zwara”, explica a IPS el electricista Fadel Farhad, quien compagina su oficio con la participación en la milicia local en Zwara, un enclave amazigh a 120 kilómetros al oeste de Trípoli.

El centro se llama “Tifinagh”, el nombre que recibe el alfabeto amazigh.

También llamados bereberes, los amazighs son habitantes nativos del norte de África. 

“Esta no es nuestra lucha porque se trata de una disputa entre nacionalistas árabes e islamistas, ninguno de los cuales reconocerán jamás nuestros derechos”: dirigente amazigh Fathi Ben Khalifa

La llegada de los árabes a la región en el siglo VII fue el inicio de un lento proceso de arabización de la zona, que se aceleró bruscamente durante las más de cuatro décadas en las que Gaddafi (1969-2011) ostentó el poder libio.

Ahora, en Libia los amazighs rondan los 600.000, en torno a 10 por ciento de la población.

Al igual que la mayoría de los habituales en el centro, Farhad sabe que puede ser movilizado por la milicia local en cualquier momento. Durante la primera semana de diciembre, Zwara ha sido objeto diario de bombardeos, con un saldo desconocido de víctimas, que incluye a trabajadores subsaharianos.

Tres años después del levantamiento que acabó con el régimen y la vida de Gaddafi, Libia vive en un estado de convulsión política que ha puesto al país al borde de la guerra civil.

Hay dos gobiernos y sendos parlamentos: uno con sede en Trípoli, y otro en la ciudad de Tobruk, a 1.200 kilómetros al este de la capital. Este último cuenta con el reconocimiento internacional, tras ser elegido en unos comicios celebrados el 25 de junio, que solo contaron con 10 por ciento de participación y que la comunidad amazigh boicoteó.

En este escenario, distintas milicias luchan agrupadas en dos alianzas paramilitares: “Fayer (amanecer, en árabe)”, liderada por las brigadas de Misrata, que actualmente controlan Trípoli, y la otra “Karama (dignidad)”, dirigida por Jalifa Haftar, un antiguo general del ejército libio.

“En Zwara contamos con unos 5000 hombres agrupados en diferentes milicias”, desvela a IPS el combatiente Younis, que pertenece a la milicia de Tamazgha y que prefiere no dar su nombre completo.

“Nunca quisimos que esto pasara pero el problema es que todos nuestros enemigos se han alineado con Tobruk”, añade el miliciano, junto a una de las pick ups aparcadas a la entrada del edificio.

La polarización del conflicto en Libia ha empujado a varias milicias bereberes a combatir de forma esporádica junto a la coalición liderada por Misrata, que cuenta con grupos islamistas en sus filas.

Milicianos amazighs durante un momento de descanso frente a la casa ocupada de Zwara, en el occidente de Libia. Crédito: Karlos Zurutuza/IPS

Milicianos amazighs durante un momento de descanso frente a la casa ocupada de Zwara, en el occidente de Libia. Crédito: Karlos Zurutuza/IPS

En cualquier caso, el ambiente en la casa ocupada se antoja en las antípodas de la ortodoxia religiosa, en parte gracias a Bondok Hassem, un conocido músico local que ha conseguido una improbable fusión entre la música tradicional amazigh y el “death metal”, un subgénero extremo del heavy metal.

A sus 30 años Hassem es, además de músico, profesor de tamazight, la lengua amazigh, y uno de los comandantes de la milicia Tamazgha.

“Tanto Misrata como Tobruk luchan por convertirse en el macho alfa de esta guerra”, asegura Hassem a IPS entre sorbos de un vaso de boja, el aguardiente local.

“Puede que hoy haya algunos amazigh luchando junto a los de Misrata para defender su territorio, pero todos sabemos que acabaremos luchando contra ellos en el futuro”, se lamenta.

Las intrincadas alianzas internacionales tampoco facilitan las cosas. Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Francia se han alineado con Tobruk mientras que Misrata cuenta principalmente con el apoyo de Qatar y Turquía.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se muestra dividida respecto a una posible intervención y la mayoría de las delegaciones diplomáticas han abandonado Trípoli, excepto las de Italia y Hungría.

Frágil equilibrio

Entre los amazighs que parecen no sentirse demasiado incómodos con el gobierno de Misrata se encuentra Moussa Harim.

Natural de Jadu, en el bastión amazigh de la cordillera de Nafusa, a 100 kilómetros al sur de la capital, y exiliado en Francia durante el mandato de Gaddafi, Harim es viceministro libio de Cultura desde marzo de 2012, un cargo que sigue manteniendo en el gobierno de Trípoli. 

Reconoce que los islamistas constituyen un peligro, pero matiza que en Misrata “hay islamistas, pero también gente de filiaciones muy diversas, comunistas incluidos”.

Es la propia localización geográfica la que, según Harim, empuja a los amazighs hacia Misrata.

“Excepto por un pequeño enclave en el este, nuestro pueblo vive en el oeste del país, y la mayor parte del mismo en Trípoli”, acota el alto funcionario.

Pero existen voces discordantes, como la de Fathi Ben Khalifa, natural de Zwara, disidente histórico durante décadas y miembro ejecutivo del Congreso Mundial Amazigh, organización que presidió hasta 2013. Se trata de una entidad fundada en 1995 y que engloba organizaciones de todo el norte de África para la defensa de la cultura e identidad del pueblo bereber.

“Esta no es nuestra lucha porque se trata de una disputa entre nacionalistas árabes e islamistas, ninguno de los cuales reconocerán jamás nuestros derechos”, subraya por teléfono Ben Khalifa a IPS desde Marruecos.

El activista reivindica el derecho de su pueblo a defender su territorio, pero da como fecha límite el 24 de diciembre para adoptar una postura más clara.

“Será entonces cuando se presente oficialmente la Constitución libia, aún en proceso de redacción. Si no se reconocen nuestros derechos legítimos como pueblo, ese ha de ser el momento de tomar las armas”, asegura tajante el reconocido dirigente.

Al anochecer, y tras otro día marcado por los turnos en los puestos de control y las patrullas por los alrededores de la ciudad, los milicianos cambian sus fusiles por una armónica y una guitarra. Tocan parte del repertorio de Matloub Lounes, un conocido cantante de Kabilia, el principal bastión amazigh de Argelia.

“Cuando acabe la guerra quemaré mi uniforme y volveré a mi trabajo”, apunta Anwar Darir, profesor de lengua amazigh desde 2011, el año que vio el fin del mandato de Gaddafi. Pero la guerra continúa en Libia.

Editado por Estrella Gutiérrez

 


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