EEUU casi a solas contra la Convención de los Derechos del Niño
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EEUU casi a solas contra la Convención de los Derechos del Niño

Niños en una tormenta de arena en Gao, Malí. Crédito: Foto de la ONU/Marco Dormino

Niños en una tormenta de arena en Gao, Malí. Crédito: Foto de la ONU/Marco Dormino

NACIONES UNIDAS, 26 ene 2015 (IPS) - Cuando Somalia, en el pasado considerada un “estado sin ley”, ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño el 23 de este mes, dejó a dos países en aislamiento del resto del mundo: Estados Unidos y Sudán del Sur.

El caso de Sudán del Sur es comprensible, según los expertos en derechos humanos, porque el país se independizó y se incorporó a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) recién en julio de 2011.

Desde entonces, dio los pasos para iniciar el proceso interno de ratificación del tratado, que probablemente concrete a fines de este año.

"Estados Unidos no puede fomentar de manera creíble que otros países apoyen los derechos humanos de los niños si no adopta estas normas": Meg Gardinier

¿Pero Estados Unidos?

El nepalí Kul Gautam, quien fuera secretario general adjunto de la ONU y vicedirector ejecutivo del   Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), explicó a IPS que Estados Unidos firmó la convención en febrero de 1995 cuando Madeleine Albright era la embajadora de Washington ante el foro mundial.

Pero el gobierno estadounidense nunca presentó el tratado para su ratificación ante el Senado, donde necesita el voto de dos tercios de los legisladores para su aprobación, señaló.

No obstante, “con la actual composición del Congreso legislativo de Estados Unidos, no hay oportunidad para su ratificación”, vaticinó, dado que la derecha conservadora del Partido Republicano tiene la mayoría en las dos cámaras.

Sin embargo, Gautam mantiene la esperanza y añadió que “no puede desacartarse la ratificación en el futuro”.

Somalia se convirtió en el Estado número 195 en ratificar la convención, que representa”el tratado internacional de derechos humanos más ratificado en la historia”.

El director ejecutivo de Unicef, Anthony Lake, elogió la aprobación legislativa de Somalia y dijo que espera apoyar el esfuerzo nacional para transformar los derechos del tratado en medidas prácticas para todos los niños y niñas de ese país africano.

Con su medida, el gobierno de Somalia invierte en el bienestar de sus niños y, por lo tanto, en el futuro de su sociedad, sostuvo.

“El mensaje central de la Convención es que cada niño merece un comienzo justo en la vida. ¿Qué puede ser más importante que eso?”, se preguntó Lake.

El tratado, que fue aprobado por la Asamblea General de la ONU en 1989 y entró en vigor en 1990, conmemoró su 25 aniversario en 2014.

La oposición de Estados Unidos a ratificar el instrumento se centra en gran medida en dos argumentos, señaló Meg Gardinier, presidenta de la Campaña por la Ratificación Estadounidense de la Convención de los Derechos del Niño.

En primer lugar, el instrumento socavará el papel de los padres en la crianza de sus hijos y, en segundo lugar, la ratificación de Estados Unidos de los tratados internacionales de derechos humanos debilitará la soberanía estadounidense.

“Tenemos la esperanza de que Estados Unidos finalmente ratifique la Convención, pero el asunto es cuándo lo hará”, comentó.

“Es una vergüenza que Estados Unidos esté en la compañía de Somalia, un país sin ley. Si llego a ser presidente, voy a revisar este y otros tratados de derechos humanos”, prometió el presidente estadounidense, Barack Obama, en su campaña electoral en 2008.

Pero hasta la fecha no hubo tal revisión del tratado, el primer paso importante antes de presentarlo al Senado.

Gardinier dijo que su organización lideró una campaña que exhortó a Obama el envío del convenio al Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

Como resultado, los directores de unas 125 organizaciones nacionales y mundiales firmaron una carta con esa solicitud dirigida al presidente.

Entre esas organizaciones se encuentran la Academia Estadounidense de Pediatría, el Colegio Estadounidense de Abogados, la Liga de Bienestar Infantil de Estados Unidos, la Iglesia Evangélica Luterana de Estados Unidos y la Iglesia Metodista Unida.

Paradójicamente, Estados Unidos realizó importantes aportes a la redacción del tratado y le dio forma a varios de sus artículos.

En total, Estados Unidos presentó siete artículos, incluido el artículo 10 (reagrupación familiar), los artículos 14 (libertad de religión), 16 (derecho a la intimidad), 19 (protección contra el abuso), 13 (libertad de expresión), 15 (libertad de asociación y reunión) y 25 (revisión de la colocación).

Las disposiciones contenidas en la convención son en gran medida compatibles con la legislación de Estados Unidos, mientras que las provisiones adicionales se implementarían mediante leyes federales y estatales en la forma y plazo que el proceso legislativo estadounidense determine.

“Estados Unidos no puede fomentar de manera creíble que otros países apoyen los derechos humanos de los niños si no adopta estas normas”, subrayó Gardinier a IPS.

“Es la convicción de la campaña que la convención protege a los niños, preserva y fortalece a las familias y está mejorando, sin duda, la vida de los niños”, declaró.

En contraste con el recelo de Estados Unidos, expertos en derechos humanos aseguran que la convención defiende firmemente a la familia y la importancia de los padres.

El tratado enfatiza que una familia fuerte es fundamental para los niños y las sociedades, y abundan los ejemplos de respaldo a esas responsabilidades, derechos y deberes de los padres en el texto del instrumento internacional.

De hecho, 19 de sus artículos reconocen expresamente la importancia de los padres y la familia en la vida de los niños y las niñas.

Los derechos de los niños en el convenio reflejan tanto la Constitución como la Carta de Derechos de Estados Unidos, debido a la insistencia de los gobiernos de Ronald Reagan (1981-1989) y George H. W. Bush (1989-1993) que trabajaron en el mismo.

“Su propósito no es enfrentar a los hijos contra los padres”, aseguró Gardinier.

Edición de Kitty Stapp / Traducción de Álvaro Queiruga

 


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