Mujeres de Bangladesh salen adelante con un mínimo de ayuda
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Mujeres de Bangladesh salen adelante con un mínimo de ayuda

Las mujeres se organizan en pequeños grupos colectivos para negociar y vender mejor sus productos. Crédito: Helen Keller International

Las mujeres se organizan en pequeños grupos colectivos para negociar y vender mejor sus productos. Crédito: Helen Keller International

NUEVA YORK, 2 mar 2015 (IPS) - Miles de mujeres en Bangladesh se labraron un futuro mejor para ellas y sus familias, y en parte se lo deben a los huevos de pollo, la piña y a un pequeño préstamo inicial.

Desde 2009, la organización sin fines de lucro Helen Keller International (HKI), llamada así por su fundadora, la afamada escritora y activista estadounidense sorda y ciega (1880-1968), supervisa programas en Chittagong, una zona en el este de Bangladesh, que capacita a mujeres en la agricultura con el fin de que produzcan alimentos para sus propias familias y para la venta en el mercado.

"No se trata solo de aumentar sus ingresos, sino de que la educación las lleve a una vida más sana y más productiva": Kathy Spahn.

Kathy Spahn, presidenta de HKI, afirmó que 20 por ciento de las familias de Chittagong pasan hambre, mientras que 50 por ciento de los niños y niñas tienen un crecimiento y un peso inferiores a los de su edad debido a la mala nutrición. En la zona donde opera la organización, cerca de 75 por ciento de la población sobrevive con apenas 12 dólares al mes.

“La zona está estigmatizada y tiene poco acceso a los servicios sanitarios”, señaló Spahn en un encuentro celebrado el 24 de febrero por la organización Microfinanzas para el Avance de las Mujeres Nueva York.

“Les estamos enseñando a las mujeres a cultivar frutas y verduras nutritivas, a criar pollos por la carne y los huevos, y a cultivar lo suficiente para vender en los mercados para recibir dinero adicional”, explicó.

El programa “Mercados que funcionan para las mujeres” (M2W2, en inglés) aporta el capital inicial y asesoramiento permanente. Las mujeres de Chittagong, que antes eran vistas únicamente como amas de casa, reciben las herramientas para cultivar productos nutritivos, como espinacas y zanahorias para alimentar a sus familias, y otros más lucrativos como el ananá y el maíz para su venta.

Las mujeres, que nunca antes tuvieron control sobre las finanzas de la familia,  de repente están aportando sus propios ingresos para pagar la educación y la atención médica.

Antes HKI se dedicaba a proyectos exclusivamente vinculados con la vista y la ceguera, pero ahora abarca una gama más amplia de temas de salud y nutrición, como la ceguera causada por la deficiencia de vitamina A. La organización tiene ahora 180 programas en más de 20 países de África y Asia.

“HKI opera en Bangladesh desde 1978, trabajando con la ceguera nutricional”, informó Spahn a IPS.

“Al programa lo llamamos ‘producción doméstica de alimentos mejorada’. Con eso, viene la información nutricional. No se trata solo de aumentar sus ingresos, sino de que la educación las lleve a una vida más sana y más productiva”, añadió.

Las mujeres se organizan en pequeños grupos colectivos para negociar y vender sus productos de mejor manera. Cada hogar produce una cantidad muy pequeña para que la venta individual sea efectiva, pero la suma de fuerzas con otras mujeres implica que cada colectivo tiene más para vender.

Crédito: Helen Keller International

Crédito: Helen Keller International

“Queremos generar su capacidad en los negocios y el marketing. Las capacitamos en investigación de mercado, demanda y contabilidad y organizamos los hogares en grupos para que puedan acumular sus productos”, explicó Spahn.

También se ofrece un plan de ahorro grupal que permite a las mujeres colocar parte de sus ingresos en un fondo compartido al que todas las integrantes pueden acceder para sus gastos mayores, como una hospitalización o la sustitución de maquinaria de envasado.

“Si algo se rompe, no podemos reemplazarlo porque eso no es sostenible. Esto tiene que ver con el desarrollo, no con la caridad”, precisó Spahn.

En su origen, M2W2 fue un programa piloto de tres años de duración que terminaría en 2012, pero una inyección adicional de fondos del gobierno británico le permitirá continuar hasta enero.

“Estamos buscando más apoyo para seguir adelante”, indicó Spahn.

Los resultados del programa son rotundos. Spahn aseguró que de los 2.500 hogares involucrados, los ingresos de “casi todos” aumentaron en un 30 por ciento.

“Cuando empezamos, todo el mundo tenía un régimen dietético malo. Tres años después, ya nadie lo tiene”, sostuvo.

Los huevos, una rica fuente de vitamina A, ayudaron a reducir la deficiencia vitamínica y sus problemas derivados, pero Spahn dijo que el beneficio más fuerte fue social, más que físico.

“Encontramos que 90 por ciento de las mujeres tenían la capacidad de decisión absoluta sobre el dinero que generaron. Negociaban con más eficiencia y se sentían más empoderadas”, observó.

El empoderamiento y la independencia financiera de las mujeres es uno de los pilares ideológicos de  Microfinanzas para el Avance de las Mujeres Nueva York. Danielle LeBlanc, una de las directoras del grupo, señaló que los micropréstamos y el emprendimiento social son de las maneras más sencillas y eficaces para mejorar la situación económica de las mujeres privadas de sus derechos en los países más pobres.

“Con la oportunidad de obtener ingresos por su cuenta, ayudan a las mujeres a obtener cierta independencia y aumentar la sostenibilidad financiera de sus familias”, señaló LeBlanc.

“Cuando las mujeres recibieron las ganancias de estos emprendimientos, las gastaron en sus familias, enviando a sus hijos a la escuela, mejorando su casa. El objetivo no es solo ayudar a crear empresas, sino mejorar el bienestar de la familia”, añadió.

El término microfinanciación es un concepto amplio, visto de distintas maneras, destacó LeBlanc. Para los gobiernos, se trata de subvenciones inferiores a los 50.000 dólares, mientras que los bancos consideran que esa cifra es más cercana a los 250.000. No obstante, la activista asegura que se puede avanzar mucho con un desembolso inicial de unos pocos cientos de dólares.

“En Estados Unidos, la microfinanciación podría ayudar a los vendedores ambulantes, como en la ciudad de Nueva York, o financiar guarderías infantiles o incluso pequeñas empresas. En el extranjero,… serían los más pobres, como las mujeres que venden productos junto a la carretera, las agricultoras o las artesanas”, dijo.

“Para nosotros, el aumento en los ingresos de una familia en los países pobres puede parecer algo muy pequeño, pero implica una gran diferencia en sus vidas. Ayuda a aumentar la nutrición de los niños, mejora la posición de la mujer en la familia, o puede poner un techo de hojalata en una casa con techo de paja”, explicó.

Editado por Kitty Stapp / Traducido por Álvaro Queiruga

 


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