Desafiando el poder del uno por ciento y de la desigualdad
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Desafiando el poder del uno por ciento y de la desigualdad

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Las mujeres suelen soportar la peor carga de los desastres naturales porque son responsables del cuidado del hogar y el bienestar de sus familias. Crédito: Zofeen Ebrahim/IPS

SÃO PAULO, 17 abr 2015 (IPS) - Cuando hay que mover un objeto que resulta muy pesado, ¿qué es lo primero que se piensa? Pedir ayuda a otra persona, ahí está la diferencia. Lo mismo puede aplicarse a los movimientos sociales que luchan por transformar la realidad.

En un contexto de crisis económica, ecológica y de derechos humanos sin precedentes, los actores sociales no pueden mantenerse aislados, más bien deben unirse y utilizar su fuerza colectiva para superar los desafíos.

El último Foro Social Mundial (FSM), realizado del 24 al 28 de marzo en Túnez, mostró que “Otro mundo es posible” si se trabaja de forma colectiva para atender las causas estructurales de la desigualdad.

Eso fue lo que llevó a la Asociación para los Derechos de las Mujeres en el Desarrollo (AWID, en inglés) a comprometerse a trabajar con ActionAid, Civicus, Greenpeace y Oxfam.

Unos 70.000 activistas se reunieron en Túnez y participaron de varios talleres sobre modelos económicos alternativos, entre ellos, “Imaginaciones feministas para una economía justa”, organizado por AWID.

Ese hecho, junto a las protestas contra la reducción de los espacios para el disenso y los reclamos de justicia social son fundamentales en un mundo donde las crisis económica, ecológica y de derechos humanos están interconectadas y yendo de mal en peor.

La de Túnez fue la 13 edición del Foro Social Mundial y resultó un recordatorio y un llamado a la acción, pues el poder de la gente es el que cambiará al mundo.

Transformar la realidad, en especial en lo que respecta a los derechos de las mujeres y la justicia de género, significa reconocer y dar visibilidad a las interconexiones entre diversos asuntos.

En los últimos 20 años se lograron notables avances en los derechos de las mujeres y en la justicia de género, pero todavía queda mucho por hacer.

En el centro de la actual crisis global, hay una enorme desigualdad económica devenida en el orden establecido. Unos 1.200 millones de personas pobres son responsables de tan solo uno por ciento del consumo mundial, mientras el millón más rico concentra 72 por ciento del mismo.

Ni la población mundial ni el planeta pueden sostener el grado de consumo del Norte rico; ecosistemas enteros desaparecen y pueblos y comunidades son desplazados.

No solo aumentan los desafíos, sino que se profundizan. Muchas mujeres y niñas y personas trans e intersexuales siguen sufriendo múltiples y cruzadas formas de discriminación, así como distintas vulnerabilidades a lo largo de su vida.

Entre ellas se destaca el desproporcionado impacto de la pobreza, el fundamentalismo religioso y la violencia contra las mujeres, las crecientes redes criminales y el mayor poder de las corporaciones trasnacionales sobre tierras y territorios, además de la profundización de los conflictos y la militarización, la generalizada violencia de género y la destrucción ambiental.

Las mujeres han sido las cuidadoras del ambiente y productoras de alimentos durante siglos y ahora están al frente de la defensa del hábitat ante el avance de la destrucción y la extracción de recursos perpetradas por las corporaciones.

La violencia contra las mujeres que defienden la tierra se desarrolla con impunidad, justo cuando las mujeres y las niñas también concentran la atención de varios actores corporativos filantrópicos como motores del desarrollo.

La mayoría de los compromisos gubernamentales e institucionales para atender las desigualdades han sido débiles. La movilización de la gente y una ciudadanía activa son fundamentales en todas las regiones del mundo, pues cuanto más se movilizan y defienden sus derechos, más cierran el espacio político y ciudadano las élites gobernantes.

La declaración política de la 59 sesión de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW59), realizada del 9 al 20 de marzo, no es más que el último ejemplo de eso.

La Declaración de Beijing, de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, fue el acontecimiento más progresista en materia de derechos femeninos en su momento y fue el resultado de 30.000 activistas de todo el mundo presionando a los representantes de los 189 gobiernos participantes.

Pero 20 años después, organizaciones de mujeres fueron excluidas de las negociaciones de la CSW59 dejando un documento débil que no avanza lo suficiente hacia el tipo de transformación necesaria para realmente logar las promesas de Beijing.

Las fuerzas de justicia, libertad e igualdad se desplazan incansablemente. Urge la necesidad de fortalecer nuestra voz y poder colectivo para ampliar nuestros análisis compartidos y construir agendas interconectadas para la acción.

El FSM sirve exactamente para eso, y en la edición de este año, hubo una diversidad de activistas feministas que debatieron sobre las causas sistémicas de las desigualdades globales de forma intersectorial, vinculando las nuevas relaciones con la tierra y el uso de esta con el patriarcado, la soberanía alimentaria, la descolonización y el poder corporativo.

Esas interrelaciones hacen parecer que la lucha es enorme, pero también permite la solidaridad entre los movimientos.

Como red global de organizaciones, movimientos y activistas feministas y defensoras de los derechos de las mujeres, AWID trabaja desde hace 30 años para transformar las estructuras dominantes de poder y de toma de decisiones y promover los derechos humanos, la justicia de género y la sostenibilidad ambiental. En todo lo que hacemos, la colaboración es central.

Creo firmemente que no podremos logar una transformación significativa a menos que nos unamos en toda nuestra diversidad. Para AWID, unirse a la lucha por la sostenibilidad ambiental, una economía justa y los derechos humanos, es otro paso en una larga trayectoria de trabajo con y para otros movimientos

Juntos podemos tomar medidas más audaces, alentarnos a dar un paso más y apoyarnos en nuestro poder colectivo y nuestro conocimiento combinado para amplificar nuestras voces. Trabajar juntos es la única forma de revertir la desigualdad y de lograr un mundo justo y sostenible.

Editado por Kanya D’Almeida / Traducido por Verónica Firme

 


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