Granada se prepara para afrontar el cambio climático
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Granada se prepara para afrontar el cambio climático

Pescadores de Granada se preparan para salir al mar. Se quejan que en los últimos tiempos disminuyó la pesca y su modo de ingreso están peligro por el cambio climático. Crédito: Desmond Brown/IPS.

PALMISTE, Granada, 29 abr 2015 (IPS) - Henry Prince, de 67 años, vivió toda su vida en este pueblo de pescadores de Granada, y desde hace un tiempo nota que la captura es cada vez menor, lo que perjudica sus ingresos, así como los de sus colegas.

“Había escuchado hablar del cambio climático, pero nunca presté mucha atención”, dijo Prince a IPS. “Ya no pescamos jacks (Caranx lugubris) como antes”, precisó.

Estos pequeños peces suelen usarse como carnada, pero también se consumen fritos como alimento, en especial entre las familias más pobres, pues son una fuente barata de proteínas en este país insular y el segundo más pequeño del Caribe.

En los últimos años pasaron a escasear los jacks, que solían ser abundantes alrededor de noviembre. Ante su merma, los pescadores tienen que importar sardinas para carnada desde Estados Unidos.

El ministro de Agricultura, Tierras, Pesca y Ambiente de Granada, Roland Bhola, cree que la disminución de peces en sus aguas territoriales es resultado directo del cambio climático.

“Nuestros pescadores denuncian que cada vez pescan menos donde antes había un mercado próspero”, puntualizó Bhola.

“Pudimos asociar eso con el cambio climático, la destrucción de nuestros arrecifes de coral y de otros ecosistemas como los manglares”, indicó.

“Como yo lo veo, la pesca es un día buena y otro día mala”, comentó a IPS otro pescador de Palmiste, Ralph Crewney.

“En los últimos meses, apenas pescamos algo. En junio del año pasado, logramos una pesca grande a último momento”, relató.

Los pescadores de Granada, Henry Prince (derecha) y Ralph Crewney consideran al territorio costero como un virtual derecho de nacimiento, pese a los riesgos que supone el cambio climático. Crédito: Desmond Brown/IPS

Los pescadores de Granada, Henry Prince (derecha) y Ralph Crewney consideran al territorio costero como un virtual derecho de nacimiento, pese a los riesgos que supone el cambio climático. Crédito: Desmond Brown/IPS

Crewney, de 68 años, hace 20 que vive en la costa, y también nota que en los últimos meses, el mar se acerca a su pequeña choza. Pero no tiene planes de mudarse en breve.

“Estoy cómodo porque me gusta estar lejos del ruido”, explicó.

Otras familias de la zona piensan en reasentarse en las comunidades de los cerros, pero se muestran renuentes a alejarse demasiado de su fuente de ingresos.

Las familias de pescadores del Caribe consideran a los terrenos frente al mar como un virtual derecho de nacimiento, con la alarmante proporción de 70 por ciento de la población caribeña asentada en la franja costera.

En la región de la Comunidad del Caribe (Caricom), la población depende de la pesca para su desarrollo económico y social. El recurso también contribuye a su seguridad alimentaria, al alivio a la pobreza, al empleo, al ingreso de divisas, al desarrollo y a la estabilidad de las comunidades rurales y costeras, así como a la cultura, la recreación y el turismo.

Las tormentas y la erosión siempre dieron forma a la geografía del ambiente costero, pero se prevé que la elevación del mar y el aumento de tormentas más intensas conlleve una transformación drástica de la franja costera en las próximas décadas, lo que acarreará enormes costos económicos y sociales.

El rubro ofrece un empleo directo a más de 120.000 pescadores e indirecto a miles de personas más, en especial mujeres, que se dedican al procesamiento, la comercialización, la construcción de barcos, la fabricación de redes y otros servicios vinculados.

Las tormentas y la erosión siempre dieron forma a la geografía del ambiente costero, pero se prevé que la elevación del mar y el aumento de tormentas más intensas conlleve una transformación drástica de la franja costera en las próximas décadas, lo que acarreará enormes costos económicos y sociales.

Según científicos y modelos informáticos, el aumento del nivel del mar a escala global podría ser de por lo menos un metro para 2100, como consecuencia de la mayor distribución de las corrientes más cálidas y del derretimiento de la capa de hielo de Groenlandia y la Antártida.

El nivel del mar global aumentó en promedio unos tres centímetros en los 10 años posteriores a 1993, según especialistas en clima, aunque las consecuencias podrían amplificarse en diferentes áreas según la topografía, entre otros factores.

El 16 de este mes, delegados que participaron en la Consulta Nacional de Actores urgieron a las autoridades a restablecer el Consejo Nacional de Cambio Climático, dado que la isla se encamina a fortalecer las medidas para hacer frente al impacto del fenómeno.

Según ellos, si bien Granada obtuvo avances en materia de cambio climático y ambiente, todavía le falta mucho por hacer en lo que respecta a la resiliencia y el desarrollo de capacidad para la implementación de medidas concretas.

La consulta, organizada por el Banco Mundial y el gobierno, duró un día.

El restablecimiento del consejo ayudará a “impulsar la agenda de cambio climático para integrar el fenómeno a la planificación nacional y la incorporación de la adaptación”, así como el monitoreo y el registro, señala un comunicada del gobierno.

El Programa para la Resiliencia Climática (CIF), del Fondo de Inversión Climático, aprobó este año un paquete de 10,39 millones de dólares para financiar un proyecto piloto vinculado a la resiliencia.

El ministro de Ambiente de Granada, Roland Bhola, dijo que su pequeño país insular es muy vulnerable al cambio climático. Crédito: Desmond Brown/IPS

El ministro de Ambiente de Granada, Roland Bhola, dijo que su pequeño país insular es muy vulnerable al cambio climático. Crédito: Desmond Brown/IPS

Granada, junto con San Vicente, Santa Lucía, Dominica, Jamaica y Haití se beneficiarán directamente de ese fondo.

El informe de 2007 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), señala que la devastación que dejó el huracán Iván en Granada en 2004, “es un poderoso reflejo de la realidad de la vulnerabilidad de las pequeñas islas”.

El huracán dejó 28 personas muertas, causó daños que llegaron al doble del producto interno bruto, destruyó 90 por ciento del parque de viviendas y hotelero y hundió a una economía que venía creciendo seis por ciento al año.

Se estima que tanto Granada y sus vecinos del Caribe, que dependen del turismo, están entre los países más vulnerables al cambio climático.

Numerosos científicos coinciden en que esta nación insular tiene un alto riesgo de sufrir un impacto negativo debido al cambio climático en varias áreas, como inundación costera por desastres naturales y aumento de tormentas.

También señalan al ecosistema marino afectado por el aumento de la temperatura del océano y la mayor escorrentía de agua dulce por la destrucción de los arrecifes de coral y la interrupción de la cadena alimenticia, que afecta a la pesca y al turismo.

En los últimos 25 años, las frágiles islas granadinas de Carriacou y Petite Martinique también sufrieron el azote de tormentas, huracanes, marejadas y elevación del nivel del mar.

Esto causó una severa pérdida de la vegetación de manglar a lo largo de la costa, así como una erosión costera, daños al suelo y una seria amenaza al turismo, que depende en gran medida de las prístinas condiciones de la playa y de la salud de la vida marina.

Mientras, a medida que los países se preparan para adoptar un nuevo acuerdo internacional vinculante en París diciembre, cuando se realizará la 21 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Bhola dijo que Granada aspira a su implementación con gran expectación.

“Mi país, Granada, un pequeño país en desarrollo, es muy vulnerable al cambio climático. Un acuerdo exitoso debe reducir el riesgo que afrontamos y ayudarnos a hacer frente a las consecuencias que tiene en nuestro país, para nuestro pueblo y nuestro modo de vida”, remarcó.

Editado por Kitty Stapp / Traducido por Verónica Firme

 


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