La ONU a los 70 años, tiempo de priorizar los derechos humanos
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La ONU a los 70 años, tiempo de priorizar los derechos humanos

Este es un artículo de opinión de Babatunde Osotimehin, secretario general adjunto de la Organización de las Naciones Unidas y director ejecutivo del Fondo de Población de las Naciones Unidas.

Babatunde Osotimehin, director ejecutivo del Fondo de Población de las Naciones Unidas. Crédito: UN Photo/Paulo Filgueiras

NACIONES UNIDAS, 21 may 2015 (IPS) - Hace 70 años, cuando se fundó la Organización de las Naciones Unidas (ONU), todos sus miembros reafirmaron su fe en los derechos humanos fundamentales, en la dignidad y el valor de la persona humana, así como en los derechos de hombres y mujeres y de los países grandes y pequeños.

El compromiso con los derechos humanos fundamentales, que consagró primero la Carta de las Naciones Unidas y luego la Declaración Universal de Derechos Humanos, perdura actualmente en muchos otros tratados y acuerdos. Entre ellos, el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de 1994.

Abundan evidencias indiscutibles de que, cuando la salud sexual y reproductiva se integra a iniciativas más amplias de desarrollo económico y social, puede tener un efecto positivo multiplicador sobre el desarrollo sostenible y el bienestar de naciones enteras.
Ese Programa de Acción, aprobado por 179 gobiernos, articuló una visión nueva y osada sobre las relaciones entre población, desarrollo y bienestar individual. Y fue destacable su reconocimiento de que la salud y los derechos reproductivos, así como el empoderamiento de las mujeres y la igualdad de género, son los cimientos del desarrollo económico y social.

Ese documento también se basa en principios de derechos humanos y respeto por la soberanía nacional y las varias religiones y orígenes culturales, además de en el derecho humano de individuos y parejas a determinar libremente la cantidad de hijos que desean tener y a acceder a la información y los medios para poder hacerlo.

Desde el comienzo de sus operaciones hace 46 años, en cumplimiento del Programa de Acción desde 1994, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) promueve la dignidad y los derechos individuales, entre los cuales se cuentan los derechos reproductivos.

Y es que los derechos reproductivos van de la mano con las libertades que implican los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales.

El derecho a decidir la cantidad de hijos que se desea tener y el espaciamiento entre ellos es un factor integral de los derechos reproductivos y de otros derechos humanos básicos, incluido el derecho a la salud, particularmente la salud sexual y reproductiva, el derecho a la privacidad, el derecho a la igualdad y a la no discriminación, y el derecho a la libertad y a la seguridad de la persona.

Los derechos reproductivos no solo radican en el reconocimiento del derecho de parejas e individuos a planificar sus familias, sino también del derecho a gozar de una salud sexual y reproductiva de máxima calidad.

El impacto del Programa de Acción ha sido realmente revolucionario para los cientos de millones de mujeres que en los últimos 21 años obtuvieron el poder y los medios para evitar o retrasar un embarazo.

Enfocar la salud sexual y reproductiva desde la perspectiva de los derechos humanos, incluida la planificación familiar voluntaria, arrojó resultados extraordinarios. El empoderamiento de más millones de mujeres les permitió tener menos hijos e iniciar sus familias a edades más avanzadas, brindándoles la oportunidad de completar sus estudios, obtener mejores ingresos y salir de la pobreza.

Actualmente abundan evidencias indiscutibles de que, cuando la salud sexual y reproductiva se integra a iniciativas más amplias de desarrollo económico y social, puede tener un efecto positivo multiplicador sobre el desarrollo sostenible y el bienestar de naciones enteras.

Investigaciones recientes muestran que las inversiones en el capital humano de las personas jóvenes -en parte garantizando su derecho a la salud, que incluye la sexual y reproductiva- puede ayudar a las naciones con grandes poblaciones juveniles a obtener dividendos demográficos.

Esos dividendos pueden ayudar a sacar a millones de personas de la pobreza, y a estimular el crecimiento económico y el desarrollo nacional. Si África subsahariana aprovechara sus dividendos demográficos a la escala en que lo hizo Asia oriental en los años 80 y 90, la región podría experimentar su propio milagro económico.

Los principios de igualdad, derechos inalienables y dignidad consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Humanos y el Programa de Acción son relevantes en la actualidad, mientras la comunidad internacional se prepara para lanzar una iniciativa de desarrollo global sostenible a 15 años que se basa en y va más allá de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, cuyo plazo vence este año.

La nueva Agenda de Desarrollo Post 2015 se basa en los principios de igualdad, derechos humanos y dignidad.

Respetar estos principios y lograr cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) requiere hacer cumplir el derecho a la salud y, dentro de ellos, los derechos sexuales y reproductivos.

Concretar el objetivo propuesto de garantizar vidas sanas y promover el bienestar para todas las personas de todas las edades, por ejemplo, depende en parte de si los individuos tienen el poder y los medios de evitar embarazos no deseados o infecciones de transmisión sexual, entre ellas el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), causante del sida.

Los derechos humanos guían a la ONU en su camino hacia la sostenibilidad desde su creación misma, en 1945. Y esos derechos, incluidos los reproductivos, guían también al UNFPA por el mismo sendero desde hace décadas.

Al cumplirse el 70 aniversario de la ONU y con la mira puesta en la Agenda de Desarrollo Post 2015, debemos priorizar la promoción y protección de los derechos humanos y la dignidad de cada persona, a fin de que las generaciones actuales y futuras construyan el futuro que queremos.

 

Editado por Kitty Stapp

 

 


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