Jamaica acata al FMI y se olvida de los pobres
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Jamaica acata al FMI y se olvida de los pobres

Los dulces y galletas, el hielo y las pocas bebidas que vende Elise Young, de 70 años, no alcanzan para pagar su cuenta mensual de electricidad, de 18 dólares, y además comprar comida. Crédito: Zadie Neufville/IPS

Los dulces y galletas, el hielo y las pocas bebidas que vende Elise Young, de 70 años, no alcanzan para pagar su cuenta mensual de electricidad, de 18 dólares, y además comprar comida. Crédito: Zadie Neufville/IPS

KINGSTON, Jamaica, 4 jun 2015 (IPS) - Para Roxan Brown, el éxito que el Fondo Monetario Internacional (FMI) le atribuye a Jamaica no significa nada. Esta madre de dos hijos está desesperada por encontrar trabajo y depende de la bondad de sus familiares y amigos para sobrevivir.

Roxan, de 32 años, realizó varios cursos de formación patrocinados por el Estado e incluso se inscribió en el Programa de Promoción a través de la Salud y Educación (PATH, en inglés), creado por el gobierno para ayudar a la población pobre. Pero no fue aceptada para recibir la ayuda y no entiende el motivo.

A lo largo de la historia de las relaciones de Jamaica con el FMI, los más pobres de sus 2,8 millones de habitantes son quienes han sufrido la carga más pesada. Como el gobierno dedica la mayor parte de sus ingresos a pagar los préstamos del banco multilateral, no queda nada para la asistencia pública.

La madre soltera pasa los días llamando por teléfono, enviando mensajes y haciendo todos los viajes que su bolsillo le permite con la esperanza de encontrar trabajo. Roxan necesita ayudar a su hijo, que terminó la secundaria en 2014 y fue aceptado en la universidad. Su hija asiste a la escuela secundaria y está preparando sus exámenes.

A varios kilómetros de distancia, en el austral pueblo costero de Denbigh, dos ancianas están sentadas afuera del Centro de Salud May Pen. Cinco días por semana se dedican a ganar sus escasos ingresos con la venta de dulces, galletas, agua embotellada, bebidas y frutas. No reciben pensiones y tampoco son aptas para recibir ni siquiera la ayuda básica del PATH.

Los dulces y galletas, el hielo y las pocas bebidas que vende Elise Young, de 70 años, no alcanzan para pagar la cuenta mensual de electricidad, de 18 dólares, y además comprar comida.

“Es muy difícil, pero igual tengo que vivir”, comentó. Su hija, que generalmente la ayuda con algunos dólares por semana, está desempleada ahora.

Al lado de Elise se encuentra Iona Samuels, que día sí y día no se dedica a vender naranjas y bananas para llegar a fin de mes. Ella tiene suerte, no paga alquiler porque le cuida la casa a una amiga que vive en Canadá.

Sin embargo, no puede salir a vender sus frutas todos los días porque no siempre puede reponer su mercadería ya que las cuentas de agua y luz le quitan todo su dinero.

“A veces compro dos docenas de naranjas y dos docenas de bananas y solo vendo la mitad. Entonces no gano nada porque tengo que venderlas a precio de costo y tengo que comer y pagar las cuentas”, explicó.

Iona cuenta que su edad avanzada limita su capacidad para hacer otro tipo de trabajos. Le preocupa que el gobierno no tenga programas para la gente “pobre y vulnerable” como ella.

La buena fortuna que le permite a Iona vivir sin pagar alquiler también la perjudica ya que no reúne las condiciones para recibir la ayuda estatal.

“Vivo en una casa totalmente amueblada, así que no soy apta para recibir nada. No se toma en cuenta que la casa no es mía… Hay una cocina a gas y una televisión, así que no reúno las condiciones para recibir ayuda”, se queja.

A lo largo de la historia de las relaciones de Jamaica con el FMI, los más pobres de sus 2,8 millones de habitantes son quienes han sufrido la carga más pesada. Como el gobierno dedica la mayor parte de sus ingresos a pagar los préstamos del banco multilateral, no queda nada para la asistencia pública.

La organización estadounidense Centro de Política Económica e Investigación señala que, transcurridos tres años desde su último acuerdo con el FMI, la economía de Jamaica se está sofocando, luchando por mantener la tasa de crecimiento que oscila 0,1 y 0,5 por ciento en el actual trimestre.

Tras 20 años de reducción de la pobreza del país, el número de jamaiquinos que viven por debajo del umbral de la pobreza se disparó en los últimos años, de 9,9 por ciento en 2007 a 12,3 en 2008, 16,5 en 2009 y 19,9 por ciento en 2012. Según investigación de la Iglesia Adventista en 2014, actualmente hay 1,1 millones de personas que viven en la pobreza.

El problema más acuciante es la deuda externa, algo que el gobierno reconoce como un serio obstáculo para el crecimiento económico. Según el Banco Mundial, la proporción de la deuda frente al producto interno bruto (PIB) jamaiquino, estimada en 140 por ciento a fines de marzo de 2015, es una de las más altas del Sur en desarrollo.

La primera ministra Portia Simpson Miller ganó las elecciones generales de 2011 con la promesa de que su gobierno sería un amigo de los pobres. Pero el Instituto de Planificación de Jamaica (PIOJ) advirtió que, si bien el programa del FMI es necesario, no alcanza para desbloquear el tipo de crecimiento imprescindible para impulsar la economía y generar empleos.

“La recuperación económica sigue siendo frágil”, según el PIOJ, a pesar de que el país aplicó las recomendaciones del FMI y mejoró sus indicadores macroeconómicos y sus perspectivas de crecimiento.

“Durante décadas, Jamaica lidió con un crecimiento bajo, deuda pública alta y muchos choques externos que debilitaron aún más la economía. En los últimos 30 años el PIB real por habitante aumentó en promedio apenas uno por ciento por año, por lo que Jamaica es uno de los países en desarrollo de crecimiento más lento”, confirmó el Banco Mundial.

En pocas palabras, Jamaica gasta mucho más de lo que gana. Aunque hay algunos sectores que avanzan, los industriales y la comunidad internacional atribuyen al costo del combustible, los altos costos de la energía y la delincuencia la falta de crecimiento.

En 2014, Jamaica le pagó al FMI 136 millones de dólares más de lo que recibió, y el país aún le debe al Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo más de 650 millones de dólares hasta 2018. No obstante, el gobierno sigue luchando para mantener la gratuidad de la atención médica y la educación primaria y secundaria.

Algunos creen que el gobierno no hace lo que puede para generar puestos de trabajo, y que los empleos disponibles van a parar a sus partidarios. Otros culpan al sector privado, y este a su vez apunta a la devaluación del dólar y al alto costo de los combustibles y la energía.

La tasa de desempleo nacional asciende a 14,2 por ciento, y se calcula que el desempleo juvenil duplica esa cantidad. Todo hace pensar que las cosas no pintan bien para Roxan.

Editado por Kitty Stapp / Traducido por Álvaro Queiruga

 


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