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Planta en Chile abre las puertas sudamericanas a la geotermia

Parte del campo de géiseres de El Tatio, en la región de Antofagasta, en el norte de Chile. La energía geotérmica nace del calor interno de la Tierra y la fuerza que genera el vapor se aprovecha para impulsar una turbina capaz de mover un generador eléctrico. Crédito: Marianela Jarroud/IPS

Parte del campo de géiseres de El Tatio, en la región de Antofagasta, en el norte de Chile. La energía geotérmica nace del calor interno de la Tierra y la fuerza que genera el vapor se aprovecha para impulsar una turbina capaz de mover un generador eléctrico. Crédito: Marianela Jarroud/IPS

OLLAGÜE, Chile, 25 ago 2015 (IPS) - Chile, un territorio plagado de volcanes y géiseres, inició la construcción de la primera planta geotérmica de América del Sur, un proyecto que busca ser la puerta de entrada de esta energía al país, cuya matriz energética está compuesta mayoritariamente por combustibles fósiles.

El proyecto de la Central Geotérmica Cerro Pabellón tiene “una importancia gigantesca” para el Estado chileno, que hace más de 40 años “inició la exploración y perforación de geotermia” sin que hasta ahora se concretara un proyecto, afirmó a IPS el gerente general de la estatal Empresa Nacional del Petróleo (Enap), Marcelo Tokman.

Ubicada en el municipio rural de Ollagüe, 1.377 kilómetros al norte de Santiago, en pleno altiplano andino, en la región de Antofagasta, Cerro Pabellón “no solo será la primera planta geotérmica de Chile y de América del Sur, sino también la primera en el mundo en ser construida a 4.500 metros sobre el nivel del mar”, añadió Tokman.

La planta, propiedad en 51 por ciento de la empresa italiana Enel Green Power y en 49 por ciento de ENAP, se compone de dos unidades con una capacidad instalada bruta durante la primera fase de 24 megavatios cada una, pero con la ventaja de poder generar de manera continua.

Esa capacidad la iguala en términos de generación anual a una central fotovoltaica o eólica de 200 megavatios.

La primera etapa entraría en operación en el primer trimestre 2017 y un año después se incorporarían otros 24 megavatios. Pero se estima que la planta podría  generar unos 100 megavatios a mediano plazo, en una instalación que ocupará 136 hectáreas.

Tokman precisó que, una vez en operación, Cerro Pabellón será capaz de producir cerca de 340 gigavatios hora al año que irán al sistema interconectado nacional y que equivalen a las necesidades de consumo de unos 154.000 hogares chilenos, en un país de 17,6 millones de personas.

Además, añadió, se evita la emisión anual de más de 155.000 toneladas de dióxido de carbono, al reducir el consumo de combustibles fósiles.

El desierto de Atacama, el más árido del mundo, acoge parte importante del potencial geotérmico de Chile y es el asiento de la primera planta sudamericana para aprovechar esa energía. Crédito: Marianela Jarroud/IPS

El desierto de Atacama, el más árido del mundo, acoge parte importante del potencial geotérmico de Chile y es el asiento de la primera planta sudamericana para aprovechar esa energía. Crédito: Marianela Jarroud/IPS

En la fase de exploración se invirtieron 60 millones de dólares y se estima que en lo sucesivo se invertirán 320 millones de dólares, destinados en parte a la construcción de una línea de transmisión  eléctrica de 73 kilómetros.

La energía geotérmica es la que produce el calor interno de la Tierra y que se concentra en el subsuelo en lugares conocidos como reservorios geotermales, que pueden producir energía limpia de forma indefinida.

Avances sudamericanos

Brasil tiene las dos reservas de agua dulce subterránea más grandes del mundo: el Acuífero Guaraní y el Alter do Chão, pero sin potencial geotérmico, según un estudio de 1984, actualmente en revaluación. Dentro de un acuerdo con Alemania para buscar fuentes alternativas de energía, se incluye la geotermia.

Son seis los países sudamericanos que integran el Cinturón de Fuego del Pacífico, un cordón volcánico con territorios vírgenes para la exploración de la geotermia: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú.

En 1988, Argentina construyó Copahue I, una central geotérmica experimental de capital japonés, que suministraba 0,67 megavatios y que quedó inoperativa. Actualmente, entre sus proyectos energéticos está la construcción de la central geotérmica "Copahue II" en las termas de Copahue, en la provincia de Neuquén, que generaría 100 megavatios.

En Perú, un estudio preliminar de la Agencia Internacional de Cooperación del Japón y el Ministerio de Energía y Minas reveló en 2013 que el país tiene un potencial geotérmico de 3.000 megavatios hora. Pero, hasta ahora no hay proyectos de plantas geotérmicas.

En febrero, el presidente de Bolivia, Evo Morales, anunció que desde 2019 el país a exportará electricidad a sus vecinos, procedente de la Planta Geotérmica Laguna Colorada. El proyecto, financiado por Japón, tiene dos etapas, de 50 megavatios cada una.

Esa energía calórica se transmite hacia la superficie y la fuerza que genera el vapor se aprovecha para impulsar una turbina capaz de mover un generador eléctrico.

Filipinas aloja a tres de las 10 mayores centrales geotérmicas en el mundo, seguido por Estados Unidos e Indonesia con dos, e Italia, México e Islandia con una.

Chile, según estudios, es uno de los países con mayor potencial geotérmico en América Latina.

Su territorio largo y estrecho se extiende 4.270 kilómetros sobre las faldas de la Cordillera de los Andes, la mayor cadena volcánica de la Tierra. El país también integra el Cinturón de Fuego del Pacífico.

Para los ambientalistas, la geotermia es una forma de generación de relativo bajo impacto, siempre y cuando se respeten parámetros de escala y localización.

“La geotermia es una energía renovable no convencional en la medida que tenga pertinencia territorial y cultural. La energía por sí sola no garantiza su sustentabilidad social y ambiental”, advirtió a IPS el ingeniero de geomensura Lucio Cuenca, director del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales, con sede en Santiago.

Respetando estos parámetros, la geotermia “es una muy buena alternativa energética” para el país, agregó.

En el caso de Cerro Pabellón, las comunidades cercanas pertenecen a la reserva natural de Alto El Loa, conformada por las aldeas y comunidades de Caspana, Ayquina, Turi, Chiu Chiu, Cupo, Valle de Lasana, Taira y Ollagüe, que en conjunto superan en poco los mil habitantes, la mayoría indígenas atacameños y quechuas.

El Consejo de Pueblos Originarios de Alto El Loa logró que Enap y Enel firmaran un grupo de convenios con esa representación indígena para la implementación de proyectos de desarrollo social para estas comunidades, en compensación por el impacto del proyecto, en especial la línea de transmisión.

Para los habitantes de Alto El Loa, desperdigados en lugares recónditos en medio del desierto de Atacama, si el proyecto es sustentable y beneficia a su comunidad, es positiva. Sin embargo, advierten sobre su preocupación del respeto de sus tradiciones.

“Me gustaría que existiera mayor ayuda y si esto sirve, bienvenido sea. A veces nos sentimos un poco abandonados  y aislados”, afirmó a IPS la atacameña Luisa Terán, de la comunidad de Caspana.

“Eso sí, debe ser con respeto a nuestras tradiciones y eso lo exigen con mayor fuerza nuestros abuelos”, añadió.

Otros, sin embargo, rechazan el proyecto por considerarlo “anti natural” y “violento” para el hábitat de la región.

“Si le haces daño a la Tierra, de alguna forma esta te lo va a cobrar. No puede ser que perfores kilómetros hacia abajo y no pase nada”, comentó a IPS el guía turístico Víctor Arque, de San Pedro de Atacama, un pueblo altiplánico distante unos 290 kilómetros de Ollagüe.

Amanecer entre los vapores de los géiseres de El Tatio, en el norte de Chile, donde comienza a sacarse provecho a esta energía limpia e infinita con la construcción de la Central Geotérmica Cerro Pabellón, en el municipio rural de Ollagüe. Crédito: Marianela Jarroud/IPS

Amanecer entre los vapores de los géiseres de El Tatio, en el norte de Chile, donde comienza a sacarse provecho a esta energía limpia e infinita con la construcción de la Central Geotérmica Cerro Pabellón, en el municipio rural de Ollagüe. Crédito: Marianela Jarroud/IPS

El precedente de El Tatio

Chile fue un país pionero en estudiar el potencial geotérmico. La primera exploración se realizó en 1907 en El Tatio, un campo de géiseres ubicado a unos 200 kilómetros de Cerro Pabellón y a unos 4.300 metros sobre el nivel del mar. Es el tercero del mundo, tras uno de Estados Unidos  y otro de Rusia.

En 1931 se perforaron dos pozos en esa zona y a fines de los años 60, el gobierno realizó exploraciones más sistemáticas, posteriormente abandonadas.

En 2008, la empresa Geotérmica del Norte, del consorcio energético italiano Enel, inició una exploración en la Quebrada del Zoquete, a pocos kilómetros de El Tatio, utilizando los equipos instalados allí.

En septiembre del año siguiente, una columna de vapor de agua de 60 metros de altura se levantó desde uno de los pozos donde la empresa extraía y reinyectaba fluidos geotérmicos. Esta anomalía,  provocada por la falla de una de las válvulas, persistió más de tres semanas y  determinó que el gobierno revocara el permiso.

Tokman, entonces ministro de Energía, recordó el episodio. “Afortunadamente se habían tomado todos los resguardos de exigirle a ese proyecto distintos instrumentos de medición para asegurarse que el reservorio fuente fuera más profundo y distinto del de los géiseres de El Tatio”, afirmó.

Para Cuenca, el error fue “haber reiniciado un programa de geotermia en Chile haciendo todo lo que no se debía hacer, es decir, intervenir un lugar donde hay comunidades indígenas, que tiene alto aprecio turístico y económico, solo con el fin de aprovechar la infraestructura que ya estaba instalada”.

Con todo, los expertos alertan que la geotermia no es ninguna panacea para resolver el déficit de energía de Chile, pues si hay algo que el país aprendió es que es necesario tener una matriz diversificada.

Pero de confirmarse el potencial que tiene Chile, Cerro Pabellón podría abrir las puertas a un mayor desarrollo de la geotermia no solo en el país, sino en América del Sur.

Editado por Estrella Gutiérrez

 


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