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El estancamiento amenaza la solidaridad y el desarrollo mundiales

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El acceso a las nuevas tecnologías será cada vez más crucial para el progreso humano y el desarrollo sostenible en muchas áreas, incluida la mejora de la seguridad alimentaria. Bióloga Ana Panta en el banco de germoplasma del Centro Internacional de la Papa, Perú. Crédito: Milagros Salazar/IPS.

El acceso a las nuevas tecnologías será cada vez más crucial para el progreso humano y el desarrollo sostenible en muchas áreas, incluida la mejora de la seguridad alimentaria. Bióloga Ana Panta en el banco de germoplasma del Centro Internacional de la Papa, Perú. Crédito: Milagros Salazar/IPS.

ROMA, 16 sep 2015 (IPS) - La nueva Agenda de Desarrollo Posterior a 2015 se lanzará oficialmente en una cumbre de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, que se desarrollará entre los días 25 y 27 de este mes.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que deberán cumplirse para 2030 y que remplazan a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), incluyen  un llamado a revitalizar la solidaridad internacional.

Tras descender en los años 90, el volumen de la ayuda creció 66 por ciento en términos reales desde 2000, y alcanzó 135.000 millones de dólares en 2014. Sin embargo, eso representa apenas 0,29 por ciento del INB de los países donantes, menos de la mitad de lo prometido, lo que implica un déficit de 191.000 millones de dólares.

La Conferencia sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en Addis Abeba en julio, fue la primera prueba del grado de compromiso que existe para dotar a la nueva agenda con los medios necesarios para cumplirla.

Pero la Conferencia reiteró en gran medida los compromisos de los ODM. Hace falta una solidaridad mundial más ambiciosa. El estancamiento económico prolongado y la  austeridad de los países ricos no son un buen augurio.

El historial de solidaridad mundial, en el marco de los ODM, resultó decepcionante.

Los informes anuales de la ONU sobre los ODM, incluido el último correspondiente a 2015, exhibieron varias deficiencias.

Hace casi 50 años, la comunidad internacional se comprometió a transferir 0,7 por ciento del ingreso nacional bruto (INB) de los países ricos a los países pobres en forma de asistencia oficial para el desarrollo (AOD), o ayuda.

Tras descender en los años 90, el volumen de la AOD creció 66 por ciento en términos reales desde 2000, y alcanzó 135.000 millones de dólares en 2014. Sin embargo, eso representa apenas 0,29 por ciento del INB de los países donantes, menos de la mitad de lo prometido, lo que implica un déficit de 191.000 millones de dólares.

Por lo menos 0,15 por ciento del INB de los donantes (70.000 millones de dólares) debería haberse destinado a los países menos adelantados (PMA). En cambio, en 2014, estos solo recibieron 45.000 millones, apenas dos tercios de la cuota prometida, lo que implica un déficit de 22.000 millones.

En  la cumbre que el Grupo de los Ocho (G 8) países más ricos celebró en 2005 en la localidad escocesa de Gleneagles,  sus gobernantes se comprometieron a sumar 25.000 millones de dólares a la AOD anual a África, hasta alcanzar los 64.000 millones. En los hechos, se sumaron 18.000 millones menos, una diferencia de 72 por ciento con lo prometido.

La eficacia de la ayuda

No obstante, la ayuda internacional fue relativamente estable y ha sido fundamental en el crecimiento de algunas economías africanas en los últimos años, especialmente cuando se utiliza para mejorar la infraestructura y la agricultura.

Gran parte de la AOD bilateral solía ser condicionada, lo que a menudo implica el pago excesivo por productos y servicios caros del país donante, incluida la asistencia técnica innecesaria o no deseada.

En los años 90 se avanzó en eliminar las condiciones de la ayuda, pero ese progreso prácticamente cesó con el nuevo milenio. La proporción de la ayuda no condicionada de los países donantes apenas aumentó de 80 a 83 por ciento entre 2000 y 2013.

Por lo tanto, una parte considerable de la ayuda sigue asignándose según las prioridades de los donantes, lo que limita el margen político de los destinatarios.

Deuda

El mayor éxito en la última década probablemente tenga que ver con la sostenibilidad de la deuda. Avanzó considerablemente la iniciativa de los países pobres muy endeudados (PPME) y la iniciativa de alivio de la deuda multilateral complementaria.

Pero la reducción de la deuda todavía no se trata como algo adicional a la AOD, lo que resulta en un “doble cómputo”, la primera vez en calidad de préstamo en condiciones favorables, y luego, como una condonación de la deuda.

En consecuencia, las transferencias reales de recursos suelen ser bastante menores que la AOD declarada, y gran parte se dedica al pago de la deuda existente.

La deuda externa de los países en desarrollo sigue disminuyendo, aunque la proporción es mayor para los países de bajos ingresos tras la crisis de 2008-2009. Aunque los niveles son más altos ahora que en 2000, la mayoría no se considera en un nivel de peligro.

Sin embargo, esta situación puede empeorar si se mantiene la caída de los precios de los productos básicos que comenzó en 2014.

Algunos PPME están por tener niveles altos de sobreendeudamiento. La mayor preocupación radica en la deuda de muchos pequeños estados insulares en desarrollo, especialmente en el Caribe, con una tasa de deuda externa superior a 100 por ciento.

En los últimos quince años, las crisis de deuda soberana también afectaron a países de mayores ingresos, como Argentina, Grecia e Islandia, lo que subraya la necesidad de que la comunidad internacional elabore un marco de renegociación de la deuda que sea equitativo y eficaz.

Preferencias comerciales

En la cumbre de los PMA, celebrada en Bruselas en 2001, la comunidad internacional se comprometió a otorgar un acceso libre de aranceles y cuotas a las exportaciones de estos países.

En la práctica, el acceso aumentó de 75 por ciento en 2000 a 90 por ciento en 2005, para caer de nuevo a 84 por ciento en 2014.

El acceso a la tecnología

El acceso asequible y equitativo a las nuevas tecnologías será cada vez más crucial para el progreso humano y el desarrollo sostenible en muchas áreas, incluida la mejora de la seguridad alimentaria, así como la mitigación del cambio climático y la adaptación al mismo.

La caída de la investigación del sector público, el fortalecimiento de las demandas de derechos de propiedad intelectual y el consiguiente mayor control privado de las tecnologías tienen consecuencias nefastas para los pobres, que no pueden pagar el acceso.

El progreso para garantizar el acceso asequible a los medicamentos esenciales genéricos ha sido escaso. Entre 2007 y 2014, los mismos solo estaban disponibles en 58 por ciento de los centros sanitarios públicos y en 67 por ciento de las instalaciones privadas.

En comparación con los precios internacionales, el costo medio de estos medicamentos era aproximadamente 5,7 veces mayor en los países de ingresos medios-bajos, y tres veces en los países de bajos ingresos.

Estos antecedentes deberían poner un poco de presión en el debate en curso acerca de los “medios de ejecución” para facilitar el logro de los ODS.

Es fundamental movilizar esos medios a una escala mucho mayor para realizar la promesa de un mundo más inclusivo y sostenible, sin pobreza ni hambre.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de los autores y no representan necesariamente las de IPS – Inter Press Service, ni pueden atribuírsele.

Traducido por Álvaro Queiruga

 

 


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