Las armas de EEUU y Rusia en poder del Estado Islámico
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Las armas de EEUU y Rusia en poder del Estado Islámico

Crédito: Wikimedia Commons

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NACIONES UNIDAS, 25 sep 2015 (IPS) - Estados Unidos y Rusia incrementan las ventas de armas a Iraq y Siria, dos de sus aliados en Medio Oriente, a pesar del temor de que parte de ese armamento termine en poder del Estado Islámico (EI) y otros grupos insurgentes que combaten a las fuerzas gubernamentales.

Entre las ventas previstas de Estados Unidos a Iraq, por más de 15.000 millones de dólares, se incluyen 175 tanques Abrams y 1.000 vehículos blindados Humvee, junto con aviones de combate, helicópteros de ataque y misiles guiados por láser.

Cuando el EI capturó en octubre un tesoro de armas estadounidenses de manos de soldados iraquíes que se habían dado a la fuga, uno de los líderes insurgentes declaró, irónicamente: "Esperamos que los estadounidenses cumplan con sus acuerdos y brinden servicio a nuestros helicópteros”.

Rusia, por su parte, reforzó recientemente al asediado gobierno sirio del presidente Bashar al Assad con aviones de combate, helicópteros artilleros y de transporte, seis tanques de combate T-90, 15 obuses y 35 vehículos blindados de transporte de personal, según informes publicados.

Pero los beneficiarios finales podrían llegar a ser grupos insurgentes – entre ellos el extremista EI, la red Al Qaeda y el Frente Nusra – que capturen esas armas o las confisquen a las fuerzas militares, que ya han abandonado sus armas varias veces en el pasado al huir del campo de batalla.

El diario estadounidense The Wall Street Journal informa que algunos legisladores de Estados Unidos, conscientes de los riesgos, condicionan su aprobación a la venta de armas a Iraq a las  “garantías de que las armas no caigan en manos del enemigo”.

Se prevé que el presidente estadounidense, Barack Obama, y el presidente ruso, Vladimir Putin, mantendrán conversaciones bilaterales, en concreto sobre el futuro de Siria, cuando visiten Nueva York el 28 de este mes para hablar ante la 70 Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, afirma que la guerra civil siria, que comenzó en marzo de 2011, solo puede resolverse políticamente y no por la vía de las armas.

Estados Unidos protestó por la infusión de nuevas armas al gobierno de Assad, pero Rusia sostiene que solo está cumpliendo los contratos militares que firmó con Siria, que es un aliado militar que se remonta al gobierno de Hafez al Assad (1971-2000), padre del actual presidente.

Según fuentes de inteligencia de Estados Unidos, Rusia también es responsable de la escalada militar en la ciudad portuaria de Latakia, al instalar cuarteles con capacidad para alojar un máximo de 2.000 personas, presumiblemente para asesores rusos.

Patrick Wilcken, investigador de Amnistía Internacional, dijo a IPS que la mayoría de las armas en poder de los grupos insurgentes “se capturaron en el campo de batalla”, especialmente del arsenal iraquí, durante los avances del EI en 2014, cuando el grupo extremista tomó las bases militares de Faluya, Mosul, Tikrit y Ramadi, pero también en Siria, cuando se apoderó de las bases de Raqqa y Tabaqa.

Si bien es prácticamente imposible rastrear el armamento utilizado por el EI y otros grupos armados en Iraq y Siria, Wilcken aseguró que se pueden sacar algunas conclusiones generales en base a la evidencia disponible, como las imágenes, vídeos y evidencia física recogidos por la organización Investigación sobre Armamentos de Conflictos.

La mayor parte de las armas que circulan actualmente en Siria e Iraq son de producción soviética o de países que pertenecían al Pacto de Varsovia, como variantes del rifle de asalto AK, que se fabrica en todo el mundo, explicó Wilcken.

Muchas de esas armas tienen más de 20 o 30 años de antigüedad, y algunas son de la guerra entre Irán e Iraq (1980-1988), si no anteriores, precisó.

También se comienzan a ver armas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, cuando los militares iraquíes, ya bajo la ocupación de Estados Unidos, se equiparon con armas ligeras de esa alianza militar, agregó.

Cuando el EI capturó en octubre un tesoro de armas estadounidenses de manos de soldados iraquíes que se habían dado a la fuga, uno de los líderes insurgentes declaró, irónicamente: “Esperamos que los estadounidenses cumplan con sus acuerdos y brinden servicio a nuestros helicópteros”.

Algunos de los ataques aéreos de Estados Unidos contra objetivos del EI, paradójicamente, fueron contra helicópteros de fabricación estadounidense, Humvees, vehículos blindados y piezas de artillería antiaérea suministrados originalmente para las fuerzas armadas iraquíes y actualmente en poder del grupo extremista.

No es de sorprender que todos tengan la garantía de mantenimiento y reparación de Estados Unidos.

El mercado negro prosperó en Iraq desde la caída de Sadam Hussein, y sigue creciendo, según Wilcken. Hay algunas pruebas de corrupción del ejército sirio ya que, por ejemplo, municiones fabricadas en Rusia terminaron en el arsenal del EI, no solo mediante su captura, sino también por su venta, aseguró el activista.

“Una gran cantidad de intercambio de armas se logró a través de las deserciones del ejército y de las fusiones de grupos armados”, añadió.

“La proliferación de armas en la región tiene un extenso pedigrí – al menos del lado iraquí – y los futuros Estados proveedores tendrán que tener mucho cuidado para evitar una mayor proliferación regional y sus consecuencias catastróficas”, advirtió Wilcken.

Mientras tanto, de acuerdo con el medio noticioso DefenseNews, con sede en Washington, la venta de armas a Iraq en 2014 también incluyó 681 misiles antiaéreos Stinger, 40 camiones lanzamisiles, radares Sentinel, tres baterías antiaéreas con 216 misiles Hawk, 50 portatropas Stryker, 12 helicópteros y cientos de millones de dólares en mantenimiento y apoyo logístico para miles de vehículos militares fabricados en Estados Unidos.

Además, Washington también acordó la venta de misiles Hellfire, tanques Abrams M1A1, ametralladoras, rifles de francotirador, granadas y municiones por miles de millones de dólares.

Nadie sabe cuánto de ese armamento terminará en poder de las fuerzas insurgentes.

Traducido por Álvaro Queiruga

 


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