Megaproyecto petrolero llena de elefantes blancos urbe brasileña
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Megaproyecto petrolero llena de elefantes blancos urbe brasileña

El moderno conjunto Enterprise, de dos edificios, con todas sus oficinas, tiendas y locales vacíos. Es uno de los muchos “elefantes blancos” que dejó en la ciudad de Itaboraí, en el sudeste de Brasil, el abortado megaproyecto petroquímico y petrolero de la empresa estatal Petrobras. Crédito: Mario Osava/IPS

El moderno conjunto Enterprise, de dos edificios, con todas sus oficinas, tiendas y locales vacíos. Es uno de los muchos “elefantes blancos” que dejó en la ciudad de Itaboraí, en el sudeste de Brasil, el abortado megaproyecto petroquímico y petrolero de la empresa estatal Petrobras. Crédito: Mario Osava/IPS

ITABORAÍ, Brasil, 22 oct 2015 (IPS) - Itaboraí aún recuerda sus orígenes de un municipio que se formó a lo largo de una carretera, alargándose a ambos lados de su ancha avenida central. Pero hace algunos años esta urbe del sudeste de Brasil se llenó de grandes y modernos edificios, ahora todos vacíos o casi.

La cantidad de “elefantes blancos”, o costosas obras sin uso, en esta ciudad de 230.000 habitantes, a 45 kilómetros de Río de Janeiro, resulta de “los dos choques violentos” que provocó el Complejo Petroquímico del Estado de Río de Janeiro (Comperj), explicó a IPS el secretario municipal de Desarrollo Económico, Luiz Fernando Guimarães.

“El primer impacto fue el anuncio, hecho en 2006 por el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), del proyecto y de que contemplaría dos refinerías y dos unidades petroquímicas que generarían, según estimó la Fundación Getulio Vargas, 221.000 empleos”, destacó.

El dato de la respetada fundación de estudios económicos, con sede en Río de Janeiro, superaba el total de habitantes del municipio, que era de 218.000 en 2010, según el censo de ese año.

El complejo iba a costar cerca de 6.500 millones de dólares según las proyecciones  iniciales, pero valdrá más del doble y para poner en operación una sola refinería con capacidad para procesar 165.000 barriles diarios de petróleo. La planta petroquímica y la segunda refinería se eliminaron.

Su anuncio y el inicio de las obras en 2008 “convirtieron Itaboraí en un ‘El Dorado (mítico lugar lleno de oro)’, atrayendo brasileños de todas partes y muchos extranjeros. Los alquileres se dispararon, los precios de alimentos y servicios subieron locamente, terrenos para viviendas más que decuplicaron su valor”, recordó Guimarães.

El empleo de unos 30.000 obreros y la expectativa de una amplia industrialización en torno a la petroquímica atrajeron muchas inversiones ante la expectativa de que la ciudad, “una de las más pobres del país, desfrutaría de fuerte prosperidad”, acotó a IPS el secretario de Hacienda del municipio, Rodney Mendonça.

También provocó la explosión de negocios inmobiliarios, con la construcción de modernos edificios. Se planificaron también cuatro grandes hoteles, de los que se construyeron dos.

La ciudad ganó en pocos años cerca de 4.000 unidades comerciales, entre oficinas y tiendas, estimó Guimarães, cuya cartera pasó a denominarse Secretaría de Desarrollo Económico e Integración con el Comperj. Este antiguo empresario petrolero cuida ahora la relación de la alcaldía con el reducido megaproyecto de la empresa estatal Petrobras.

El segundo choque fue la decisión de reducir el proyecto a una sola refinería, que solo se divulgó en 2014. “Pero el cambio ocurrió en 2010 y la población no fue informada. Yo lo sabía porque dejaron el consorcio varias subsidiarias de Petrobras y de Braskem”, la mayor petroquímica brasileña, dijo.

La tienda Bazarzão, que vende materiales y útiles para la construcción en la ciudad de Itaboraí, en el sudeste de Brasil. El negocio duplicó sus ventas al comenzar la construcción del Complejo Petroquímico del Estado de Río de Janeiro, pero luego cayeron a plomo cuando la empresa Petrobras canceló la parte petroquímica del proyecto. Crédito: Mario Osava/IPS

La tienda Bazarzão, que vende materiales y útiles para la construcción en la ciudad de Itaboraí, en el sudeste de Brasil. El negocio duplicó sus ventas al comenzar la construcción del Complejo Petroquímico del Estado de Río de Janeiro, pero luego cayeron verticalmente cuando la empresa Petrobras canceló la parte petroquímica del proyecto. Crédito: Mario Osava/IPS

“Imagínese que una facultad local preparaba la apertura de una carrera de petroquímica, pensando en los empleos del Comperj. Cuando yo le avisé, el director casi me mata”, contó.

No solo se cancelaron la petroquímica y su segunda refinería, sino que “la construcción de la primera está paralizada y, según Petrobras, se busca financiación para concluirla”, precisó. Eso, aunque las obras ya están ejecutadas en 87 por ciento.

En los 45 kilómetros cuadrados adquiridos para instalar el Comperj, Petrobras sí avanza en la construcción de la Unidad Procesadora de Gas Natural, que emplea a unos 3.000 trabajadores. “Tras construirla, quedarán solo 80 funcionarios para la operación”, observó Guimarães.

La ciudad sintió el golpe. Los grandes edificios comerciales quedaron vacíos y al recorrer sus calles aparecen continuos avisos de “se alquila”, mientras la mayoría de los locales comerciales están cerrados.

“La tierra de las naranjas se transformó en tierra de los elefantes blancos”, bromeó Bruno Soares, gerente de una tienda de materiales de construcción y útiles domésticos, Bazarzão, en la avenida 22 de Mayo, la principal de Itaboraí.

Su bazar no se registró como proveedor del Comperj, pero aun así sufrió su maremoto.  “Nuestras ventas cayeron 50 por ciento desde fines de 2014”, estimó, aunque reconoció que en realidad volvieron al nivel anterior al abortado auge que trajo el Comperj.

“(El negocio) subió y bajó en cinco años, demasiado rápido. Otras tiendas cerraron y los municipios vecinos también se perjudicaron”, informó.

“Itaboraí sería una potencia en América Latina si marchara bien el complejo petroquímico, pero se cayó debido a la corrupción”, opinó.

Entrada del lujoso edifico Hellix, con sus oficinas casi vacías. La Secretaria de Desarrollo Económico de la alcaldía de la ciudad de Itaboraí, en el sudeste de Brasil, se instaló en algunas de sus oficinas debido a sus muy baratos alquileres, por la falta de demanda luego que Petrobras redujo  drásticamente el megaproyecto petrolero y petroquímico en sus inmediaciones. Crédito: Mario Osava/IPS

Entrada del lujoso edifico Hellix, con sus oficinas casi vacías. La Secretaria de Desarrollo Económico de la alcaldía de la ciudad de Itaboraí, en el sudeste de Brasil, se instaló en algunas de sus oficinas debido a sus muy baratos alquileres, por la falta de demanda luego que Petrobras redujo drásticamente el megaproyecto petrolero y petroquímico en sus inmediaciones. Crédito: Mario Osava/IPS

Esa es una evaluación común en la población, no solo de Itaboraí, ante la información cotidiana sobre el escándalo de los sobornos multimillonarios en los proyectos de Petrobras, incluido el Comperj, que involucra a decenas de políticos y compañías constructoras.

Valcir José Vieira, dueño de un aparcamiento de vehículos también en el centro de Itaboraí, coincide con Soares. “Entre 2006 y 2014 mi estacionamiento estaba siempre lleno, entraban 200 automóviles diarios, hoy llegan 100 máximo”, señaló a IPS.

La caída comenzó en noviembre de 2014 y le obligó a rebajar el cobro por hora, de cinco a dos reales (1,30 a 0,52 dólares).

Para la alcaldía el desastre es doble. La recaudación cayó verticalmente, mientras se mantuvo el incremento de gastos que provocó el truncado megaproyecto y la ilusión del progreso.

El Impuesto sobre Servicios, el principal ingreso municipal, aportó durante el auge de la construcción del Comperj cerca de 250.000 reales (64 millones de dólares), un monto que caerá 40 por ciento este año, prevé la Secretaría de Hacienda.

La recaudación de otros tributos cae igualmente, por la insolvencia de las empresas en crisis.

Pero los gastos no hacen lo mismo. La afluencia de obreros y familias seducidas por la expectativa de muchos empleos y prosperidad general del municipio aumentó la demanda de salud, de escuelas y de otros servicios públicos.

“El Hospital Municipal atendía 500 personas diarias en su servicio de emergencia y saltó a 2.000 desde 2013”, comparó Mendonça, el secretario de Hacienda. La alcaldía destina 30 por ciento del presupuesto a la asistencia de salud, el doble de lo exigido por ley, acotó.

Además la administración municipal que salió en 2012, basada en las nuevas demandas y expectativas de ingresos, contrató por concurso a 2.000 nuevos funcionarios. Los ingresos impositivos tuvieron una regresión, pero no se puede despedir a los funcionarios, que tienen garantizada la estabilidad en Brasil. Es gasto queda.

Los dos secretarios se quejan de que no hubo compensación del Comperj por los impactos provocados en el municipio, tampoco inversiones para mitigar los efectos dañinos del abortado megaproyecto.

Ante los hechos consumados, la alcaldía trata de buscar alternativas de desarrollo. Guimarães está convencido que la logística será la principal actividad futura de Itaboraí.

La ciudad se ubica en un cruce de varias carreteras, aún fuera de la congestión de la región metropolitana de Río de Janeiro, y en el centro de un área que comprende actividades petroleras ajenas al Comperj, puertos, astilleros e industrias variadas, arguyó.

Además los municipios afectados por la reducción del proyecto se movilizaron para presionar a Petrobras para que al menos reanude la construcción de la primera refinería.

Itaboraí también apuesta a la pequeña empresa. La secretaría de Guimarães creó un Centro del Emprendedor, destinado a acelerar la formación de microempresas y formalizar las que ahora operan en el sector informal.

Construcción para pequeñas obras, como reformas de viviendas y servicios de estética son los negocios que más se abren ahora. “Rivalizan con las iglesias evangélicas”, comentó a IPS el coordinador del centro, Wilson Pereira.

Editado por Estrella Gutiérrez

 


  • macalacachimba

    La corrupcion rampante es lo que tiene a los pueblos de habla hispana en ese tercer mundo de corrupcion y violencia. Sin dudas cargamos con un gen defectuoso, al igual que los pueblos africanos y del medio oeste.

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