Zambia combate la desnutrición y el cambio climático
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Zambia combate la desnutrición y el cambio climático

PEMBA, Zambia, 2 nov 2015 (IPS) - Felix Muchimba, de 48 años, acaba de desayunar una bebida tradicional denominada chibwantu, a base de harina de maíz. El alimento no es muy nutritivo, pero le aporta energía para el trabajo diario en la aldea de Siamuleya, en Zambia.

Felix Muchimba, de 48 años, frente a su casa en Zambia. Crédito: Friday Phiri / IPS

Felix Muchimba, de 48 años, frente a su casa en Zambia. Crédito: Friday Phiri / IPS

Normalmente, su siguiente comida sería a la una, complementada por la cena.

Sin embargo, Muchimba y su familia de seis integrantes comerán su siguiente y última comida del día a las cuatro. Debido a la escasez de alimentos, la familia ahora solo come dos veces al día.

“Coseché un poco más de 200 kilos de maíz y eso podría acabarse en dos meses si seguimos con las tres comidas habituales al días”, explicó Muchimba, que vive con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) desde 2007, a IPS.

Su familia es una de las más de 133.000 de este país africano de 16 millones de habitantes que padecen por la pérdida de cosechas debido a la sequía y ahora necesitan asistencia alimentaria de emergencia, según el Mapa de Seguridad Alimentaria 2015 de la Unidad de Gestión y Mitigación de Desastres de Zambia.

Aunque la preocupación inmediata de Muchimba es, sin duda, la existencia de alimentos, un problema más sutil en el contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible números 1 y 2 – referidos a la erradicación de la pobreza y del hambre – es la desnutrición.

Muchimba y su hijo de  28 meses necesitan alimentos nutritivos continuamente.

"Tememos que las comunidades rurales afectadas por la sequía no obtengan el equilibrio nutricional adecuado, como consecuencia de la reducción de las comidas, que suele ser su camino más fácil para lidiar en tiempos difíciles": Eneya Phiri.

“Los niños que están desnutridos sufren una serie de consecuencias a corto y largo plazo. Los que nos preocupan seriamente son los efectos a largo plazo: el mal desarrollo cerebral, que conduce al bajo rendimiento en la escuela e incluso a la merma en la productividad futura”, declaró Eustina Besa, de la Comisión Nacional de Alimentación y Nutrición.

Una comida típica en Zambia consiste en la monótona ingesta de alimentos básicos, como el nshima – una papilla hecha de maíz o almidón de yuca -, que suele comerse con verduras al vapor, como hojas de colza o calabaza, y con pollo o carne.

Según la organización HarvestPlus, que integra el Programa sobre la Agricultura para la Nutrición y la Salud (A4NH, en inglés) de CGIAR, un consorcio de centros de investigación dedicado a mejorar la seguridad alimentaria, el maíz – el alimento básico de más de mil millones de personas en África subsahariana y América Latina – carece de micronutrientes esenciales como la vitamina A.

Esta deficiencia común en la dieta de las poblaciones pobres y desnutridas genera retrasos del crecimiento, aumento del riesgo de enfermedades y trastornos reproductivos.

Con estos antecedentes, la familia de Muchimba pertenece a la población mundial que padece el “hambre silenciosa”, la desnutrición que es lo suficientemente grave como para afectar el crecimiento y desarrollo personal.

Estadísticas del Programa Mundial de Alimentos indican que 795 millones habitantes del planeta no tienen alimentos suficientes para llevar una vida sana y activa, y África subsahariana registra el mayor porcentaje de población que pasa hambre. Una de cada cuatro personas africanas padece de malnutrición.

En Zambia, el panorama no es diferente. Según el informe el Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo 2014, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el país africano se ubicó en segundo lugar en desnutrición, con 48,3 por ciento de la población afectada, solo superada por Haití, con 51,8 por ciento.

Sin embargo, con medidas como la campaña Primeros 1000 Días más Críticos, puesta en marcha en 2012, que busca reducir la malnutrición crónica entre los niños menores de cinco años, la encuesta sobre la Salud Demográfica de Zambia 2015 reveló una cierta mejora.

“La encuesta ha revelado que el retraso del crecimiento se redujo de 45 a 40 por ciento”, explicó Eneya Phiri, de la Organización de la Sociedad Civil para Fomentar la Nutrición, en diálogo con IPS.

“La campaña Primeros 1000 Días más Críticos generó un enfoque coordinado de la lucha contra la desnutrición”, señaló.

Pero incluso con esos avances, a muchos les preocupa la frecuencia de los desastres provocados por el clima, como las sequías, que tienen una influencia directa en la existencia de alimentos y en la buena nutrición.

“Todavía nos preocupa que el cambio climático pueda revertir estos avances. Tememos que las comunidades rurales afectadas por la sequía no obtengan el equilibrio nutricional adecuado, como consecuencia de la reducción de las comidas, que suele ser su camino más fácil para lidiar en tiempos difíciles”, dijo Phiri.

Besa destaca que el programa tiene un conjunto de intervenciones prioritarias, conocidas como el paquete mínimo, que pretende sensibilizar acerca de la desnutrición, aumentar la demanda de la nutrición óptima y responsabilizar al gobierno por el tema.

Muchos proponen la adopción de prácticas agrícolas que se adapten al cambio climático,  como la diversificación de cultivos y la plantación de cultivos tolerantes a las sequías, acompañadas de tecnologías que mejoren la nutrición.

Según el Grupo Mundial sobre Agricultura y Sistemas Alimentarios para la Nutrición, un grupo independiente de expertos, las regiones del mundo que sufrirán los impactos más graves del cambio climático son África subsahariana y el sur de Asia.

John Kufor, el expresidente de Ghana y copresidente del Grupo Mundial, cree que los retos de la desnutrición y el cambio climático se fusionan como una oportunidad en la agricultura al integrar la nutrición a las prácticas agrícolas de adaptación al clima.

En este sentido, HarvestPlus utilizó técnicas de mejoramiento de cultivos convencionales para desarrollar cinco variedades de maíz ricos en vitamina A en Zambia.

Las variedades producen mazorcas de maíz de color naranja con cosechas similares a las variedades de maíz blanco híbrido.

“Zambia hizo un gran esfuerzo para tratar la deficiencia de vitamina A. Sin embargo, a pesar de todos estos esfuerzos, todavía tenemos una alta deficiencia… Es por eso que HarvestPlus pensó en un enfoque adicional”, explicó Eliab Simpungwe, gerente de la organización en el país africano.

Traducido por Álvaro Queiruga

 


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