Adolescentes luchan contra el matrimonio precoz en Tanzania

Adolescentes de Shinyanga bailan en el marco del programa de aprendizaje alternativo de la Unesco, que procura dotarlas de capacidades para la vida. Crédito: Kizito Makoye/IPS
Adolescentes de Shinyanga bailan en el marco del programa de aprendizaje alternativo de la Unesco, que procura dotarlas de capacidades para la vida. Crédito: Kizito Makoye/IPS

La adolescente tanzana María tenía apenas 16 años cuando su padre la obligó a abandonar la escuela para casarla con un hombre 20 años mayor, lo que le permitiría a su familia recibir 11 vacas de dote.

“No quería casarme, quería estudiar para ser médica, pero mis sueños parecían hacerse añicos”, contó a IPS. Acongojada, María, ahora de 18 años, le pidió varias veces a su padre que la dejara terminar la escuela, pero él se negó.[pullquote]3[/pullquote]

“Si no quieres casarte, sal de mi casa, me dijo enojado”, recordó la adolescente.

El padre de María, un campesino pobre de la aldea Ngongwa, golpeada por la sequía en la región norteña de Shinyanga, siempre contó con sus hijas para un intercambio económico.

La hermana mayor de María, también obligada a casarse con un hombre polígamo hace cuatro años, murió desangrada en el parto, comentó la joven.

Para evitar el mismo destino que su hermana, María se escapó antes de contraer matrimonio y se fue a casa de una tía en una aldea alejada de la suya y luego tuvo demasiado miedo como para regresar. “No quise pasar por el mismo sufrimiento que mi hermana y decidí huir”, explicó.

Pero cuando apenas había comenzado su nueva vida, se dio cuenta de que estaba embarazada. «Sentía vergüenza, estaba totalmente avergonzada. Lo consideré un gran insulto a mi familia y a mi padre, a pesar de que me estaba obligando a casarme”, confesó.

María mantenía relaciones sexuales con un joven que la llevaba y la traía en bicicleta de la escuela, aun antes de que su padre decidiera casarla con un hombre mayor.

La adolescente dio a luz a un bebé en 2014 y decidió quedarse con su tía, pues aun si hubiera querido regresar a su casa paterna, él no habría aceptado la carga de criar a un nieto nacido fuera del matrimonio.

“Estoy muy feliz de que mi tía me apoyara tanto, asumió una responsabilidad enorme durante mi embarazo”, destacó.

La historia de María refleja la difícil situación de muchas adolescentes escolarizadas en Shinyanga y en toda Tanzania, cuyos sueños se hacen añicos por embarazos precoces.

Este país tiene uno de los mayores números de embarazos adolescentes y nacimientos del mundo; una de cada seis adolescentes de entre 15 y 19 años queda embarazada, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

En Shinyanga, las muchachas que quedan embarazadas antes de casarse suelen soportar el peso del estigma, incluso de sus familiares, explicó Consolata Mabula, trabajadora social de este distrito.

Con el fin de ofrecer a las adolescentes una segunda oportunidad en materia de educación, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) lleva adelante un proyecto para empoderar a las que tuvieron que abandonar la escuela por estar embarazadas y les da la oportunidad de cambiar el curso de sus vidas mediante una capacitación vocacional.

Madres adolescentes con sus hijos participan de una instancia de capacitación para dotarlas de habilidades para la vida tras abandonar la escuela por su embarazo precoz. Crédito: Kizito Makoye/IPS
Madres adolescentes con sus hijos participan de una instancia de capacitación para dotarlas de habilidades para la vida tras abandonar la escuela por su embarazo precoz. Crédito: Kizito Makoye/IPS.

“Estoy feliz de unirme a este grupo, quizá logre mi sueño de convertirme en médica algún día, quién sabe”, se entusiasmó María, tras enterarse del proyecto a través de una amiga.

La iniciativa, llamada “Provisión de oportunidades de aprendizaje alternativo para adolescentes obligadas a abandonar la escuela por embarazo”, comenzó a funcionar en 2011. El proyecto cuenta con el apoyo económico del gobierno de Japón. Hasta ahora, ya se capacitaron 200 niñas en esta región.

La representante de Unesco en Tanzania, Zulmira Rodrigues, comentó que el aprendizaje alternativo es la mejor forma de dotar a las niñas de conocimientos y habilidades para poder sostenerse mientras avanzan hacia la concreción de sus sueños.

“La educación es la única clave para que las jóvenes tomen decisiones informadas sobre sus vidas para mejorar su bienestar socioeconómico”, subrayó.

Según ella, la mayoría de las adolescentes de zonas rurales suelen sucumbir a la violencia sexual y a los embarazos no deseados por falta de información adecuada sobre salud sexual y reproductiva.

Tanzania realizó grandes avances en la incorporación de niñas y niños a la escuela primaria, pero pocas de ellas la completan, en especial en zonas rurales, por embarazos precoces, observó Mabula.

Según Unesco, Shinyanga está entre las regiones con mayor deserción escolar de niñas en la adolescencia por embarazos y matrimonio precoces.

Analistas locales atribuyen el hecho a la falta de un marco legal que disuada a los padres de casar a sus hijas menores de edad, así como a costumbres tradicionales que socavan los derechos de niños, niñas y adolescentes.

“Algunos padres prefieren casar a sus hijas para obtener la dote antes que permitirles terminar la escuela”, explicó Leah Omari, conferencista del Instituto de Trabajo Social de Dar es Salaam.

La Unesco también señaló que los maestros en Shinyanga denunciaron que algunos padres le piden a sus hijas que no rindan bien en la escuela para no terminar su formación y poder casarlas.

Mantener relaciones sexuales con menores es delito en Tanzania, pero algunos padres recurren a esa estrategia para casar a sus hijas, aprovechando una dispensación especial prevista en la ley matrimonial.[related_articles]

Según la norma de 1971, una niña de hasta 15 años puede contraer matrimonio con el consentimiento parental o el visto bueno de la justicia.

Pero los activistas denuncian que una vez casadas, las adolescentes sufren violencia física y sexual, lo que pone en riesgo su salud sexual y reproductiva.

“En muchos casos, las menores de edad sufren complicaciones durante el parto porque sus cuerpos no están preparados”, remarcó Upendo Kashindye, una activista de derechos humanos en Shinyanga.

Zaituni Mkwama es otra niña de Kahama que quedó embarazada en 2013, a los 17 años, y los maestros la expulsaron. “No sabía qué me pasaba”, relató.

El personal docente la interrogó sobre los cambios físicos y de comportamiento que notaron. Cuando el análisis clínico obligatorio que le indicaron confirmó el embarazo, la expulsaron de la institución educativa.

“Me dieron una carta de cese de la escuela. Me sentí muy mal y asustada”, relató Mkwama, quien soñaba con ser abogada.

“La pobreza es un factor clave”, subrayó Eda Sanga, directora ejecutiva de Tamwa, una organización de derechos humanos de Dar es Salaam, capital de Tanzania. “Los padres obligan a sus hijas menores a casarse para no tener que cuidar de ellas ni de sus nietos”, acotó.

“Cuando mi padre se dio cuenta de que estaba embarazada, me llevó a la casa del muchacho que me embarazó y nos obligaron a casarnos”, relató Zena Haruna, de 19 años y residente de Kahama.

Traducido por Verónica Firme

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