Una cuestión de honor para un inmigrante de Nigeria

Migrantes en Lampedusa, Italia. La isla italiana es el primer territorio europeo al que llegan las embarcaciones en su travesía desde África. Crédito: Ilaria Vechi/IPS
Migrantes en Lampedusa, Italia. La isla italiana es el primer territorio europeo al que llegan las embarcaciones en su travesía desde África. Crédito: Ilaria Vechi/IPS

Cuando James llegó a Italia era un estudiante de 25 años. Abandonó la inestabilidad económica y política de su país natal, Nigeria, con la esperanza de construir una vida mejor en otro lugar, dejando atrás a sus padres, siete hermanos y tres hermanas, familiares y amigos.

«En 2005 dejé mi ciudad natal en el este de Nigeria y llegué a Atenas, Grecia junto con mis colegas compañeros, integrantes de un equipo de fútbol. Decidí redoblar la apuesta y me mudé a Italia en busca de lo que creía eran mejores oportunidades para iniciar una nueva vida y conseguir un trabajo digno. Lamentablemente, esto puede haber sido solo una ilusión», se lamenta.[pullquote]3[/pullquote]

Ahora, a los 35 años, el sacrificio de James atestigua las difíciles decisiones que toman la mayoría de los migrantes y refugiados cuando dejan su país. Estas circunstancias se tornan más drásticas cuando padecen las limitadas perspectivas y un profundo sentimiento de rechazo y de falta de aceptación que suelen encontrar al llegar al país de acogida.

El joven nigeriano sobrevivió al principio con la venta callejera de calcetines. Durante seis años también ayudó a los clientes a llevar las bolsas de la compra del supermercado a sus vehículos, algo frecuente en Italia. Con las propinas que recibía se alojó en un diminuto apartamento en los suburbios del norte de Roma. Debió mudarse cuatro veces, siempre compartiendo el espacio con un mínimo de siete inmigrantes o refugiados más.

«El segundo lugar al que me mudé tenía tres dormitorios, dos baños y una sala de estar, que puede sonar acogedor y muy cómodo, ¿verdad? ¿Y si le digo que éramos 15 los que vivíamos allí y que mi cama era un sofá?», precisó James.

«No quiero quejarme. La comunidad nigeriana aquí es muy inclusiva y servicial. Además, las personas de otros países africanos a las que conocí y con las que compartí habitaciones durante estos años resultaron ser verdaderos amigos. Al menos nunca me he sentido solo», afirmó.

Durante su estancia en Italia, James también recibió la ayuda financiera de su hermano, que vive en otro país africano que no quiso revelar.

«Sé que puede sonar extraño, los migrantes envían remesas a casa para ayudar a sus familias, pero en mi caso fue lo contrario. No estoy orgulloso de eso», reconoció. Aunque confía en que algún día podrá devolverle la ayuda a su hermano, James señaló que muchos otros pasan por difíciles circunstancias similares.

En 2013, ocho años después de su llegada, James encontró un trabajo en una tienda de comestibles. Aunque agradece la mejora salarial, señala que el carácter informal del empleo y el salario de 35 euros por una jornada de 10 horas es un motivo de preocupación y no cumple con las normas laborales con respecto al salario mínimo, el horario laboral y la protección social.

«Soy muy consciente de que esta es una violación de los derechos de los trabajadores, pero me veo obligado a aceptar estas condiciones», aseguró.

Tras haber obtenido su permiso de residencia, James espera ahora inscribirse en una agencia de empleo público. No obstante, está algo desilusionado. Muchos amigos no tuvieron suerte en la búsqueda de trabajo mediante este método. Pero, cualesquiera que sean las dificultades, añade que no puede darse por vencido.

Cuando se le preguntó por qué se quedó en Italia todos estos años a pesar de las dificultades que tuvo que soportar, lejos de su familia y amigos, James afirma que su decisión de permanecer es compleja.[related_articles]

«La verdad es que no quiero que la gente de mi comunidad natal, mi familia y amigos se burlen de mí y me consideren un fracaso. Ahora que tengo el permiso de residencia siento que tengo la oportunidad de hacerlo, conseguir un trabajo digno y volver a casa con algo en las manos», concluyó. El motivo para permanecer en Italia está vinculado a la inestabilidad sociopolítica y la violación de los derechos humanos en Nigeria.

Amnistía Internacional denunció la situación del país africano en su informe “La situación de los derechos humanos en el mundo”.

“Las dos partes en el conflicto entre el ejército nigeriano y el grupo armado Boko Haram… cometieron crímenes de derecho internacional y graves violaciones de derechos humanos y abusos. La tortura y otros malos tratos a manos de la policía y las fuerzas de seguridad eran prácticas muy extendidas… La libertad de expresión fue objeto de restricciones. Siguió aplicándose la pena de muerte”, según el informe correspondiente al período 2014-2015.

De acuerdo con estimaciones del Instituto Italiano de Estadística, el arribo de nigerianos a Italia aumentó dramáticamente en los últimos dos años, con 11.000 personas en 2014, o 13 por ciento más que en 2013. Del total, 63,5 por ciento eran solicitantes de asilo y refugiados.

La Unión Europea, así como la comunidad internacional, deben hacer más para asegurar la paz y la seguridad internacionales, gestionar la migración internacional y abordar las causas fundamentales del éxodo masivo de personas de las regiones azotadas por la guerra.

Los países de acogida se enfrentan a numerosos problemas y los gobiernos responsables deben rendir cuentas y abordar las cuestiones que son centrales a la migración en Europa, como los horrores de la trata de personas.

Los gobiernos nacionales deben hacer más para informar a los migrantes sobre qué les espera al llegar a Europa, además de abordar con eficacia la actual crisis humanitaria de los cientos de miles de refugiados que llegan a sus fronteras.

Asimismo, los medios de comunicación y los gobiernos nacionales deben poner fin a las tácticas de miedo, el alarmismo y las diatribas xenofóbicas, y en su lugar, comenzar a promover campañas que se concentren en la integración y la empatía.

Los gobiernos deben formular y aprobar leyes que aseguren que todos  aquellos que se asentaron en sus países de acogida estén amparados por normas relativas al empleo, la igualdad de remuneración, el acceso a la educación y la salud. No es un lujo para los migrantes sino un reclamo legítimo.

Traducido por Álvaro Queiruga

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