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La economía sumergida y sus distorsiones crecen en Cuba

Variados materiales de ferretería que se producen y venden bajo control estatal, se muestran para su reventa en un puesto informal en la entrada de una vivienda en el municipio del Cerro, en La Habana, en Cuba. Un mercado que crece alimentado por la corrupción. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Variados materiales de ferretería que se producen y venden bajo control estatal, se muestran para su reventa en un puesto informal en la entrada de una vivienda en el municipio del Cerro, en La Habana, en Cuba. Un mercado que crece alimentado por la corrupción. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

LA HABANA, 7 jul 2016 (IPS) - En un escenario que se hace común en la capital cubana, revendedores de toda clase de artículos generalmente deficitarios en las tiendas, abordan a las personas en las cercanías o en la misma puerta de los establecimientos formales para hacer sus ofertas, que van desde pañales desechables hasta costosos yacuzzi.

“Tengo juegos de baño desde 280 CUC (unos 314 dólares al canje de la moneda convertible local), bañaderas, duchas, lozas de cerámica, todo de muy buena calidad. ¿Qué busca?”, preguntó una mujer a una potencial clienta antes que terminase de estacionar su vehículo. “Le llevamos el producto a su casa y sin compromiso. Si no le gusta, no hay negocio”, agregó.

Dentro de la ferretería, ubicada en una acomodada zona residencial de La Habana, no había mucho que ver. Dos personas iban de un lado a otro observando la escasa mercancía, mientras una mujer sentada junto a la caja registradora los miraba con cara de aburrida. “No hay” respondió lacónicamente a alguien que buscaba un lavamanos blanco con pedestal.

El economista cubano Esteban Morales comentó a IPS que este mercado subterráneo se nutre de la corrupción en el sector del comercio que él denunció en 2010, lo que le costó ser separado durante varios meses de las filas del gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC).

“Los revendedores aprovechan la escasez y lo que venden proviene del robo en las tiendas estatales”, aseguró.

Cuba es un país de economía centralmente planificada, donde el Estado controla todas las importaciones, así como el comercio interno y externo, si bien como parte del proceso de modernización de su modelo socialista permite el trabajo privado en determinadas áreas productivas y de servicios, como la gastronomía.

En un informe a la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento unicameral), en sesión durante esta primera semana de julio, la contralora general,  Gladys Bejerano, señaló que el análisis de los hechos delictivos reportados en 2015 en “las organizaciones económicas”, muestra que prevalece en algunas administraciones un ambiente de descontrol e impunidad.

Esa situación tiene mayor incidencia en el comercio,  gastronomía y en el sector agroalimentario. En el período analizado, el desvío de recursos y manifestaciones de corrupción administrativa costaron al país 30 millones en CUC (más de 33 millones de dólares)  y más de 100 millones en pesos cubanos.

Un camión transporta tanques para el almacenamiento de agua potable. Estos artículos industriales de grandes dimensiones no escapan a su sustracción en entidades estatales para su venta ilegal en el floreciente mercado negro. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Un camión transporta tanques para el almacenamiento de agua potable. Estos artículos industriales de grandes dimensiones no escapan a su sustracción en entidades estatales para su venta ilegal en el floreciente mercado negro. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Bejerano agregó que la esencia del problema radica en la conducta asumida por parte de quienes se asocian para delinquir o faltar a la ética en beneficio propio y de terceros y las fallas en los sistemas de control interno, así como el abuso en el ejercicio del cargo y en la utilización de facultades por parte de los directivos y funcionarios.

“La bolsa negra (mercado negro) es la expresión visible y diaria de la corrupción, porque detrás de ella está un problema más serio, que es la sustracción de reservas y recursos del Estado, único importador de equipos electrodomésticos, repuestos de automóvil, materiales de construcción, en fin, de todo lo que ofrecen estas personas”, insistió Morales.

En su opinión, esta economía sumergida que aprovecha la escasez para lucrar causa pérdidas millonarias al erario nacional, pero también perjudica moralmente. “La gente que no está involucrada se desalienta, se cansa y dice bueno, si otros lo hacen por qué yo no, que tengo tantas necesidades”, conjeturó el investigador.

Morales consideró insuficientes las inspecciones y los castigos penales, que a veces pasan inadvertidos porque no se publican.  En ocasiones, los revendedores desaparecen de los alrededores de las principales tiendas de La Habana debido a una sorpresiva redada policial. Pero pasado un tiempo, retornan.

Diría que en este momento “de mayor apertura para el ejercicio de la crítica, la prensa debía denunciar e investigar de manera sistemática estos problemas, exponer ante la opinión pública a los culpables, señaló Morales, convencido de que una mayor transparencia informativa ayudaría mucho a enfrentar el comercio clandestino.

Interior del centro comercial Plaza Carlos III, con galerías de tiendas y servicios gastronómicos, en el municipio de Centro Habana, en la capital de Cuba. Este tipo de nuevos negocios, parte gestionados por operadores privados, se ven perjudicados por los revendedores informales operan en el mercado sumergido. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Interior del centro comercial Plaza Carlos III, con galerías de tiendas y servicios gastronómicos, en el municipio de Centro Habana, en la capital de Cuba. Este tipo de nuevos negocios, parte gestionados por operadores privados, se ven perjudicados por los revendedores informales operan en el mercado sumergido. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Isbel Díaz, integrante del colectivo autónomo CUP (Consumidores y Usuarios Protegidos), quien observa el tema desde el punto de vista del consumidor, consideró  a IPS que, entre otras razones, las personas suelen optar por el “comercio informal” en busca de artículos de mejor calidad, como sucede con la ropa, por ejemplo.

“Deben coexistir ambas formas de comercio, siempre que se generen mecanismos de autocontrol, por ejemplo: de la calidad y precios, que tengan un vínculo real con los consumidores, y la sociedad”, opinó. El colectivo CUP es una iniciativa creada el pasado año con la intención de revertir la desprotección de los consumidores.

Con un salario medio equivalente a 23 dólares, una parte de la población cubana de 11,2 millones, busca resolver sus necesidades de alimento, calzado o ropa en el mercado informal, donde en algunos casos los precios son menores que en las tiendas estatales, las únicas permitidas.

El mercado paralelo o subterráneo tuvo su mayor auge en los años 90, tras el inicio de la recesión económica conocida oficialmente como período especial. Con la debacle del campo socialista y la extinción la Unión Soviética, Cuba perdió sus principales abastecedores y la escasez se hizo crítica.

Investigadores consideran, sin embargo,  que la economía sumergida en la isla caribeña se diferencia de la de la mayoría de la región, porque no compite con la formal –en este caso estatal- sobre la base de menores precios, la tendencia mundial, sino que, por el contrario, opera a precios más altos, debido a la falta de oferta del mercado oficial.

El gobierno de Raúl Castro creó la Contraloría General de la República en 2009 con el encargo de elevar el control interno y “el enfrentamiento directo a cualquier manifestación de corrupción”, entre otras funciones. Su autoridad está por sobre los ministerios y despacha directamente con el presidente.

En tanto, estudiosos coinciden en que el movimiento ilegal de mercancías existirá mientras no mejore la economía. Con el fin declarado de aumentar la capacidad adquisitiva del peso cubano, el gobierno rebajó en mayo pasado los precios de algunos productos de primera necesidad en las Tiendas Recaudadoras de Divisa (TRD).

Pero muchas personas consultadas por IPS consideraron insuficiente la medida y se quejaron de que no todas las TRD están bien abastecidas.  La familia cubana intenta, según sus ingresos, completar en esos establecimientos sus necesidades no satisfechas por la cartilla de abastecimiento racionado  que subsidia el Estado.

Editado por Estrella Gutiérrez

 


  • Llamp

    Me llamo Joan Carles Vicens, tengo 54 años, economista y militante de Compromís, coalición de partidos que forma parte de la plataforma electoral Unidos-Podemos del Estado Español. Estos meses de julio y agosto (desde el día 19 de julio hasta el 9 de agosto) mi esposa y yo hemos estado de vacaciones en este país maravilloso y diverso que es Cuba. Hemos disfrutado la mayoría de días en el oriente (Holguín, Baracoa, Santiago…), debo decir que ha habido claros y oscuros, y de estos últimos me gustaría hablar, aunque los claros han sido muchos y mejores. Me gustaría comentar los casos de pequeñas corrupciones y extorsiones de trabajadores públicos que nos han causado poca incidencia sobre lo económico, pero mucha en la parte emocional, me gustaría comentar algunos casos concretos de menor a mayor importancia:

    1.-El miércoles 27 de julio a las 9 horas de la mañana en Baracoa, mi esposa y yo nos dirigimos desde el Hotel la Rusa a la Casa del Cacao para probar el magnífico chocolate de esa zona de Cuba, tomarnos dos tazas de chocolate y compramos 4 tabletas de chocolate negro de 50 gramos, el total a pagar fue de 10 CUC, nos pareció muy caro, pagamos y nos fuimos. Por la noche, fuimos a escuchar música a la Casa de la Trova; por la calle se nos acercó una señora y nos vendió dos tabletas de chocolate negro de 100 gr a 0,50 CUC la tableta, sí, de la misma marca (de la fábrica inaugurada por el Ché Guevara en 1963). Esa misma noche conocimos a una señora con dos niños pequeños (su ex marido se negaba a colaborar con la manutención de los pequeños) que su sueldo mensual ascendía a 370 pesos moneda nacional, es decir, unos 19 $/mes. Mi mujer y yo nos indignamos con lo que nos había pasado en la Casa del Cacao y decidí a la mañana siguiente ir a hablar con el responsable de la Casa (nos habían comentado que el gerente era un miembro destacado del partido en Baracoa).Le explique al gerente lo que nos había sucedido y se quedó amarillo, le advertí que lo haría saber y divulgaría por todos los medios a mi alcance.

    2.-En la estación de autobuses de Cienfuegos, el encargado de carga de maletas extorsiona a los turistas cobrando 1 CUC por maleta. Si se niegan a pagar impide que la maleta/mochila sea cargada. Al subir al autobús hablé con los turistas ingleses, franceses, italianos y un cubano sobre la extorsión. Estaba escrito en la pared de la estación de autobuses de Cienfuegos una cita de José Mújica que decía “ si las personas no cambian, las cosas no cambian”. Me comprometí que al llegar a la estación de autobuses de Viazul en la Habana (al lado del zoológico) presentaría una denuncia. No me consideró ningún héroe, pero no podía ver a estos jóvenes mochileros pensar que ello era inevitable (como mis alumnos en Valencia sobre la corrupción del partido de Rajoy), y menos todavía ver al joven cubano levantar los hombros en signo de resignación. Al llegar a La Habana me dirigí a las oficinas de Viazul, era el domingo día 7 de agosto pasado. La mujer que me atendió me dijo que no estaba el gerente y me preguntó porqué quería hablar con él, se lo expliqué y me dijo que eran unos “frescos” los de Cienfuegos, a lo que le respondí que no sabía yo que en Cuba a los ladrones y extorsionadores les llamaban “frescos”. No pude presentar denuncia y le pregunté por la comisaría de policía más cercana, a lo cual me respondió que no lo sabía. Indignado y con el rabo entre las piernas me marche sabiendo que el lunes compromisos adquiridos hacía 20 días me impedirían volver para presentar la denuncia. Había defraudado a los jóvenes turistas.
    3-En el autobús turístico que realiza excursiones por la Habana (esos de color rojo de dos pisos) solo te dan el ticket si lo solicitas al bajar del autobús y con malas caras por parte del chofer y la señorita encargada de ellos. Bien, soy economista de 54 años con mucha experiencia, tanto en educación como en dirección de empresas, por lo que por deformación profesional me dedique a contar cuantos turistas pedían el ticket al bajar; estos no sobrepasaban el 20%, y durante el recorrido que realizó de dos horas de duración (desde artesanos San José en el puerto) comprobé que más de cien turistas no solicitaban ningún ticket (boleto en Cuba). Multiplicando por 10 CUC que es el precio del viaje sale unos 1000 CUC (dólares) y si efectúa unos cinco al día salen 5000 dólares. Si esta linea hay 4 autobuses y hay tres líneas similares haciendo recorridos alternativos, sale, con las cuentas de la abuela, 60.000 CUC diarios, unos 20 millones de dólares anuales. Sin comentarios. .Además, le comentaba a mi esposa que estos mismos corruptos que roban al resto de cubanos decentes y que provocan las pérdidas de las empresas públicas con su corrupción, serán los que al tener que privatizar estas empresas en un futuro las adquirirán con el botín robado.

    4.-Intentos diversos de empleados de empresas públicas por cobrarte en CUC lo que en realidad eran pesos nacionales.
    Por último, el sector privado, o como los cubanos llaman cuenta propistas. Hay muchos cuenta propistas decentes, en general en el sector de casas de alquiler, pero también abundan, en especial en el sector del taxi, las auras sin plumas, vergonzoso para un país que se dice socialista y que llena de desasosiego y zozobra hasta el infinito a las persona decentes como mi esposa y yo y la mayoría de los cubanos, y en general, a las personas que a lo largo de sus vidas han luchado por los derechos de los trabajadores y desfavorecidos. Nos fuimos de Cuba con una gran desazón y desesperanza, esto último es lo que realmente nos jodió. Me venían a la mente las palabras de un famoso pensador cubano actual que afirma que los flagelos de la humanidad son tres: codicia, ignorancia y pobreza.

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