América Latina mide temperatura al Acuerdo de París en cumbre climática
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América Latina mide temperatura al Acuerdo de París en cumbre climática

En Costa Rica, siete por ciento de la generación eléctrica es ya de fuente eólica, gracias a campos como el de las montañas de La Paz y Casamata, a 50 kilómetros de San José. La descarbonización de las fuentes de energía es un compromiso climático de la mayoría de los países latinoamericanos. Crédito: Diego Arguedas Ortiz/IPS

En Costa Rica, siete por ciento de la generación eléctrica es ya de fuente eólica, gracias a campos como el de las montañas de La Paz y Casamata, a 50 kilómetros de San José. La descarbonización de las fuentes de energía es un compromiso climático de la mayoría de los países latinoamericanos. Crédito: Diego Arguedas Ortiz/IPS

SAN JOSÉ, 4 nov 2016 (IPS) - Con la ratificación y la entrada en vigor del Acuerdo de París todavía frescos, los países latinoamericanos llegan a la cumbre climática de Marrakech en busca de reglas claras que les permitan descarbonizar sus economías y así mitigar el calentamiento global.

Aprobado el 12 de diciembre de 2015 en la 21 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP21), en la capital francesa, el histórico Acuerdo para contener el incremento de la temperatura del planeta, apenas sentó las bases de la arquitectura global y ahora requiere una minuciosa tarea para definir la letra menuda.

Este es un proceso que tardará años, coinciden expertos y negociadores consultados por IPS, pero América Latina puede empujar en tres campos que serán claves para transformar las economías de la región: tecnología, capacidades técnicas y financiamiento.

“Todos esos instrumentos de la cooperación internacional tienen que trabajar diferente a partir de ahora”, dijo la costarricense Andrea Meza, directora de Cambio Climático del Ministerio de Ambiente y Energía.

Entre el 7 y el 18 de noviembre, negociadores de 195 Estados parte se reunirán en la COP22, en la ciudad marroquí de Marrakech, para intentar afinar el proceso pactado para contener el calentamiento global y sus efectos en el clima planetario.

El Acuerdo climático entró en vigor en tiempo récord, este viernes 4 de noviembre, después que el el 5 de octubre completaron el trámite más de la mitad de los países y que aglutinaban más de 55 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Hasta la fecha son 97 las partes que lo ratificaron.

Su texto establece que el aumento global de temperatura se mantenga al menos por debajo de los dos grados centígrados, con respecto a la era preindustiral, y realizar esfuerzos para “limitar el aumento de temperatura a 1,5 grados” en este siglo.

Para hacerlo, cada nación deberá transformar sus economías, hasta ahora dependientes en combustibles fósiles petróleo, gas natural y carbón.

Esta evolución supone preguntas de fondo: ¿cómo se pagarán estos cambios en países de renta baja? ¿Cuáles expertos llegarán a implementarlo en cada país? ¿Quién cobrará las patentes tecnológicas por los nuevos paneles solares y automóviles eléctricos?

En materia de cambio climático, los países de América Latina se encuentran en una posición particular: con economías relativamente estables y solamente un país entre la lista de menos adelantados (Haití), la cooperación internacional para cumplir sus compromisos es necesaria, pero adquiere otro perfil.

Como otras regiones del Sur en desarrollo, los latinoamericanos necesitan apoyo financiero acompañado por otros de los llamados “medios de implementación”, la transferencia de tecnología y la creación de capacidades.

Estos elementos existen en la dinámica internacional, pero necesitar renovarse.

América Latina produce 23 por ciento por ciento de la carne bovina del mundo, pero este boyante sector tiene alta responsabilidad en las emisiones de gases contaminantes de la región.  En la imagen, un pequeño rebaño busca cobijo en torno al único árbol del pastizal, en la pampa argentina. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS

América Latina produce 23 por ciento por ciento de la carne bovina del mundo, pero este boyante sector tiene alta responsabilidad en las emisiones de gases contaminantes de la región. En la imagen, un pequeño rebaño busca cobijo en torno al único árbol del pastizal, en la pampa argentina. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS

“Con la asistencia técnica que tenemos, los países no lograrán tener procesos transformativos”, dijo Meza, negociadora nacional en el proceso de las COP desde 2015.

Costa Rica lidera este año la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe, que agrupa también a Guatemala, Honduras, Panamá, Colombia, Perú, Chile y Uruguay. Meza explicó que en conjunto abogarán por clarificar y avanzar esta agenda.

América Latina enfrenta el doble reto de duplicar su oferta energética hacia el 2050 pero hacerlo con fuentes limpias y sin emisiones de gases de efecto invernadero.

Al mismo tiempo, la región necesita transformar su economía altamente dependiente en actividades intensivas del suelo, como la ganadería y la agricultura a gran escala, que junto con el transporte y la generación eléctrica constituyen las grandes deudas climáticas latinoamericanas.

Un elemento central de esta discusión en la COP22 serán los 100.000 millones de dólares anuales que los países desarrollados prometieron facilitar a las economías del Sur a partir del 2020 y que serán destinados para promover acción contra el cambio climático.

Aunque la promesa fue consolidada hace seis años, en la COP16, celebrada en la ciudad mexicana de Cancún, todavía hay poca claridad sobre cómo se hará realidad.

“Hay una expectativa en Marrakech de que tengamos más señales positivas de cómo el financiamiento climático va a seguir. Por ahora es más de lo mismo”, dijo a IPS la economista brasileña Natalie Unterstell.

La especialista explicó que esas decisiones financieras ayudarán a acelerar la transformación regional. ¿Por qué? Porque cuando plantearon sus contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (INDC, en inglés), una parte importante de los países planteó acciones “condicionales” que solo podrían concretar con apoyo financiero.

No solo eso: algunos países latinoamericanos han visto cambios profundos en su situación política o económica, dijo Unterstell, miembro del Grupo de Financiamiento Climático para América Latina y el Caribe, un colectivo regional de organizaciones de la sociedad civil.

La especialista pone como ejemplo su país y explica que “Brasil está pasando por una crisis económica y fiscal muy importante entonces no hay nuevos recursos”.

La dirección financiera ya fue definida en el Acuerdo de París, que reconoce 100.000 millones anuales en su articulado, pero otra vez faltan los detalles cruciales de cómo convertir el compromiso en realidad.

Lo que emerja de Marruecos podrá incentivar fondos de empresas y de organizaciones internacionales.

“Nosotros tenemos que trabajar mucho con el sector privado y este necesita señales claras para saber dónde invertir”, acotó la especialista brasileña.

Por su potencial renovable y sus condiciones económicas y sociales, la región es ahora atractiva para los inversionistas.

El informe Climatescope del Bloomberg New Energy Finance, publicado en noviembre de 2015, colocó cuatro países latinoamericanos (Brasil, Chile, México y Uruguay) entre los 10 mejores destinos para invertir en energía limpia.

En conjunto, la región recibió 23.000 millones de dólares de capitales en este campo en 2014, según este informe, 49 por ciento más que el año anterior.

“A pesar del desaceleramiento generalizado, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) dijo que la inversión en energía renovable ha sido uno de los sectores más dinámicos en la región”, precisó a IPS el investigador Guy Edwards,  especializado en la región dentro del Centro de Estudios Ambientales de la estadunidense Universidad de Brown.

Existe dinero, entonces, pero no suficiente para lidiar con los impactos del cambio climático, un área más precaria y con altísimas necesidades financieras.

Un informe de la Cepal determinó en 2014 que el cambio climático podría costar entre 1,5 y cinco por ciento del producto interno bruto regional a mediados de siglo.

Para lidiar con ese impacto, dicen los expertos consultados y otros muchos, se necesita no solo dinero, sino asistencia técnica y transferencia de tecnología y en Marruecos se decidirá cómo se distribuye eso.

“América Latina siempre ha tenido un problema que, como no son los más pobres, no están en la primera fila para recibir apoyo”, apuntó Edwards.

Esto podría complicarse aún más en Marruecos.

Los negociadores latinoamericanos vigilan una iniciativa del bloque africano para colocar los países de ese continente en la lista de “más vulnerables”, una iniciativa que les daría prioridad en el acceso a los recursos junto con los pequeños estados insulares y las naciones menos adelantadas.

Editado por Estrella Gutiérrez

 


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