El uso del carbón arraiga la pobreza
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El uso del carbón arraiga la pobreza

Terminal portuaria de la compañía carbonera Prodeco en la ciudad caribeña de Santa Marta. Crédito: Juan Manuel Barrero/IPS.

Terminal portuaria de la compañía carbonera Prodeco en la ciudad caribeña de Santa Marta. Crédito: Juan Manuel Barrero/IPS.

NACIONES UNIDAS, 18 nov 2016 (IPS) - La energía generada a partir del carbón causa más daños a las poblaciones más pobres del mundo que la ayuda que les brinda, aun sin contar los efectos devastadores del cambio climático, subraya un informe publicado por 12 organizaciones de desarrollo internacionales.

A pesar de los compromisos asumidos en al Acuerdo de París sobre el cambio climático, la temperatura global promedio podría elevarse en dos grados si tan solo se construye una tercera parte de las centrales a carbón previstas, concluye el estudio. Además, “si el mundo excede el umbral, las consecuencias serán desastrosas para la lucha global contra la pobreza”, advierte.

“Se estima que una planta de un solo gigavatio causó 26.000 muertes prematuras en Indonesia mientras estuvo operativa”: Ilmi Granoff.

El informe ‘Beyond Coal: Scaling up clean energy to fight poverty’ (“Más allá del carbón: aumentando la energía limpia para luchar contra la pobreza”), fue publicado por el Instituto de Desarrollo Exterior (ODI, en inglés), Cafod, Christian Aid y otras nueve organizaciones antes de la 22 Conferencia de las Partes (COP22) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, realizada del 7 al 18 de este mes en Marrakech.

Ilmi Granoff, uno de los autores del documento, dijo a IPS que el carbón “asienta la pobreza”, en contraposición con el discurso de la industria, que sostiene que los combustibles fósiles contribuyen al crecimiento económico.

Pero reconoció que el cierre de algunas plantas a carbón causó ciertas dificultades económicas, aunque subrayó que la investigación concluyó que, en general, las energías renovables generan “más empleo por unidad”.

“La propia Asociación Mundial del Carbón estima que la industria emplea a siete millones de personas en el mundo”, precisó Granoff, y poco menos de 9,4 millones ya trabajan en la cadena de suministro de energía renovable.

“Es importante reconocer que reducir el uso del carbón tiene un impacto sobre el empleo porque en algunos lugares, las personas dependen de esa industria y requieren de una transición justa”, precisó. “Pero en cuanto a las perspectivas futuras, la energía renovable ofrece mejores oportunidades de empleo: más trabajo y mayor calidad a escala global”, destacó.

Aparte, los argumentos de que el carbón puede ayudar a las personas más pobres a acceder a la energía, no tienen sentido, subrayó Granoff.

El informe también concluye que las fuentes alternativas ya pueden cumplir con las “necesidades específicas de luchar contra la extrema pobreza y la pobreza energética”, observó.

Además, el carbón asienta la pobreza al causar problemas de salud, como asma y ataques cardíacos, indicó.

“Se estima que una planta de un solo gigavatio causó 26.000 muertes prematuras en Indonesia mientras estuvo operativa”, ejemplificó Granoff.

También señaló la importancia de reconocer las consecuencias negativas a largo plazo que tendrá el carbón, en especial para las personas y los países más pobres, pues contribuyen al recalentamiento planetario.

El impacto del cambio climático en los países en desarrollo y en las personas más pobres, ha sido uno de los temas centrales en debates de la Organización de las Naciones Unidas, como la COP22 de Marrakech.

Las naciones en desarrollo arguyen que los países más ricos tiene la responsabilidad de limitar las consecuencias del recalentamiento planetario en los estados más pobres, donde, por otra parte, el impacto será desproporcionadamente mayor, pues la variabilidad climática es impredecible y grave, y eso a pesar de haber contribuido muy poco a las emisiones contaminantes que causan el fenómeno.

Y esa es precisamente una de las razones más importantes para que los países más ricos comiencen el proceso de cerrar las plantas generadoras de energía a carbón, remarcó Granoff.

En general, la tendencia es a la reducción de esa fuente de energía en muchas naciones ricas, pero se mantiene en países como Australia y Estados Unidos.

Y, de hecho, el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, basó su campaña en varias políticas favorables al uso del carbón con el argumento de que la “agenda ambiental radical” de Barack Obama mataba el empleo y dañaba la economía.

Es cierto que muchas de las centrales a carbón están en Asia, en especial en grandes consumidores como China e India, y el cambio climático y la contaminación aérea los obligó a reevaluar su dependencia en esa fuente de energía.

Granoff señaló que el gobierno de China, de hecho, revisa la construcción de algunas de las nuevas plantas a carbón.

Traducido por Verónica Firme

 

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