Alza de la gasolina prende chispa del descontento en México
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Alza de la gasolina prende chispa del descontento en México

Exasperados por el desempeño gubernamental en asuntos económicos y sociales, miles de mexicanos han protestado desde el 1 de enero contra el alza a los combustibles, en movilizaciones que ya dejaron muertos, saqueos y bloqueos viales. Una de las marchas tuvo su epicentro en el simbólico Ángel de la Independencia, en el Paseo de la Reforma, en Ciudad de México. Crédito: Emilio Godoy/IPS

Exasperados por el desempeño gubernamental en asuntos económicos y sociales, miles de mexicanos han protestado desde el 1 de enero contra el alza a los combustibles, en movilizaciones que ya dejaron muertos, saqueos y bloqueos viales. Una de las marchas tuvo su epicentro en el simbólico Ángel de la Independencia, en el Paseo de la Reforma, en Ciudad de México. Crédito: Emilio Godoy/IPS

MÉXICO, 10 ene 2017 (IPS) - “Estamos ‘hasta la madre’ (muy hartos) de tanto saqueo y arbitrariedades del gobierno. No nos merecemos lo que nos hace”, clamó la mexicana Marisela Campos durante una de las tantas manifestaciones en contra de la decisión de aumentar el precio de la gasolina. 

Campos, quien se ocupa de su hogar y del cuidado de sus dos hijos, vino a la capital de México desde la ciudad de Yautepec, a unos 100 kilómetros al sur, para expresarle al gobierno del conservador Enrique Peña Nieto su molestia por sus recientes decisiones económicas.

“Todo va a subir por el ‘gasolinazo’”, como se denomina popularmente el incremento de entre 14 y 20 por ciento del precio de los combustibles desde el 1 de enero, previó Campos, mientras enarbolaba una pancarta en contra de la medida, en una manifestación el lunes 9 que respondió a una iniciativa ciudadana.

“Es un aumento demasiado grande. Es un golpe muy duro, directo y preciso al bolsillo de la gente…va a la tienda y no le alcanza para comprar. Eso le da coraje. Y cuando pide explicaciones, le dicen que en Estados Unidos ha subido y que todos le están subiendo a la gasolina”: Nicolás Domínguez.

La medida desató el larvado descontento social, con decenas de protestas, saqueos de comercios, bloqueos de carreteras y de pasos fronterizos en todo el país, emprendidas por sindicatos, organizaciones de productores, estudiantes y comerciantes.

La subida combinada de los carburantes, la electricidad y el gas doméstico ha hecho estallar un clima ya recalentado por la indignación ante la percepción de crecientes cotas de impunidad, corrupción y desigualdad social.

Las protestas, que no tienen visos de apaciguarse, se han saldado hasta ahora con al menos seis muertos, unos 1.500 detenidos y docenas de negocios asaltados.

“Rechazamos la forma de gobernar de Peña Nieto. Los aumentos de precios y los recortes presupuestarios se vienen viendo desde 2014. Ahora ocurrirá un aumento de la canasta básica y del transporte”, se quejó a IPS durante otra manifestación  Claudia Escobar, residente en el sur de Ciudad de México.

Escobar, madre de tres hijas, decidió sumarse a las protestas por lo que definió como “un descontrol y una descomposición social muy grave”.

En respuesta a la inconformidad social, el gobierno ha argumentado que los aumentos obedecen al incremento desde el último trimestre de 2016 de la cotización internacional del petróleo, y ha insistido en que sin la medida habría que imponer recortes al gasto público que serían más perjudiciales para la población.

Pero el alza tiene más su origen en la eliminación de un subsidio a los combustibles que hasta 2014 consumió al menos 10.000 millones de dólares anuales, así como en la falta de capacidad productiva del consorcio estatal Petróleos Mexicanos (Pemex).

A ello se suma la política recaudatoria del gobierno, donde cerca de 30 por ciento del precio de la gasolina corresponde a impuestos.

Además, las autoridades energéticas buscan hacer atractivo el mercado de los combustibles, porque su liberación integra la reforma energética que entró en vigor en 2014 y que abrió los sectores del petróleo y electricidad al capital privado.

Peña Nieto, quien preside el país desde diciembre de 2012, prometió a los mexicanos que esta reforma energética garantizaría la gasolina barata para el mercado interno.

La extracción petrolera de Pemex viene declinando desde 2011 y en 2016 cayó en 4,54 por ciento, respecto al año anterior.

En noviembre, la producción de crudo se ubicó en 2,16 millones de barriles diarios, el nivel más bajo en tres décadas, por una alegada carencia de recursos para invertir en la modernización de la infraestructura extractiva.

Similar disminución sufrió desde hace dos años la producción de gasolina y diésel, con una caída de 15,38 por ciento entre 2015 y 2016, cuando Pemex refinó 555.200 barriles diarios equivalentes de ambos carburantes.

Eso forzó el aumento de la importación de combustibles, principalmente de Estados Unidos, donde en noviembre se importaron 663.300 barriles diarios equivalentes, 15,88 por ciento más que en el mismo mes del año anterior.

Tradicionalmente, Pemex aportaba 33 por ciento del presupuesto nacional, pero el hundimiento de los precios internacionales desde 2014 y la contracción de su actividad, redujo ese aporte a 20 por ciento, lo que obliga al gobierno a obtener ingresos de otras fuentes.

Para Nicolás Domínguez, académico de la estatal Universidad Autónoma Metropolitana, el gobierno afronta la compleja situación con explicaciones “simplistas e incompletas”.

“Es un aumento demasiado grande. Es un golpe muy duro, directo y preciso al bolsillo de la gente. Lo están sintiendo. La gente no entiende lo de la reforma, porque no lee las leyes, ni las de impuestos”, argumentó a IPS.

Pero la población “sí entiende cuando va a la tienda y no le alcanza para comprar. Eso le da coraje. Y cuando pide explicaciones, le dicen que en Estados Unidos ha subido y que todos le están subiendo a la gasolina”, añadió.

La profecía común de los críticos al gasolinazo es su impacto sobre el coste de la vida, que en los últimos meses de 2016 ya tuvo un impulso descontrolado, para situarse la tasa de inflación en torno a 3, 4 por ciento anual al cierre del año, según datos aún provisionales.

La no gubernamental El Barzón, que aglutina a productores agropecuarios, advierte de la posibilidad de un aumento de hasta 40 por ciento en los productos de primera necesidad durante los próximos meses.

“Es previsible que habrá graves repercusiones en la producción agropecuaria nacional y en el hogar”, planteó a IPS el portavoz de la organización, Uriel Vargas, quien consideró que el impacto del gasolinazo será “un aumento de los niveles de desigualdad, ya de por sí graves”.

Para Vargas, “el gobierno debe actuar para evitar un incremento de precios”.

Según cifras oficiales de 2014, de los 122 millones de habitantes de México, 46 por ciento se encontraban en pobreza, un nivel que se habría incrementado en último bienio, coinciden cientistas sociales.

El gasolinazo pulverizó el incremento del salario mínimo de cuatro por ciento desde este mismo mes, para situarse en el equivalente a 120 dólares mensuales.

Como ha demostrado el Centro de Análisis Multidisciplinario de la estatal Universidad Nacional Autónoma de México, el salario mínimo, que cobran unos seis millones de trabajadores, no satisface las necesidades básicas.

En su “Reporte de Investigación 126. El salario mínimo: un crimen contra el pueblo mexicano”, el Centro concluyó en que ese emolumento ha perdido 11 por ciento de su poder adquisitivo desde que Peña Nieto comenzó su gestión.

El estudio señala que se necesitan tres salarios mínimos para poder comer.

Para añadir sal a la herida, el crecimiento económico mexicano oscilará este año entre 1,5 y dos por ciento y es posible un mayor debilitamiento, según varias proyecciones, por el impacto de las políticas proteccionistas de Donald Trump, quien asumirá la presidencia de Estados Unidos el día 20.

En un intento por bajar la temperatura al descontento, Peña Nieto presentó este lunes 9 el “Acuerdo para el fortalecimiento económico y la protección de la economía familiar”, que incluye un recorte de 10 por ciento a los salarios públicos más altos.

Pero para los observadores, son solo acciones paliativas.

“Lo que el gobierno quiere es calmar los ánimos. Son remedios pequeños y lo que la gente quiere es que baje la gasolina. La pregunta es a dónde quieren llevar a México. Si de lo que se trata es mejorar el bienestar de las familias, no es el mejor camino. Si las protestas crecen, el gobierno tendrá que echarse para atrás”, señaló Domínguez.

Para los ciudadanos, como Campos y Escobar, el punto de partida es anular el aumento de los combustibles.

“Vamos a persistir hasta que se revierta el aumento y haya un cambio”, aseguró Campos, mientras que Escobar añadió que “esperamos que se genera conciencia de que no nos vamos a quedar callados”.

El 4 de febrero se registrará otro ajuste de precios, otra chispa al llano en llamas en que se ha convertido México.

Editado por Estrella Gutiérrez

 


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