Inmigrantes llegan a Marruecos, pero sueñan con Europa
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Inmigrantes llegan a Marruecos, pero sueñan con Europa

Ciudad de Rabat, Marruecos. Crédito: Fabiola Ortiz / IPS

Ciudad de Rabat, Marruecos. Crédito: Fabiola Ortiz / IPS

NADOR, Marruecos, 10 ene 2017 (IPS) - Con una economía estable y un ambiente político en paz, Marruecos – que siempre ha sido un país de tránsito para los migrantes africanos – se está convirtiendo en un nuevo destino potencial para los recién llegados. No obstante, la tierra soñada para la mayoría de quienes cruzan el Sahara sigue siendo Europa.

Apenas 15 kilómetros separan al enclave español de Melilla de la ciudad marroquí de Nador. La ciudad española de 70.000 habitantes se convirtió en un importante punto de cruce para aquellos que buscan asilo en Europa.

"La imagen de vivir en Europa está cambiando y algunos de ellos prefieren quedarse en Marruecos mientras puedan acceder a los derechos. No es un país súper desarrollado, pero tampoco es un país súper pobre”: Miguel Ángel García.

Melilla, junto con Ceuta, son los dos territorios españoles en el continente africano y la única frontera terrestre de la Unión Europea. Precisamente por eso, muchos africanos subsaharianos y un número cada vez mayor de sirios sueñan con llegar a la tierra prometida europea y, así, a una vida mejor.

Ambas ciudades erigieron fronteras fortificadas a medida que aumentaba la presión de los migrantes. Cada año, cientos de subsaharianos – muchos de los indocumentados de Marruecos – intentan cruzar las cercas o emprender el peligroso viaje en barco por el Mediterráneo.

En noviembre, los buques de rescate salvaron a unos 60 inmigrantes que estaban a la deriva no lejos de Melilla. A principios de diciembre, al menos 400 personas rompieron la cerca fronteriza de Ceuta. El 1 de enero, otra oleada de 1.100 inmigrantes africanos intentó atacar la misma valla.

Mohamed Diaradsouba, de 24 años, partió de Costa de Marfil. Viajó casi 5.000 kilómetros de Abiyán a Nador, pasando por Malí y Argelia. Dejó a su esposa ya su hijo de un año con la esperanza de volver un día.

“Donde yo vivía no había empleo, no podía conseguir dinero para sobrevivir. Vine a Marruecos porque quiero cruzar a España. Pero aquí tampoco hay trabajo. Estoy seguro de que encontraré trabajo en España, Francia, Bélgica o Alemania y me ganaré la vida”, dijo a IPS.

Él y un grupo de cuatro compañeros viven de pequeñas donaciones proporcionadas por activistas y la Iglesia Católica en Nador. Los inmigrantes indocumentados no son tolerados por la policía, que con frecuencia realiza redadas callejeras y arresta a aquellos sin documentos.

Cuando IPS habló con Diaradsouba en una fría noche de noviembre, el inmigrante vivía en una comunidad rural llamada Khamis-akdim, a 15 minutos en coche de Nador. Habían transcurrido tres meses desde que él y unas 300 personas de África subsaharianas habían improvisado un campamento en el bosque circundante por temor a entrar en la ciudad.

Campamento donde los inmigrantes subsaharianos viven cerca de Nador, Marruecos. Crédito: Mohamed Diaradsouba

Campamento donde los inmigrantes subsaharianos viven cerca de Nador, Marruecos. Crédito: Mohamed Diaradsouba

“Estamos acampando en el bosque de una colina. La vida aquí no es fácil. Tenemos que caminar todos los días para conseguir agua y comida. Dormimos en tiendas de plástico, así que cuando llueve todo se moja. No traje ninguna maleta conmigo, solo tengo la ropa puesta”, sostuvo, y añadió que otras nacionalidades – como cameruneses, guineanos y malienses – comparten el mismo campamento.

“Le tenemos miedo a los policías, que no saben lo que son los derechos humanos. Es mejor que me queden en el bosque”, razonó Diaradsouba.

El migrante de Costa de Marfil no tenía ningún documento legal, tarjeta de refugiado o certificado de solicitante de asilo. Es uno de los miles de extranjeros indocumentados invisibles en Marruecos, ya que no son reconocidos por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ni por el gobierno marroquí.

“Es difícil obtener un documento o un permiso de residencia. Tendría que viajar a la capital Rabat (10 horas en tren) para hacer una solicitud. Estoy esperando mi suerte, que un día llegará”, expresó.

En noviembre Diaradsouba no tenía idea de cuánto tiempo debería esperar para intentar su travesía a Europa. Todavía no sabía si correría el riesgo de atravesar las cercas de Melilla, se ocultaría en el asiento trasero de un automóvil o iría en barco. “No hay un precio fijo para pagar un barco. Tratamos de reunir (los fondos) entre 30 o 40 personas. Todo dependerá de cuánto dinero tengamos que pagar”, explicó.

Aziz Kattouf, activista de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos confirma que hay cuatro grandes campamentos en el bosque donde los indocumentados armaron sus tiendas de campaña.

Cada dos o tres semanas, la policía realiza redadas en los campos. “Detienen a hombres y a veces a niños, destruyen sus tiendas y toman sus teléfonos. Muchos son enviados por autobús a otras zonas del sur de Marruecos. Pero siempre vuelven”, indicó el activista.

La convivencia con los extranjeros alteró la vida cotidiana de los residentes de Khamis-akdim, pero no se han denunciado casos de maltrato o racismo. De hecho, los agricultores bereberes de la zona manifestaron su solidaridad, según Alwali Abdilhate, un portavoz tamazight.

“Tenemos buenas relaciones con la gente que está acampando. Temprano en la mañana, van a los arroyos o pozos de agua a lavar su ropa y comprar comida en nuestro mercado local. Hay un bar que les permite recargar sus teléfonos celulares”, informó Abdilhate, cuya casa se encuentra justo al lado del camino que los inmigrantes toman para llegar al campamento.

Pocas semanas después de la entrevista inicial, Diaradsouba se comunicó con IPS para decir que había llegado a España en barco entrando por Almería. Tuvo que pagar 2.500 euros por la travesía de 12 horas.

La Organización Internacional para las Migraciones indicó que entre enero y diciembre de 2016 llegaron por mar 8.162 inmigrantes a España, y que 69 personas murieron en el cruce.

La mayoría de los migrantes en Marruecos son hombres de África subsahariana de entre 18 y 59 años, dice Miguel Hernández García, coordinador de un programa de la Asociación Derecho y Justicia, que brinda asistencia jurídica a los refugiados y solicitantes de asilo.

“Algunos están en contacto con miembros de sus comunidades que han llegado a Europa y dicen que las condiciones de vida no son lo que solían ser en el pasado. La imagen de vivir en Europa está cambiando y algunos de ellos prefieren quedarse en Marruecos mientras puedan acceder a los derechos. No es un país superdesarrollado, pero tampoco es un país súper pobre”, dijo García a IPS.

Marruecos se convirtió en el primer país árabe en aplicar una política que ofrece a los inmigrantes indocumentados la posibilidad de obtener la residencia permanente. En 2013, el rey Mohammed VI apoyó la nueva política migratoria tras recibir recomendaciones del Consejo Nacional de Derechos Humanos.

“Marruecos ratificó convenciones internacionales y tuvo que implementar políticas. Quería mostrar una buena imagen al mundo como un país de acogida… Además, también es una cosa buena para la economía”, comentó García.

Más de 90 por ciento de los 27.000 migrantes que solicitaron la residencia en Marruecos fueron documentados tras un año de campaña que convocaba a su regularización.

Traducido por Álvaro Queiruga

 

 


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