Macri promete, una vez más, resucitar la economía argentina
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Macri promete, una vez más, resucitar la economía argentina

La mayor parte de los comercios de Buenos Aires sufre el efecto de la caída del consumo y algunos se han visto obligado a cerrar sus puertas, como este negocio de artículos de cuero del barrio de Villa Crespo, en la capital de Argentina. Crédito: Daniel Gutman/IPS

La mayor parte de los comercios de Buenos Aires sufre el efecto de la caída del consumo y algunos se han visto obligado a cerrar sus puertas, como este negocio de artículos de cuero del barrio de Villa Crespo, en la capital de Argentina. Crédito: Daniel Gutman/IPS

BUENOS AIRES, 23 ene 2017 (IPS) - El presidente Mauricio Macri fue elegido  con la promesa de recuperar el crecimiento económico perdido en Argentina,  pero su primer año fue frustrante en este rubro. Ahora, el gobierno promete resultados positivos en 2017, cuando se enfrentará a la valoración de las urnas en las elecciones legislativas.

“Nosotros creemos que va a ser un muy buen 2017; se van a recoger los frutos de un año de siembra y de trabajo duro, de sinceramiento y de transición de una economía que venía en una situación muy complicada de estancamiento desde hace muchos años”, dijo al comenzar el año Marcos Peña, jefe del Gabinete de Ministros y el más cercano colaborador del mandatario.

“Todos los indicadores más importantes son auspiciosos”, subrayó

Los analistas independientes coinciden en que este año será mejor, aunque son más cautelosos y hacen hincapié en que 2016 fue tan malo que es muy difícil que 2017 no salga beneficiado en la comparación.  Además, apuntan a una serie de problemas estructurales que ponen serios obstáculos al gobierno y que llevará tiempo resolver.

"(Argentina) necesita mucho dinero para financiarse y no puede modificar un esquema impositivo pesado, que obstaculiza la producción y la creación de empleo. Es muy difícil hacer las transformaciones de fondo que son necesarias”: Claudio Zuchovicki.

“O se subestimó la herencia recibida o se sobreestimó la capacidad de cambio. Le pasó al gobierno y nos pasó a la mayoría de los analistas económicos”, explicó a IPS el economista Claudio Zuchovicki.

El gobierno de centro derecha tomó casi todas las medidas económicas que había prometido durante la campaña que lo llevó al poder en diciembre de 2015,  pero 13 meses después los datos muestran que la mayoría de los 43 millones de argentinos vive peor.

La inflación superó 40 por ciento –la mayor en 15 años-, los trabajadores perdieron poder adquisitivo, los comerciantes sufrieron la reducción del mercado interno y la mayor parte de los empresarios añora tiempos mejores.

La economía cerró 2016 con todos los números en negativo y el gobierno, ante la falta   de resultados, apuesta por renovar su oferta de esperanza. Su nuevo mensaje es que durante el primer año se necesitó administrar una medicina amarga para detener el deterioro de una economía enferma y que, ahora sí, el tratamiento hará efecto y llegarán las buenas noticias.

Tras cuatro años de estancamiento y cuando las políticas de la expresidenta Cristina Fernández (2007-2015) daban signos de agotamiento, Macri se presentó como quien pondría nuevamente al país en la senda del crecimiento económico, con el eslogan “Los argentinos podemos vivir mejor”.

La receta del ahora presidente era simple: liberar la economía de controles innecesarios, bajar los impuestos a la producción y crear las condiciones para acceder nuevamente al financiamiento internacional, para que así empresarios y emprendedores desarrollaran su verdadero potencial, el país recibiera millonarias inversiones extranjeras y se generase mayor riqueza en beneficio de toda la sociedad.

Esa oferta convirtió a Macri, después de ocho años de gobernar la ciudad de Buenos Aires, en el primer presidente civil en más de un siglo que no pertenece al peronismo ni al radicalismo, las dos corrientes políticas más populares en la historia del país.

“El mayor problema de la economía Argentina es el déficit de las cuentas públicas, cuya corrección va a llevar muchos años. Como la situación social es grave, el Estado no tiene margen para bajar el gasto público”, analizó Zuchovicki.

“En consecuencia, necesita mucho dinero para  financiarse y no puede modificar un esquema impositivo pesado, que obstaculiza la producción y la creación de empleo. Es muy difícil hacer las transformaciones de fondo que son necesarias”, agregó.

En 2016, el déficit fiscal alcanzó 4,6 por ciento del producto interno bruto (PIB) y este año se pretende reducirlo, aunque sea solo en cuatro décimas, pese a las cruciales elecciones legislativas de medio término, que en octubre renovarán parcialmente las dos cámaras del Congreso.

En los años electorales, los gobiernos locales suelen adoptar políticas económicas expansivas para mejorar sus chances en las urnas, que en este caso esbozarán el escenario de las elecciones presidenciales de 2019 y si Macri tiene opciones de seguir en el poder otro cuatrienio o es más probable el retorno del peronismo.

La situación social, peor

La realidad social quedó al desnudo en septiembre, al revelarse que 32 por ciento de la población, unos 13 millones de personas,  son pobres.

Fue el primer dato oficial sobre la materia en tres años, porque el gobierno de centroizquierda de Fernández había intervenido y prácticamente inutilizado el organismo oficial de estadísticas, en lo que para sus críticos fue un intento por ocultar el deterioro de los indicadores económicos y sociales.

Macri responsabilizó enteramente al gobierno anterior del impactante nivel de pobreza.

Pero un mes antes el respetado Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina  informó que durante los primeros meses de su gobierno, 1,4 millones de personas se sumaron a la lista de pobres, por la aceleración de la tasa de inflación en alimentos y servicios básicos.

“A veces pienso que están empujando a la gente a que salga a robar”, dijo Juan Norberto Flores, quien a sus 54 años sobrevive con las propinas que recibe por cuidar los automóviles a la entrada de un club de tenis en el barrio de Palermo.

Cada día, Flores tarda dos horas en llegar a esta zona próspera de Buenos Aires, desde La Matanza, un municipio que alberga 114 de los 1.134 asentamientos precarios que existen en los suburbios del llamado Gran Buenos Aires, según un relevamiento gubernamental.

“A mí me alcanza porque mis hijos ya son grandes y no los tengo que mantener, pero a la gente del barrio que vive de trabajos ocasionales cada vez gana menos”, contó a IPS.

El universo que describe es el de los trabajadores que están fuera del sistema formal y  que no tienen cobertura de salud ni representación gremial, por lo que ven deteriorarse  sus ingresos a un ritmo mayor que el resto.

Allí se ubican 35 por ciento de los trabajadores, según estima Nicolás Dujovne, flamante ministro de Hacienda en reemplazo de Alfonso Prat-Gay, quien había prometido la reducción de la inflación y la masiva llegada de inversiones extranjeras.

“Los impuestos al trabajo son ridículos: alcanzan 40 por ciento por encima del salario de bolsillo del empleado. Fomentan la informalidad”, dijo Dujovne,  aunque no se sabe cómo hará para bajarlos y así alentar la creación de empleo de calidad, cuando el Estado  necesita cuantiosos recursos.

Los argentinos de mejor poder adquisitivo tampoco pasan por su mejor momento económico.

Marcelo Chiyik, dueño de un restaurante de sushi en Belgrano, uno de los barrios mejor cotizados de Buenos Aires, contó a IPS que el número de clientes se redujo en los últimos dos años de Fernández y no se ha recuperado.

“Pensé que las cosas iban ir a mejor con el cambio de gobierno pero empeoraron. Los clientes son más o menos la misma cantidad, pero perdí contra la inflación porque la situación no nos permitió aumentar los precios de la carta al mismo ritmo que el colegio de mis hijos o el alquiler del garaje donde guardo el auto”, explicó.

El economista Félix Piacentini apuntó en la columna de los datos que pueden darle buenas noticias a la economía argentina en 2017 que el campo pronostica una cosecha récord de granos, principal producto de exportación,  en un país donde el sector agropecuario  aporta 13 por ciento del PIB y 55,8 por ciento de sus ventas externas.

Además, se espera que deje de caer la economía de Brasil, destino de la mitad de las exportaciones industriales locales.

“Independiente de la cuestión política, puede ser que la Argentina crezca en 2017 un 2,5  o 3,0 por ciento. Después de cinco años de no hacerlo sería una excelente noticia”, dijo Piacentini a IPS.

Editado por Estrella Gutiérrez

 


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