Alimentación y agricultura, América Latina y el Caribe, Comercio e inversiones, Destacados, Economía y comercio, Últimas Noticias

El agro argentino busca la mejor cosecha de su historia

Durante la feria agrícola Expoagro, en el mes de marzo en San Nicolás, a 225 kilómetros de Buenos Aires, bancos públicos y privados concedieron créditos para maquinaria agrícola por más de 80 millones de dólares, el doble del año anterior, en un reflejo del aumento delas inversiones en el sector. Crédito: Expoagro

Durante la feria agrícola Expoagro, en el mes de marzo en San Nicolás, a 225 kilómetros de Buenos Aires, bancos públicos y privados concedieron créditos para maquinaria agrícola por más de 80 millones de dólares, el doble del año anterior, en un reflejo del aumento delas inversiones en el sector. Crédito: Expoagro

BUENOS AIRES, 22 mar 2017 (IPS) - Mientras la mayoría de los sectores todavía no logra despegar de varios años de estancamiento, en la economía argentina brilla la actividad agrícola, que según el presidente Mauricio Macri se encamina a tener este año la mayor cosecha de granos de la historia: 130 millones de toneladas.

La mayor parte de los analistas independientes estiman que no serán tan altos como dice el gobierno los números finales, pero sí existe consenso en que las medidas oficiales tomadas durante los 15 meses del actual gobierno fueron tan beneficiosas para los productores que compensaron ampliamente los contratiempos climáticos, que generaron inundaciones en algunas zonas y sequías en otras.

Esas cifras definitivas se conocerán a mediados de año, cuando se hayan levantado las cosechas de soja, trigo y maíz, los tres principales cultivos de este país sudamericano.

“Estamos contentos con el cambio de las reglas de juego, que permiten que los argentinos aprovechemos mejor el clima y el suelo que tenemos. Las regulaciones en el comercio y los altos impuestos habían hecho que los productores cayéramos a regañadientes en la soja, que era lo único rentable”: Pedro Vigneau.

“Los argentinos que trabajan en el campo tienen potencial para ganar lugar en los supermercados del mundo”, dijo Macri el 1 de marzo, en la apertura de las sesiones ordinarias del legislativo Congreso de la Nación.

“La venta de tractores aumentó 25 por ciento en 2016, de cosechadoras, un 54 por ciento, y la de sembradoras 80 por ciento, y estamos teniendo la cosecha histórica más alta de la historia de trigo y una cosecha récord total de 130 millones de toneladas” durante este año,  afirmó entonces.

En su primera semana como presidente, en diciembre de 2015, el centroderechista Macri tomó trascendentes medidas de política económica favorables a los productores agrícolas: eliminó los impuestos a las exportaciones de maíz y trigo, de 20 por ciento y de 23 por ciento, respectivamente, y disminuyó de 35 a 30 por ciento los de la soja.

El maíz y el trigo fueron tradicionalmente los principales cultivos de la Argentina, pero en este siglo se han visto desplazados por la soja, proceso que se desencadenó a partir de 1996, cuando el gobierno del neoliberal Carlos Menem (1989-1999) autorizó la comercialización de las semillas de soja transgénicas, resistentes el herbicida glifosato, que la transnacional estadounidense de biotecnología Monsanto vende como RR-Ready.

Duraante los últimos años, la soja transgénica, gracias a su extraordinaria rentabilidad, no dejó de avanzar y hoy ocupa más de la mitad de la superficie sembrada.

En la última campaña agrícola su área descendió levemente (de 20,2 millones de hectáreas a 19,2) por la eliminación de impuestos a la exportación de maíz y trigo, cuyas superficies crecieron de 4,9 a 5,8 millones de hectáreas y de 3,9 a 4,6, respectivamente, de acuerdo a los números de la Bolsa de Comercio de Rosario, que controla el mercado interno de granos.

La discusión de fondo parece ser cuál es y cuál será el impacto de esta auspiciosa realidad agrícola sobre una economía que tuvo en 2016 un año muy malo, con una caída de 2,3 por ciento, según el instituto oficial de estadísticas, y que en 2017 da muy escasos síntomas de recuperación.

En este país de 2,8 millones de kilómetros cuadrados y tierras muy fértiles, en que viven 43 millones de personas, el sector agropecuario es uno de los puntales de su economía, a la que aporta en torno a 13 por ciento del producto interno bruto, más de la mitad de sus exportaciones y un tercio de su empleo directo e indirecto.

Gustavo López, analista de la consultora Agritrend, dijo a IPS que “yo no tengo dudas que habrá un efecto positivo. Esta cosecha conducirá a una exportación agrícola record, que incluyendo granos y productos industrializados alcanzará los 95 millones de toneladas y generará ingresos por 30.000 millones de dólares”

Según sus previsiones, “las exportaciones agrícolas serán este año entre 35 y  40 por ciento de las exportaciones argentinas totales y significarán ingresos para el Estado de no menos de 5.000 millones de dólares por derechos de exportación”.

López aseguró que “30 por ciento de la población argentina vive directa o indirectamente del campo”.

En sintonía con este dato, pero pesimista en cuanto al efecto en la economía, el economista Aldo Pignanelli, expresidente del Banco Central y referente del opositor Frente Renovador, consideró que “70 por ciento de los argentinos, que vive en centros urbanos, no sentirá el impacto positivo del crecimiento del campo”.

El aumento de la producción del campo argentino era también un objetivo que se había planteado la presidenta Cristina Fernández (2007-2015), quien en septiembre de 2011 presentó un proyecto titulado Plan Estratégico Agroalimentario, a través del cual se proponía llevar la producción agrícola de las 100 millones de toneladas que rondaba en entonces a 150 millones de toneladas, en 2020.

Sin embargo, esa iniciativa –cuya forma de implementación nunca fue bien explicada- languideció en medio de un enfrentamiento político de su gobierno con las principales entidades de productores rurales, comenzado en 2008 y que nunca se superó.

Ese enfrentamiento había comenzado cuando centroizquierdista Fernández, pocos meses después de iniciar su primer mandato, intentó imponer un sistema impositivo móvil a las exportaciones de granos, sujeto a las variaciones de los precios internacionales.

Después de varios meses de huelgas y bloqueos de rutas por parte de los productores, el conflicto se saldó a favor de estos, cuando el Congreso de la Nación rechazó la iniciativa gubernamental, con el inesperado voto decisivo del entonces vicepresidente, Julio Cobos.

Fernández nunca concurría a las inauguraciones de las exposiciones que anualmente realiza en Buenos Aires la Sociedad Rural Argentina, la más tradicional de las entidades de productores agropecuarios, con más de 150 años de historia. Macri, en cambio, fue el año pasado y se llevó un estruendoso aplauso cuando dijo: “Trabajamos para que el campo sienta que se le ha sacado la pata de encima”.

El presidente de la Asociación de Productores en Siembra Directiva, Pedro Vigneau, dijo a IPS que “estamos contentos con el cambio de las reglas de juego, que permiten que los argentinos aprovechemos mejor el clima y el suelo que tenemos. Las regulaciones en el comercio y los altos impuestos habían hecho que los productores cayéramos a regañadientes en la soja, que era lo único rentable”.

“Fíjese que ahora están volviendo el trigo y el maíz. Mejorando las rotaciones, mejoramos el suelo. Nosotros somos los primeros ambientalistas”, agregó.

De todas maneras, según el consultor Sebastián Olivero, de Agro-TECEI, “si bien hay optimismo y mayor inversión en los productores, tampoco veo un clima de euforia”.

“Las razones son que los precios de los ‘commodities (productos básicos)’ a nivel internacional, aunque no son malos, no son excelentes como fueron hace pocos años. Por otro lado, los costos de producción han ido aumentando, igual que para todos los sectores de la economía argentina, mientras se mantiene el atraso cambiario”, afirmó a IPS.

Efectivamente, en el curso del último año el peso, la moneda local, se apreció sensiblemente, ya que el valor del dólar –dato históricamente muy sensible en la Argentina, no solo para los economistas sino para todos- prácticamente no cambió, mientras que durante el mismo periodo hubo una inflación de 40 por ciento.

Entre los datos que muestran el excelente 2016 que tuvo el campo uno de los que más llamó la atención fue que el vehículo más vendido del año en Argentina fue la Toyota Hilux, una camioneta de doble tracción que se utiliza para la actividad agrícola.

Con 31.694 unidades vendidas, superó casi en 2.000 las del vehículo ubicado en el segundo puesto, el Fiat Palio, representante del más popular segmento de los automóviles de tipo turismo y de bajo coste.

Editado por Estrella Gutiérrez

 


Únete a la conversación

X
Lo mejor de la semana

Boletín semanal