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Políticos toman de rehén a Macedonia

Miles de personas se reúnen a diario en el centro de Skopie para apoyar al presidente de Macedonia, Gjorge Ivanov. Crédito: Aleksandra Jolkina/IPS.

Miles de personas se reúnen a diario en el centro de Skopie para apoyar al presidente de Macedonia, Gjorge Ivanov. Crédito: Aleksandra Jolkina/IPS.

SKOPIE, 18 abr 2017 (IPS) - La crisis política se profundiza en Macedonia con el presidente Gjorge Ivanov y su partido trabando la formación de un nuevo gobierno. El Estado corre el riesgo de desintegrarse en medio de un clima de corrupción y nacionalismo.

“Esos políticos se vuelven cada vez más y más nacionalistas”, comentó uno de los clientes de un restaurante de hamburguesas en el barrio de Šutka, en esta capital macedonia, mirando la televisión encendida.

"Seamos abiertos: la disputa con la UE por el nombre es, en parte, la razón de este lío": Aleksander Kržalovski.

El dueño albanés y los empleados siguen el debate parlamentario por la televisión con una mueca de desprecio en el rostro. Afuera se escucha el llamado a la oración. La mayoría de la población de Šutka es musulmana.

Una mujer roma con reflejos rojos en el pelo vende pantalones vaqueros a 10 euros (10,7 dólares) en su puesto del mercado. Un hombre con una barba abundante comousan los salafíes y pantalones anchos usados para rezar ofrece una variedad de productos, desde máscaras faciales e incienso hasta libros del Corán (libro sagrado del Islam), debajo de una sombrilla de una marca de cerveza.

Discursos dilatorios

Las personas que aparecen en la televisión realizan discursos obstruccionistas, como se dice cuando dirigentes políticos impiden la toma de decisiones al no parar de hablar.

La derechista Organización Revolucionaria Macedonia Interior – Partido Democrático para la Unidad Nacional de Macedonia (VMRO-DPNME) no quiere que los socialdemócratas formen gobierno porque eso le daría demasiados derechos a la minoría albanesa.

Esa situación tiene consecuencias desastrosas para este pequeño país de los Balcanes, que hace unos años todavía era una economía prometedora. Desde la disolución de Yugoslavia, no hubo tensiones serias entre la mayoría macedonia ortodoxa, alrededor de 1,5 millones de personas, y la minoría albanesa musulmana, unas 500.000, salvo por los violentos enfrentamientos de 2001.

Pero desde aquellos tiempos, la corrupción aumentó a la vez que la retórica nacionalista. En ese contexto, estalló hace dos años un escándalo del estilo de Watergate.

Documentos del servicio secreto filtrados revelaron que dirigentes del VMRO habían intervenido los teléfonos de unas 20.000 personas con fines dudosos. Las revueltas estallaron en el país hasta que en diciembre de 2016, tras las presiones diplomáticas y las manifestaciones, se convocaron nuevas elecciones.

El VMRO volvió a quedarse con la mayoría de los escaños, pero no lograron formar una coalición de gobierno. Los opositores partidos albaneses acordaron con los socialdemócratas formar su propia coalición, vetada por el presidente Gjorge Ivanov y los parlamentarios con discursos dilatorios.

El argumento que esgrimen es que la nueva coalición quiere aceptar al albanés como lengua oficial y que no pueden permitirlo.

“Estado capturado”

“Anduvo todo bien en Macedonia”, recordó el representante de la Unión Europea (UE), Samuel Žbogar. “Pero en los últimos años hemos sido testigos de una grave recaída. Lo llamamos un ‘Estado capturado’ cuando instituciones independientes como la Justicia son usadas por dirigentes políticos”, explicó.

Durante años, Macedonia se vio tentada a realizar reformas con el fin de integrarse a la UE, pero año tras año Grecia reclamaba que primero debía cambiar su nombre, por temor a reclamos territoriales sobre su propia provincia de Macedonia.

“Hace tiempo que es candidato a ingresar a la UE, pero se vio superado por otros países”, observó una fuente de la representación europea. Es una invitación a que países como Rusia llenen el vacío, aunque por ahora es más de palabra que económico, apuntó.

Falsa mayoría

Miles de personas, la mayoría adultos mayores se reúnen a diario en el centro de Skopie en apoyo al presidente, con banderas rojas y amarillas y entonando cánticos nacionalistas.

“Rechazamos la falsa mayoría de los socialdemócratas y los partidos albaneses”, dijo un joven, vestido con los mismos colores de la bandera y una gorra de 130 años de antigüedad de los rebeldes que se levantaron contra los otomanos. Tiene olor a alcohol, pero tiene una opinión clara.

“Los partidos albaneses están dirigidos por Albania. No podemos dejar que un país vecino decida lo que pasa aquí. Quieren crear una gran Albania y que desaparezca Macedonia. No podemos permitirlo”, explicó.

Eso “no tiene sentido”, opinó, por su parte, el albanés Nasser Selmani, presidente de la Asociación de Periodistas de Macedonia. “Este es mi país, no pertenezco a Albania, pertenezco a este lugar”, subrayó.

Pero otros tienen más para perder si fracasa el Estado, alertó. “Tenemos a Albania, con la cual tenemos buenas relaciones. ¿Pero qué tienen los macedonios? ¿Cree que alguien reconocerá su identidad? Grecia y Bulgaria no lo harán”, observó.

La descomposición del Estado no es un escenario irreal. El estancamiento hace que nadie tome las decisiones necesarias para su funcionamiento. En pocos meses están previstas elecciones locales. De no realizarse, las autoridades también perderán legitimidad.

También vence en junio el mandato del fiscal especial para investigar el escándalo de las escuchas telefónicas. Esa es la verdadera razón por la cual los dirigentes tienen de rehén al país, opinan varios analistas.

“Usan el miedo a los albaneses para sus propios intereses”, opinó Selmani. “Emplean un lenguaje cada vez más nacionalista. La Iglesia Ortodoxa también lo promueve. La catedral de Skopie, incluso, es el lugar de reunión para las protestas diarias”, apuntó.

Conservadores

“Tenemos una separación entre la Iglesia y el Estado”, explicó un joven sacerdote ortodoxo de Skopie que pidió reserva de su identidad. “No convocamos a manifestantes aquí y no los aconsejamos sobre cómo votar. Está prohibido. Pero si me preguntas mi opinión personal, estoy en contra de que el albanés sea lengua oficial”, confesó.

La Iglesia Ortodoxa de Macedonia se separó de la serbia y es conocida por ser una rama muy nacionalista.

“¿Qué pasará si obligan a los funcionarios pública a hablar albanés porque es lengua oficial?”, preguntó. “Sería imposible. Nuestra lengua es el macedonio”, subrayó el sacerdote, quien dijo ser originario de una región sin albaneses.

“Espero que la crisis se resuelva pronto, que podamos vivir en paz entre nosotros otra vez, sin que la política se interponga entre la gente”, respondió al ser consultado por IPS sobre qué espera que pase ahora.

Responsabilidades

“No tiene sentido demonizar a la población más conservadora”, opinó Aleksander Kržalovski, líder del Centro para la Cooperación Internacional de Macedonia, la segunda organización no gubernamental del país.

“Muchas organizaciones de izquierda son muy radicales. No quieren trabajar con fascistas, dicen. En cambio, nosotros creemos en la cooperación. Es necesario acortar la brecha entre diferentes grupos”, añadió.

“Es injusto responsabilizar a los dirigentes de derecha de todo”, observó Kržalovski. “Los socialdemócratas también recurren a una retórica muy polarizada. Y muchos albaneses no respetan los avances que hubo, los derechos adquiridos. Muchos no quieren izar la bandera y cantar el himno nacional. Levantan sospechas”, describió.

“A algunas personas, los albaneses les quemaron sus casas tres veces en 2001. Y ahora ven que tienen una tasa de natalidad tres veces mayor. Es comprensible el temor de la gente”, señaló.

Eso no quiere decir que aceptemos la corrupción, precisó.

“La impunidad debe terminar ahora, eso es muy importante. Pero no culpemos a un partido y seamos abiertos: la disputa con la UE por el nombre es, en parte, la razón de este lío. Vemos cómo se refleja en el menguante apoyo que recibe el bloque en las encuestas; claramente la UE no hizo su trabajo”, añadió.

Traducido por Verónica Firme

 

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